Expansión del imperio de Estados Unidos
La sombra de la OTAN sobre Bolivia
La OTAN desplegada en un juego de pinzas sobre Europa del Este y a las puertas de Rusia, no es una presencia testimonial en tierras de Sudamérica. Ya está en la base británica de Mount Pleasant en Malvinas que tiene a Colombia como socio extracontinental desde 2017 y su doctrina ya se utilizó en un adiestramiento de la Fuerza Aérea Boliviana, como lo prueba un documento considerado “ultrasecreto”.
El ejercicio fue denominado Libertad y su objetivo consistió en una “práctica y aplicación de la planificación bajo doctrina y terminología OTAN en Operaciones Aeroespaciales Combinadas” destinado a oficiales superiores de la aviación de guerra.
Bajo el mando de EE.UU.
La formación en los cuarteles de Bolivia continúa bajo parámetros semejantes a los que establecía la Agencia Antinarcóticos de Estados Unidos.
Algunos oficiales que asistieron a este ejercicio teórico en Sucre se han entrenado en Estados Unidos y, posiblemente, en Colombia. Esta nación asociada a la OTAN, sin pertenecer a Europa, es la única de Latinoamérica que obtuvo la aprobación para sumarse a la organización, después de que firmara un acuerdo el expresidente Juan Manuel Santos. En diciembre del año pasado, el ministro de Defensa colombiano, Diego Molano (más a la derecha que el propio expresidente Alvaro Uribe), suscribió un nuevo convenio con el vicesecretario general de la OTAN, el político rumano Mircea Geoana.
Se reforzó así el carácter de socio global del país sudamericano en la alianza atlántica. A ella pertenecen como socios plenos Estados Unidos -en tanto fundado- Canadá y 28 naciones europeas. Varias de las que están más cerca de las fronteras de Rusia son consideradas una amenaza para su seguridad por el gobierno de Vladímir Putin.
Evidencia de la expansión
Si la Organización del Tratado del Atlántico Norte se expandió hacia el este europeo hasta cercar a Rusia, si la Unión Europea influyó con determinación para convalidar el golpe de Estado en Bolivia de 2019 junto a la OEA y Estados Unidos, queda ahora en evidencia la influencia creciente de la OTAN entre el Mar Caribe y el Atlántico Sur, pese a que no son esas las aguas donde nació el 4 de abril de 1949. Tampoco es el continente que le dio sentido a su existencia.
Ya lo anticipó su secretario general, el noruego Jens Stoltenberg, en febrero de 2019, cuando la Guerra Civil en Ucrania iba por su quinto año: “Por supuesto, es una posibilidad considerar la opción de que también otros países de Latinoamérica se conviertan en socios, lo que luego entrega una plataforma, un marco para una estrecha cooperación política y práctica”, confesó. El documento de la Fuerza Aérea Boliviana es un indicio más de esa política expansionista.
