Dylan toma el poder
Con la elección de Alberto Fernández como presidente, nace una estrella: su perro, cuya fama reivindica la raza collie, en muchos casos olvidada. Si lo sabrá don Coppari con su Rigoletto en Villa Nueva“El perro es el mejor amigo del hombre”. La vieja y tradicional frase sobresalía en un cartel sobre la bicicleta de Aurelio Coppari, el recordado villanovense que subía a su mascota en el transporte sobre dos ruedas, le colocaba los lentes -como él- y se sumaba a los Carnavales.
El perro se llamaba Rigoletto y era, en su momento, el más famoso de la región.
Sobresalía con su pecho blanco, su hocico prominente y un lomo castaño. Bello, como todos los raza collie.
Pasaron casi 20 años de aquella imagen local hasta que hoy otro collie salta a la fama nacional y es, quizás, el perro más conocido de Argentina.
Se trata de Dylan, la mascota del reciente presidente electo, Alberto Fernández, que necesitaba de paseos diarios por la zona de Puerto Madero, saliendo del departamento de siempre, pero desde diciembre tendrá más espacio cuando se mude a la quinta de Olivos.
Más allá de los gustos personales en lo partidario, queda claro que nunca un perro de un político se hizo tan famoso en el país. De hecho, después de su victoria, Fernández hasta recibió dos billetes de $5.000 con la imagen de su reconocida mascota, que se los entregó un programa de televisión.
A esto se suma lo que, el mismo día de las elecciones, lo más visto a la mañana fue el paseo del electo presidente junto a su perro, que por momentos se le perdió entre tantos periodistas y camarógrafos.
Dylan ya tiene miles de seguidores en las redes sociales y sobre él ya se escribieron cientos de páginas en diarios y revistas y se ocuparon espacios en televisión. Una popularidad que jamás imaginó ni la reina Victoria de Inglaterra, que no se separaba de su collie de pelaje blanco, muy conocido en la época (1837).
Claro que ningún collie es más conocido que el salvador y milagroso Lassie (de los más queridos de Hollywood), incluso por encima de los más votados en el tradicional concurso de razas, Westminster, donde siempre suelen ser favoritos para quedarse con el trono.
La raza es nativa de Escocia, pero creció por todo Reino Unido durante 1877, habiendo cada vez más exhibiciones, hasta que en 1886 se fundó el Collie Club of América, que todavía existe y es probablemente uno de los clubes de raza más antiguos del mundo.
Los collie son hermosos por donde se los mire. Fáciles de entrenar (por su inteligencia y ganas de complacer), son dulces y buena compañía para la familia y otros perros.
Son además muy leales y fieles, aunque desconfían de los extraños si no les caen bien.
Le encanta que se le encargue vigilar a los niños. Además, con los bebés se deja tratar como un peluche, y un bebé puede aprender a caminar si se agarra a su pelo. Este perro será cuidadoso en evitar que se caiga. Además, evitará que el bebé se vaya con desconocidos.
No es un perro miedoso o tímido, en caso de peligro defiende a la familia y es capaz de permanecer toda una noche alerta, para abalanzarse al menor ruido. Cada vez que los miembros de la familia discuten, se interpone.
También es gruñón. Ante una reprimenda a veces puede mostrarse susceptible y apartarse en un rincón para refunfuñar. Pero si el dueño se acerca a buscarlo no es nada rencoroso: saltará a sus brazos.
En Villa María y la zona muchos prescindieron del collie porque prefieren los de pelo corto.
Los amantes de esa raza ahora dicen que Dylan la reivindica como antes lo hacía Rigoletto, arriba de la bici de don Coppari.
