Harley le cambió la vida a Juan
Rocío y Maxi, padres de Juan, recibieron el diagnóstico sin saber qué tenían que hacer: trastornos del espectro autista. Estudiaron, indagaron, buscaron ayuda hasta que la perrita Harley llegó a sus vidas. La relación con su mascota permitió que el niño comenzara a disfrutar de las pequeñas cosas: "Fuimos al shopping, viajamos en subte y hasta visitamos un museo", revelaron emocionados
Desde que se conocieron, Harley acompaña a Juan a todos lados y son inseparables compañeros.
"Para nosotros la llegada de Harley lo cambió todo. Es un cambio rotundo. Juan no caminaba, jamás subió a una escalera mecánica o se sentó solo en una mesa de restaurante, todo lo logró gracias a Harley. Nuestra vida es otra. Somos muy felices al ver la evolución de Juan", contó emocionada Rocío, mamá de Juan.
El diagnóstico llegó luego de una batería de evaluaciones que se le hizo cuando el pequeño empezó el jardín de infantes.
Si bien no hay un registro oficial en nuestro país, se estima que hay más de 400 mil personas con TEA, de acuerdo a un informe de la Red de Espectro Autista (REDEA).
En un cumpleaños, charlando con otra mamá, Rocío se enteró de la existencia de Bocalán.
Bocalán Argentina es una organización sin fines de lucro que trabaja en intervenciones asistidas con animales (IAA) y entrenamiento y entrega de perros de asistencia.
El objetivo de las intervenciones asistidas con animales es mejorar la calidad de vida de las personas que participan en ella y su entorno familiar cercano.
Así la perrita se unió a Juan. Harley tiene un peto del que sale un pequeño lazo. Juan camina tomado de él y, a su vez, lleva puesto un cinturón que está enganchado al chaleco de la perra. Si Juan intentara salir corriendo, Harley lo impedirá: se tirará al piso y lo anclará. Lo más lejos que podrá ir Juan será un metro.
"Fue la primera vez que Juan disfrutó caminando, la primera vez que lo hace mirando qué hay alrededor. Antes iba a upa o ante tanto estímulo se me apoyaba en el hombro y se dormía", detalló Maxi, papá del niño.
"Desde que conocimos a Harley fueron 15 días de primeras veces: fuimos al museo, fuimos al shopping, ¡hasta hicimos sesión de fotos!", contó.
Recostada en el piso, entre las sillas del patio de comidas del shopping, Harley esperaba. Maxi y Rocío estaban almorzando con mucha gente alrededor, muchos ruidos y Juan sentado, por primera vez, en una silla que no era la de bebés y sin necesidad de estar mirando el teléfono celular.
