JUBILEO DE LOS JÓVENES
León XIV enfrentó su primer test de carisma
El Papa León XIV sorprendió a los fieles en un evento masivo con una nueva faceta en el marco del cierre del Jubileo de los Jóvenes.
El Pontífice presidió una vigilia (foto) y logró conectarse efectivamente gracias a su capacidad de hablar en tres idiomas y crear un ambiente muy espiritual.
A casi tres meses de su elección -el 8 de mayo pasado-, el Papa León XIV enfrentó su primer gran desafío de masas, al protagonizar una vigilia de oración ante un millón de jóvenes de 146 países, megaevento culminante del Jubileo de los Jóvenes, que concluyó durante la víspera con una misa campal en el predio de Tor Vergata, en las afueras de Roma.
Ante un mar de chicos con remeras de diversos colores y banderas, que lo aclamaron, León XIV, que lució más suelto, recordó que “encontramos la felicidad cuando nos donamos a nosotros mismos”.
León desde su papamóvil saludó durante media hora a la multitud enfervorizada, que seguía corriendo a su vehículo, haciendo la señal de “ok” con el pulgar alto, bendiciendo y mostrándose incluso con muy buenos reflejos al atrapar repentinamente una pelotita que alguien le lanzó.
Durante un diálogo, el primer Papa agustino respondió tres preguntas y llamó a los “papa-boys” a buscar la verdad y a seguir a Cristo. “Queridos jóvenes, toda persona desea naturalmente esta vida buena, como los pulmones tienden al aire, ¡pero cuán difícil es encontrarla! Hace siglos, San Agustín captó el profundo deseo de nuestro corazón, aun sin conocer el desarrollo tecnológico de hoy. También él pasó por una juventud tempestuosa; pero no se conformó, no silenció el clamor de su corazón. Agustín buscaba la verdad que no defrauda, la belleza que no pasa. ¿Cómo la encontró? ¿Cómo encontró una amistad sincera, un amor capaz de dar esperanza? Encontrando a quien ya lo estaba buscando, Jesucristo. ¿Cómo construyó su futuro? Siguiéndolo a Él, su amigo desde siempre”, recordó, conectándose con los jóvenes, en una ceremonia marcada por gran espiritualidad.
Para Robert Prevost, primer Papa nacido en Estados Unidos, pero con nacionalidad también peruana, de 69 años y estilo y formas muy diferentes de su predecesor argentino, se trató de lo que algunos observadores definieron su primer “carisma-test”.
Una primera prueba de fuego, que superó con creces debido a dos factores: el primero, en este tipo de grandes eventos de jóvenes, bautizados por algunos como los “Woodstock católicos”, la euforia siempre está, pase lo que pase; segundo, el hecho de que habla diversos idiomas, algo que lo diferenció de su carismático predecesor y que le dio la capacidad de ponerse a traducir, él mismo, de forma espontánea, conceptos clave de su diálogo con los jóvenes, como que: “¡La amistad puede cambiar al mundo, la amistad es el camino para la paz!”.
