Elecciones - Primera vuelta
A los 80 años, Lula da Silva buscará hoy su cuarta Presidencia de Brasil
El último sondeo consolida la brecha de cuatro puntos entre los principales candidatos; en ese caso, se definiría con un balotaje el próximo 25 de octubreCuando Luiz Inácio Lula da Silva salió de la sede de la Policía Federal en Curitiba, Brasil, el 8 de noviembre de 2019, cientos de simpatizantes lo esperaban.
Muchos habían estado frente al edificio, de manera intermitente, durante gran parte de los 580 días que pasó tras las rejas, con vigilias para defender su inocencia y exigir su libertad. Gritaban “buenos días”, “buenas tardes” y “buenas noches”.
Lula emergió entonces entre la multitud e hizo lo que mejor ha sabido hacer toda su vida política: dio un discurso.
“No encarcelaron a un hombre”, declaró. “Intentaron matar una idea. Pero no se puede matar una idea”.
Siete años después, Lula vuelve a luchar por demostrar que su movimiento puede sobrevivir pese a una turbulencia sin precedentes. Esta vez, la batalla la da desde el Palacio presidencial. Una derrota supondría la primera vez que Lula pierde una reelección; una victoria lo convertiría en el primer presidente de Brasil elegido para cuatro mandatos y en uno de los pocos presidentes de América Latina en lograrlo democráticamente.
Hoy, los brasileños votarán en la primera vuelta de una contienda que lo enfrenta al senador de derecha Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de prisión por conspirar para revertir el resultado de las elecciones de 2022, que perdió ante Lula.
Con casi 50 años en la política, este es el cuarto y probablemente último mandato de Lula a la Presidencia, que se desarrolla en medio de una profunda polarización, una ola de nuevas investigaciones por corrupción, choques con el Gobierno de Estados Unidos y una derecha resurgente que avanza por América Latina, alentada por el presidente Donald Trump.
Es mucho para que cualquiera lo resista, y más para un hombre de casi 81 años que recientemente enfrentó el cáncer por segunda vez. Pero como una figura cuya trayectoria abarcó la transición de Brasil del régimen militar a la democracia, profundos cambios sociales y económicos y repetidas crisis políticas, Lula domina el arte de la supervivencia.
Una metamorfosis ambulante
Nacido en 1945 en el seno de una familia pobre en el estado rural nororiental de Pernambuco, Lula fue el séptimo de ocho hijos. Con el tiempo, la familia se trasladó al sureste de Brasil en busca de una vida mejor, donde Lula trabajó lustrando zapatos antes de convertirse en metalúrgico en el cinturón industrial de las afueras de San Pablo, cuna de su carrera política.
Fue en esas fábricas donde Lula perdió parte del dedo meñique de la mano izquierda en un accidente laboral en 1964. Con el paso de los años y de la lucha política, esa mano se convertiría en un orgulloso símbolo de su identidad de clase trabajadora. También fue allí donde aprendió a manejar multitudes, tras convertirse en líder sindical en la década de 1970. Orador nato, solía dirigirse a los metalúrgicos en huelga durante los últimos años de la dictadura militar de Brasil, cuando fue detenido durante 31 días bajo la Ley de Seguridad Nacional tras una huelga en 1980.
Un legado controvertido
La capacidad de forjar alianzas improbables ha acompañado a Lula a lo largo de su carrera política. En 2022, eligió a Geraldo Alckmin como su compañero de fórmula, un exlíder del PSDB, de centroderecha, el mayor rival del PT durante gran parte de la década de 2000, que se había postulado y perdido contra Lula en 2006.
“Lo que hace es operar en torno a sí mismo, creando un espacio de convergencia…, en el que pueden operar todo tipo de fuerzas contradictorias”, dijo John French, historiador y profesor de la Universidad de Duke que ha estudiado a Lula y al movimiento obrero brasileño durante décadas. “Le da mucha importancia a mantener las relaciones. No es alguien que corte lazos”.
