La viajera del final feliz

La perra boxer que viajó a Luján en colectivo y fue traída a Villa María por una proteccionista está en buenas manos. Las acciones de las mujeres que se cruzaron en su camino le dieron un destino mejor

En los últimos tiempos no sobran las historias con finales felices cuando se trata de perros tirados, olvidados y rechazados. Sin embargo, entre tantas que acontecen, la de María Luján, la perra boxer más nombrada esta semana, vale la pena resaltarla.

Diferentes mujeres se cruzaron en su camino y le dieron el capítulo más feliz a una perra que parecía destinada a finales dramáticos.

María Luján disfruta en la quinta con varios hermanos perrunos. “Es muy buena”, aseguró Liliana
María Luján disfruta en la quinta con varios hermanos perrunos. “Es muy buena”, aseguró Liliana

Hoy es la “viajera” porque así lo quiso alguien que decidió subirla a un colectivo interurbano que suele hacer el tramo de Capilla del Monte a Buenos Aires.

El 20 de enero de este año, el animal terminó arriba del micro de la empresa Urquiza, cuyo chofer luego se contradijo por lo sucedido.

Mirtha es una mujer que venía viajando en esa línea desde Villa Carlos Paz y se sorprendió al ver subir a la boxer sola.

La señora viajaba a Luján, su ciudad de origen, y allí decidió bajar también a la perra villamariense para que no sufra más.

Arriba del micro la mujer se había dado cuenta que el animal sufría y buscaba un lugar más acorde a su vida.

El caso se viralizó por las redes sociales y la bronca se manifestó abiertamente para quien o quienes decidieron mandar a la perra a otra ciudad, bien lejos. La querían perdida, olvidada.

Hay quienes sostenían que la boxer era “una víctima más del levantamiento de perros” que, acusan, se hace siempre en la ciudad cuando se aproxima el Festival de Peñas. De hecho, en la Terminal de Omnibus cuentan que esa perra no es de los animales que frecuentan la zona diariamente.

La historia siguió en Luján. Allí Mirtha se contactó con la segunda mujer protagonista en la vida de la boxer. Se trata de Paola, una proteccionista de esa ciudad que intentó buscar a algún responsable, pero terminó llevando al animal a su casa.

Como sucede en estos tipos de rescates, se construye una red de contactos, entre mensajes, llamados y posteos en redes sociales, que sirven mucho para saber qué pasó realmente con un animal perdido.

En otros tiempos, la boxer hubiese quedado desorbitada, a 522 kilómetros del lugar donde se subió al colectivo.

Paola finalmente dio con la tercera mujer que cierra el ciclo: Liliana Alvarez, una conocida amante de los animales que sabe realmente cuidar a los perros viejitos.

“Cada vez que puedo, los adopto para hacer mejor su vida en sus últimos tiempos; son perros que sufrieron mucho y que necesitan una contención”, explica la villamariense, que tiene también una guardería canina.

En una quinta donde antes se encontraba El Potrerito, Liliana tiene cuatro canes suyos y ahora le sumó María Luján (¿hará falta explicar por qué el nombre?).

Fue la propia Paola quien -sin conocer a la gente que la contactaba desde aquí- viajó a Villa María para entregarle la perra a Liliana el pasado lunes, junto con un collar de la Virgen de Luján, bautizado en esa ciudad.

En la quinta donde quedó la perra también llegaron las proteccionistas Silvina Gómez y Mariela Nicola, quienes asumen el rol de madrinas del animal.

“Tal vez la Virgen de Luján ayudó a que todo saliera bien, eso no lo sé, pero les puedo decir amigos que ella es una santa, un ángel, con la mirada llena de andanzas, buena, tranquila y esperando que alguna mano le regale en su cabecita un par de tiernas caricias”, escribió Silvina.

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