Un grito de vida o muerte desde Venezuela
“¡Nos falta ayuda…!”
El reclamo de los atribulados residentes de La Guaira, pero también de otros puntos de Venezuela, es unánime. El Estado no tiene para emerger hacia la normalidad porque a varios días de los reiterados sismos aún no puede encaminarse hacia la normalidadToda Latinoamérica es un solo escenario de angustia, pero en especial Venezuela, y dentro de este país, la región de La Guaira.
“Los rescatistas no son suficientes. Sacan la gente con uñas y dientes”, según expresó el estudiante Antoan Marín, quien fue claro al sostener: “Nos falta ayuda…, mucha ayuda”.
- Todavía hay mucha gente desaparecida. Los sismos comenzaron el miércoles pasado, con mayor incidencia en La Guaira y otras zonas, entre ellas, la misma ciudad de Caracas. Es más, transcurrieron los días y los movimientos telúricos se reiteraron sin solución de continuidad: el último ocurrió ayer, con grado 4,5. En tanto, el pueblo clama por ayuda, mientras el mundo mira para otro lado.
Desde el exterior llegan aportes, como se ha observado con los arribos de grupos de México, Chile, Suiza y Turquía (casualidad o no, pero son todos países que sufren constantes sismos), pero el mundo está en otra cosa: el Mundial de fútbol, entre ellas, las guerras en Medio Oriente, la que mantienen Rusia y Ucrania, etcétera.
En La Guaira existen pocas probabilidades de sobrevivientes y no son pocos los familiares y amigos que han desaparecido.
Imágenes patéticas
Una de las imágenes más patéticas es la de la madre desnuda que fue removida entre los escombros, mientras el Gobierno expone su lentitud para brindar emergencia.
Por otro lado, tras varias horas, una mujer y su bebé recién nacido, semisepultados bajo los escombros, alcanzaron a escuchar la voz de Dayana Patiño, la madre del menor, quien no pudo amamantar a la criatura.
Venezuela hoy
Y esto es Venezuela hoy: terremoto más colapso económico, una merma da capacidad en los hospitales y servicios en general, con al menos ocho millones de residentes que abandonaron el país.
Mientras tanto, en algunos momentos se escucha una orden: “¡Que nadie se mueva…!”, para poder oír las voces bajo los escombros y mantenerse inestable en una montaña de concreto, hierro y polvo, donde decenas de personas retiran bloques, piedras y vigas con la sola finalidad de encontrar un cadáver o una persona que salvó su vida.
Es lo que pasó en el Residencial Mariola y Maribel, en La Guaira, aunque al edificio solo le quedan cuatro columnas y medio inclinadas.
