Atado a un problema
Dejar al perro todo el día encadenado es una forma de maltrato animal. Desde la ciudad hay quienes ya empezaron a escrachar a vecinos que llevan adelante esa prácticaLa vieja tradición de algunas familias de dejar a un perro atado a un árbol durante todo el día ya no va más.
Por lo pronto, hay vecinos que empezaron a escrachar a esa gente por considerar que es un maltrato. Y no es para menos.
El animal necesita moverse, tener espacio para correr y sociabilizar. Pero algunos no lo entienden.
En los últimos días crecieron los escraches o denuncias públicas contra quienes mantienen esa acción de dejar al animal sufriendo.
Además de proteccionistas, hasta la propia Protectora de Animales Villa María denunció esta semana el accionar de un vecino de barrio Las Playas.
Con fotos que acompañan el texto, se publicó: “Al parecer las cosas no cambian demasiado, hace años un perro sufría todo tipo de abandono en Salto Grande 200, en barrio Las Playas. El animal vivió dos años así; se realizó la denuncia, se llamó a la Policía y nadie hizo nada, hasta que el Día del Animal alguien logró sacarlo de allí y darle un hogar. Hoy nos informan que casi en el mismo lugar tienen atado y a la intemperie a otro pobre perrito, desesperado bajo el sol”.
Ese perro se puede observar del otro lado del alambrado, aunque hay algunos que no se ven, que están dentro de cuatro paredes de un patio y, como pueden, tratan de hacerse oír con su llanto.
Es en ese sentido que muchos proteccionistas piden denunciar ante la Policía porque, si bien no es delito atar a un perro, sí lo es el maltrato. Y allí habrá que ver en qué condiciones tiene cada uno su perro.
Por qué no
Es tanta la movida que existe al respecto a nivel mundial que hay una web, www.perroatado.com, que se ocupa de “despertar la conciencia colectiva sobre esta forma de crueldad contra los animales”.
“Este tipo de tortura muchas veces pasa desapercibida y es efecto de la pasividad de la sociedad y de una falta de educación en el respeto a los seres vivos”, advierte.
“Los perros atados en pueblos, fábricas, casas... de forma casi permanente es una forma de tortura que no podemos tolerar”, agrega.
Entre otras cosas, proteccionistas señalan que “a mucha gente le parece normal ver a un perro encadenado casi todo el día, normalmente en condiciones lamentables. Esta forma de maltrato apenas ocupa espacio en nuestras conciencias y en los medios de comunicación”.
“Siempre se ha tenido atados a los perros en las casas de los pueblos, en locales, en las fábricas. Su función esencialmente es “avisar”. Y ¿cuál es nuestra función en la vida? ¿Acaso tenemos una función los seres vivos? Ver a un perrito encadenado permanente o casi permanentemente es algo común en los pueblos. Esas personas creen que es su utilidad. En realidad es una tortura, un abuso y un claro maltrato y además, sin tener conciencia de ello”, explican.
Es por ello que expresan: “Como sociedad debemos rechazarlo y tomar conciencia de ello. Hay muchas situaciones de este tipo de las que no nos damos cuenta, simplemente porque quizá nadie nos ha abierto los ojos; los zoológicos son una más y muchas otras, pero si conseguimos tomar conciencia de este abuso concreto tan claro, quizá abramos los ojos a muchas otras causas de injusticia, también con los humanos y aprendamos a respetar más a los más débiles o los que no pueden hablar o defenderse”.
“Para avanzar en derechos humanos, no podemos tolerar que sea legal dar esta vida a una inocente criatura. Pobres animales desdichados que padecen las torturas diarias de vivir permanentemente atados a cadenas. Acaban con desequilibrios psíquicos, tras millones de ladridos e intentos de soltarse”, afirman. Y cierran: “Perros de puerta, perros alarma o como los maltratadores que les dan esa vida penosa quieran llamarlos... Padeciendo una vida llena de sufrimiento hasta que una fría mañana no queda más que un cuerpo rígido e inerte... Este confinamiento de manera permanente en un espacio reducido y sin posibilidad de establecer las relaciones sociales que enriquecen su vida, son un claro caso de crueldad gratuita. Los perros que pasan sus vidas encadenados no tienen suficiente libertad de movimiento, esto les provoca estrés y muchos otros perjuicios para su salud, tanto física como mental. Así pues, ello provoca al animal sufrimiento y angustia injustificadas”.
