En el lapso de una semana
Cuba: aprueban 176 reformas económicas
Para confrontar la profunda crisis que sufre la isla y las exigencias de WashingtonEn una velocidad sin precedentes, el Gobierno de Cuba presentó, respaldó y ratificó el mayor paquete de reformas económicas registrado en la isla en los últimos 15 años. En apenas una semana, el plan fue anunciado por el presidente Miguel Díaz-Canel, apoyado por el Comité Central del Partido Comunista y convertido en ley por la Asamblea Nacional del Poder Popular, en un intento urgente por revertir la parálisis interna y responder a las exigencias de Washington.
Ante el Parlamento, el mandatario aseguró que “es tiempo de cambiar todo lo que tiene que ser cambiado”. “¡Cuba cambia para vivir mejor!”, exclamó.
El programa busca romper con el histórico modelo centralizado y abrir paso a la descentralización. Si bien los analistas debaten si el nuevo rumbo se acercará al modelo de apertura de China y Vietnam o al régimen económico de Rusia, el Ejecutivo cubano defendió las medidas como un paso indispensable para “seguir siendo libres”.
Reformas
El paquete de medidas contempla 176 reformas que impactarán de forma directa en el funcionamiento de la economía cubana a través de la ampliación del rol del sector privado y la apertura del turismo a nuevos actores. Asimismo, se busca fomentar la inversión extranjera directa, apuntando especialmente a cubanos no residentes, y otorgar mayor poder de decisión a municipios y empresas estatales para dinamizar los sectores agrícola, inmobiliario y de comercio exterior.
Otro de los cambios será la eliminación de los subsidios universales a los productos básicos, virando hacia un esquema que asista exclusivamente a personas en situación de vulnerabilidad. Finalmente, el plan intentará corregir las graves distorsiones de un sistema monetario que actualmente convive con dos monedas, tres tipos de cambio oficiales y una tasa informal dominante.
La presión externa
Este giro económico coincide con un escenario de extrema gravedad social. Desde principios de año, la administración estadounidense mantiene un bloqueo petrolero absoluto sobre la isla que ha paralizado los servicios públicos, la sanidad y la educación, provocando apagones históricos donde algunas regiones solo tienen dos horas de luz cada tres días. Esta situación generó un progresivo deterioro en la calidad de vida y motivó inusuales protestas pacíficas en los barrios.
A la crisis energética se suma una desbandada de empresas internacionales debido a las sanciones impuestas por la Casa Blanca a quienes comercien con el Estado cubano. Pese a este panorama, Díaz-Canel rechazó que las reformas sean una concesión a la presión norteamericana y las definió como un ejercicio “soberano” de su país, aunque reiteró la disposición de su Gobierno a entablar un diálogo respetuoso con Washington.
