Noche de infierno en Francia
Brutal desalojo de inmigrantes ilegales
Fue una noche de violencia y vergüenza contra los migrantes en la Plaza de la República, que representa la unidad nacional y el reclamo, en el corazón de París, donde la Policía desalojó a patadas, con gases lacrimógenos, bastonazos y granadas a 500 migrantes, que no tenían dónde dormir en plena epidemia de COVID.
Los policías rompieron las carpas con los migrantes adentro (foto). Los pateaban, les pegaban trompadas o bastonazos, días después de que el Gobierno decidiera promover una ley donde es ilegal filmar a la Policía en acción.
Los intelectuales y la prensa advirtieron la amenaza a la libertad de expresión que significa no poder filmar a las fuerzas de seguridad cuando reprimen. Si no hubiesen estado, nadie habría testimoniado estas violaciones. Todo en un clima de crispación social en Francia, tras los atentados terroristas y una comunidad musulmana de seis millones de personas que se siente estigmatizada y sospechada.
Los alrededores de la plaza se llenaron de sirenas, gritos, corridas, en medio de la noche, en pleno confinamiento por la pandemia.
Atónitos, miraban diputados, alcaldes, abogados, organismos de derechos humanos que habían sido convocados por Médicos del Mundo y la ONG Utopía 56, a participar en el acto para “visualizar” a los olvidados de la república.
“¡Papeles para todos!, ¡Habitación para todos!”, cantaban los migrantes, la mayoría de ellos sudaneses, afganos y eritreos.
Utopía 56 y Médicos del Mundo decidieron convocarlos a la Plaza de la República para que su “visualización” comenzara a “corporizar una solución habitacional”, mientras esperan su asilo o expulsión del país.
Las imágenes de la brutalidad fueron tan chocantes que el propio ministro del Interior, Gérald Darmabin, integrante del Gobierno ultraderechista encabezado por Emmanuel Macron, exigió un informe policial de lo sucedido.
Ante ello, Utopía 56 denunció “la hipocresía de un hombre (el ministro) ante sus contradicciones”, refiriéndose a “una persecución permanente de los exiliados” por parte del Gobierno. El funcionario que se siente molesto si venden comida “comunitaria” árabe, india, china o de otro origen “señalizada” en el supermercado.
Mientras tanto, los refugiados se defienden. “No somos terroristas ni criminales. Muchos de nosotros somos universitarios, ingenieros, médicos, perseguidos en nuestros países. Sólo pedimos asilo y un techo”, describió Abu, un afgano, médico egresado de la Universidad de Kabul, amenazado por los talibanes.
