Otros héroes de Malvinas
Fueron 18 los perros que formaron parte de la Armada Argentina durante la guerra, de los cuales dos cayeron en combate. Un homenaje a los peludos, a poco de cumplirse 40 años de un momento inolvidableLa Sección Perros de Guerra de la Armada Argentina llegó a las Islas Malvinas, durante la guerra por la soberanía argentina en el archipiélago, con la misión de brindar seguridad en Puerto Argentino, detectar infiltraciones del enemigo y alertar sobre posibles sabotajes.
Estaba integrada por 18 sabuesos con sus soldados guías y arribó a Malvinas a bordo del ARA Bahía Buen Suceso el domingo 11 de abril de 1982, al mando del teniente de Fragata infante de Marina, Miguel Alberto Paz, de acuerdo con la información publicada por el sitio oficial de la Marina.
La agrupación había sido creada formalmente en la base naval de Puerto Belgrano, el 5 de abril, tras días después de la recuperación de las islas con base en las prácticas que ya se realizaban con perros entrenados.
Desde su llegada y hasta que fueron al campo de prisioneros finalizado la guerra, la Sección de Perros de Guerra en Malvinas efectuó "tareas de seguridad" y funcionó como "apoyo logístico a las tropas de primera línea".
De esta sección hubo dos canes caídos en combate; en realidad, se los reconoce como desaparecidos en acción y se llamaban Negro y Ñaro.
Los canes tuvieron a su cargo la tarea de patrullaje, seguridad de las instalaciones de la Armada en Puerto Argentino, control de la población civil y de los prisioneros, y la defensa de los puestos de comando.
La lista completa de perros se componía de Volf, Nando, Vogel (último sobreviviente, falleció el 1/12/91), Warner, You, Falu, Keni, Negro (desaparecido en acción), Franky, Nick, Duque, Ñaro (desaparecido en acción), Ranquel, Ñancul, London, Onix, Xuavia (fue servida en Malvinas. Destacada al BIM5 Ec, ayuda a un herido) y Olaf.
Mortero
Juan José Funes, un héroe de Malvinas, supo contar la siguiente historia de Mortero, un “prisionero de guerra”:
“Mortero nos acompañaba en cada una de las salidas hacia las misiones de las Gato y Mancha. Cruzaba el campo minado y las primeras líneas junto a nosotros hasta llegar a una tranquera.
Allí se detenía y quedaba observándonos hasta perdernos de vista. Cuando regresábamos (al término de tres o cinco días) se ponía contento. Mortero, más que un simple perro… un amigo de los soldados. Cuando subió al Norland les orinó la alfombra. Los ingleses lo querían tirar al agua. No lo permitimos. Regresó al continente con nosotros.
¡Increíble. Tengo una anécdota con ese perro!
Yo volví prisionero en el NorlandHoln y gracias a mi inglés chapurreado me pusieron como traductor. Un día, durante el viaje de vuelta al continente, me sacan del camarote (eufemismo para una habitación de 1,5 x 2,5 m, con dos catres) que compartía con tres soldados del Ejército y me explican (los ingleses) que había en la bodega un perro llamado ‘Mortar’ (Mortero), que en un principio se negaron a embarcar, pero que el capitán del buque, ante la insistencia y rechazo vehemente de su ‘perrero’ a abandonarlo, había accedido a hacerlo, pero como humorada le hizo la advertencia de que ‘si el perro mordía a alguien ambos serían arrojados por la borda’. Resulta ser que el animal se negaba a ser alimentado por los ‘gringos’ y por el bien del animal me pidieron que localizara al guía para que lo haga. Pasamos por varios ‘camarotes’ preguntando por él y al hacerlo rápidamente me respondían que no lo conocían o no sabían dónde estaba. Hasta que al preguntar en uno, todos permanecieron en silencio sin decir nada, volví a preguntar y nada, me di cuenta de que algo pasaba, al preguntar por tercera vez, el soldado más alejado y casi oculto tras sus compañeros, atinó a preguntar con voz preocupada ¡¿Mordió a alguien el perro?! jajaja”.
“Cuando estábamos todos sentados en la bodega de carga del buque, ya en Puerto Madryn, esperando ser desembarcados, mientras los guardias se paseaban a nuestro frente armados con sterlings, apareció trotando alegremente ‘Mortair’. Uno de los guardias a mi frente comenzó a llamarlo y al ver a ‘Mortero’ avanzar hacia él con la cabeza gacha y meneando la cola, escuché a mi alrededor murmullos de ‘perro traidor’, ‘vendido’ y cosas por el estilo. Mortero llegó frente al guardia, se sentó sobre sus patas traseras y mirándolo al rostro… le lanzó a los pies una meada interminable. La carcajada que se escuchó como un trueno en todo el buque fue impresionante. Juro por mis hijos que esto fue así y justamente delante de mis ojos. Amo a ese perro”.
