Reina de la costanera
Nala
Nala, en swahili (lengua africana), significa reina, leona, regalo. Pues la perra de la que escribiremos hoy es todo eso y más. Un ser mágico, ama y señora del CtalamochitaEl mallinois es una de las cuatro variedades de la raza pastor belga. Se creó en la ciudad de Malinas, que en neerlandés se escribe Mechelen.
Es un can muy fuerte, ágil y muy deportista. Fue originalmente creado como perro de pastoreo que se exige físicamente al máximo. Debido a su ferocidad -cuando es necesaria la expresa, no por sí misma-, y gran inteligencia, es el favorito para ser adiestrado como perro guardián. Por eso es usado en la mayoría de los cuerpos de policías y de seguridad, e incluso en varios ejércitos del mundo.
Está considerado el perro más inteligente del orbe, tras haber dejado atrás al border collie (24 puntos). De un máximo de 39 puntos obtuvo 35, según un estudio publicado en la revista Nature, en el que se evaluaron a más de mil perros de 12 razas distintas. El mallinois hasta hace poco no estaba en los primeros lugares respecto a inteligencia canina. Y ahora está en la cúspide. Lo que significa que es un perro que sigue -creer o reventar- evolucionado.
Más allá de su tamaño y porte, y esa capacidad nata para defender hasta donde sea necesario lo que tiene que cuidar, no es un perro peligroso, pues jamás ataca por atacar. Solo lo hace aquel que está entrenado para tal fin, y cuando se lo indica. En realidad, es un perro que le encanta aprender de todo, y cada día más. Que desea sentirse útil y ocupado. Un perro trabajador de alto rendimiento, pero también, es cariñoso, fiel, dulce y juguetón. Y el amor que prodiga también lo necesita de regreso.
Bueno, pues en Villa María existe una mallinois que muchas vecinas y vecinos de esta ciudad conocen muy bien, sobre todo en la zona de la costanera, y también más allá de sus límites. Su nombre es Nala. Una perra que busca a las otras y los otros para interactuar, jugar y compartir todo el tiempo que sea posible. Y todas ellas y todos ellos la buscan a Nala para el mismo fin.
Nala vive para todos los seres humanos que se cruzan en su camino. Y si los agarra desprevenidos, hará que le tiren un palo -y hasta piedras- al río para tirarse una y otra vez en su búsqueda, sin que jamás -y esto es literal- se canse. Porque ella es el prototipo del mallinois, mostrando todas y cada una de sus características en un mismo punto: su enorme corazón.
Además de su familia, tiene muchas amigas y muchos amigos, a quienes acompaña en sus paseos por la costanera. Incluso puede seguirles si vienen en bicicleta desde el barrio Palermo, cerca del río (su reino), hasta más allá del puente Andino, y de regreso, para seguir viaje hasta el puente Negro, y otra vez regresar a su casa. Lo dicho: Nala es una perra mallinois de alto rendimiento, pero también lo es de alto espíritu, de alta fidelidad, de alta persistencia y de alta pasión por la vida.
Una perra muy familiar
Su papá se llama Mauricio y su mamá Renata, y para ambos Nala es sinónimo de “amistad, libertad, y un poquito de locura hermosa. Sus cuatro patas finitas están llenas de amor, magia y energía”. Cuentan, que es la guardiana familiar todo el año, y funge de guarda costera durante el verano, regalando amor a los niños -su debilidad- con juegos, piruetas, asombros y alegría sinfín.
Para su mamá, Nala “nos recuerda constantemente de qué se trata todo esto, enseñándonos a disfrutar lo simple, a parar la vorágine de la rutina que te lleva puesto, y valorar la riqueza que nos rodea en la belleza de la naturaleza. Nala disfruta del río en cada chapuzón, del sol de la siesta y de ese viento en su cara cuando corre sin parar, saludando a los pájaros, y quizás, asustando a algún pato que nada tranquilo”.
Para ella es “increíble ver la capacidad que tiene de sacar de su loop mental a quien sea que siente en el banco de la esquina, junto al río, y además, como los colores de la tierra, es la perra de los mil nombres: Nala, Amalfi, Orejas, Flaca...”. Dice que aunque está muy obsesionada con pelotas, palos y frisbees, es muy libre y “cada mañana sale y hace su recorrido de visitas: primero va un café del centro, de ahí al trabajo de su papá, luego a casas de parientes y amigos. Y si no hay nadie que la reciba, deja una piedra en la puerta, como avisando que estuvo ahí”.
“Somos muy afortunados de sus brutos abrazos cuando llegamos y nos recibe, o cuando ella llega de sus casi interminables paseos. Agradecemos todos los días que ella nos elija”, expresa su familia.
Para sus familiares y para quienes la conocen (esta redacción da fe), Nala es la mejor compañera de aventuras y paseos, “porque compartir con ella, hace mucho más linda la vida”.
