Latinoamérica y el nuevo mando en Estados Unidos
Biden no es Trump, ¿pero acaso algo puede cambiar?
En menos de un mes, Joe Biden (foto) estará al frente del gobierno de Estados Unidos, y en Latinoamérica se preguntan: ¿Cuánto puede llegar a cambiar la política norteamericana hacia la región? ¿Debemos esperar un giro de 360° con respecto a la administración de Donald Trump? ¿O bien serán la prudencia y la moderación las que definan el nuevo rumbo?
Juan Manuel Severo Frers, licenciado en Relaciones Internacionales y Ciencia Política, ofrece su visión sobre lo que vendrá.
Inmigración
En lo que hace a la cuestión migratoria se espera que, a diferencia de Trump -que privilegió un enfoque más securitista-, Biden se decante por aumentar la cooperación regional con el fin de erradicar los males que aquejan al continente y que son la causa principal de la migración latinoamericana, entre ellos, la pobreza, el desempleo y la violencia. Recordemos que como vicepresidente de Barack Obama, articuló un plan de ayuda económica para Centroamérica. Por otro lado, se aguarda con optimismo la potencial implementación de una reforma migratoria que regularice la situación de millones de latinos indocumentados que residen en Estados Unidos.
No obstante, hay que ser cautos y señalar que este nuevo rumbo para nada significa una política de “fronteras abiertas” por parte de Estados Unidos.
Democracia y derechos humanos
En estas cuestiones sensibles de la agenda, la prioridad pasará por los casos de Cuba y Venezuela. En relación a la isla, si bien hoy es otro el contexto para pensar en una normalización total de las relaciones como se intentó en la era Obama, el estilo más dialoguista de Biden hace pensar en que, a partir de ahora, se abrirán canales de comunicación con el fin de buscar una cierta apertura del régimen cubano. En ese sentido, es esperable que se reviertan algunas medidas coercitivas como las limitaciones al turismo y las remesas a la isla.
En cuanto al país caribeño, está claro que el objetivo no cambia: buscar una salida a su crisis. Pero lo que se espera que cambien son las formas de lograrlo. En consecuencia, con seguridad la apuesta pasará por una salida política que desemboque en elecciones, sólo que en lugar de optar por acciones unilaterales (al estilo Trump) se espera una acción conjunta y coordinada con actores de la región y los países europeos.
Tampoco se descarta la posibilidad de que la inclusión de la cuestión de los derechos humanos en la agenda hemisférica de Biden pueda afectar las relaciones con algunos países como México, cuyo Gobierno podría no ver con buenos ojos un cuestionamiento de su actual situación en esta materia.
Medioambiente
La prioridad que Biden propone darle a la agenda medioambiental es otra de las cuestiones que puede condicionar las relaciones con la región, particularmente con Brasil.
Durante la campaña ya hubo un roce entre el demócrata y Jair Bolsonaro, cuando el primero propuso ofrecerle al militar retirado de ultraderecha un fondo internacional de 20 mil millones de dólares para detener la deforestación amazónica, o bien, atenerse a un aumento de las barreras comerciales.
Defensa del libre comercio
En lo que respecta a las relaciones comerciales, con seguridad, Biden buscará profundizarlas.
Así, se espera un retorno a los tratados de libre comercio y al multilateralismo comercial. Pero hay que señalar que tampoco se tratará de una proliferación de acuerdos comerciales como en el pasado.
El factor Trump y una tendencia global al proteccionismo harían más difícil su concreción.
Influencia de China
La creciente influencia y penetración de China en Latinoamérica, hace suponer que, a pesar de un perfil como el de Mauricio Claver-Carone en el BID (una apuesta de Trump), Biden se apoye en este organismo y en la búsqueda de aliados regionales para contrarrestar su avance.
Seguridad y defensa
Por último, en esta materia, Biden ha dado señales de querer llevar adelante una fuerte política antidrogas, que todavía queda por ver cómo piensa implementarla. Por otra parte, si persiste la política de presión para que las Fuerzas Armadas de los países latinoamericanos se inmiscuyan en asuntos de seguridad interior, puede que también se originen algunas tensiones como, por ejemplo, con nuestro país.
Es evidente que el perfil de Biden es muy diferente al de Trump, pero no se puede esperar que Biden sea una reedición de Obama porque el contexto regional e internacional es otro.
Serán tácticas y estilos diferentes, pero, al fin y al cabo, las metas, objetivos e intereses seguirán siendo los mismos. Y esto es así, porque Latinoamérica nunca dejó de tener relevancia estratégica para Estados Unidos, sobre todo desde que alguna vez, hace tiempo, desde Estados Unidos se definió que “América es de los americanos” (dicho en criollo: “América es para los norteamericanos”).
Medidas del Papa para tener las cuentas claras
El Papa Francisco despojó formalmente a la Secretaría de Estado del Vaticano de sus activos financieros y propiedades inmobiliarias luego de su fallida gestión de cientos de millones de euros en donaciones e inversiones que ahora son objeto de una investigación por corrupción. Francisco firmó una nueva ley durante el fin de semana ordenando que se complete la transferencia de todas sus posesiones a otra oficina del Vaticano antes del 4 de febrero. La ley también exige que todas las donaciones al Papa, llamadas Obolo de San Pedro (donaciones de las diócesis y cristianos católicos del mundo entero al Papa, así como otras donaciones que han sido administradas por la Secretaría de Estado), sean retenidas y administradas por la oficina del Tesoro del Vaticano como fondos separados que se contabilizan en el presupuesto consolidado de la Santa Sede.
