También de veteranos

En Estados Unidos son cada vez más los veteranos de guerra que sepultan sus viejas pesadillas gracias a un perro.

Michael Kidd, de 84 años que participó en la Guerra de Corea, tiene una joven perra pastor alemán, Millie, que lo calma cuando “descarrila”.

Harry Stolberg, de 42 años, un exmarino que sirvió en Bosnia, Liberia y Nigeria, tiene un joven labrador que le ayuda a “despertarse”. Y Phil Davanzo, de 31 años, que cargó los cuerpos de militares estadounidenses muertos en una operación de rescate de rehenes en Somalia en 2011, espera que su joven rottweiler sea pronto entrenado para ayudarle cuando sufre ataques de pánico.

Son tres excombatientes del primer Ejército del mundo con tres síntomas diferentes de estrés postraumático (PTSD, por las siglas en inglés) y un remedio común: un perro fiel, entrenado especialmente para ayudarles.

Desde 2014 esta organización -financiada únicamente por donaciones y auspiciantes- entrena perros, muchos de ellos abandonados, para ayudar a los veteranos que padecen de problemas psicológicos.

Más de 100 perros ya fueron entrenados en forma gratuita, con efectos terapéuticos transformadores casi garantizados en sus dueños.

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