Boxeo - 45° aniversario

Cuando el Luna se llenó de magia

Un día como hoy, el 12 de septiembre de 1981, Gustavo Ballas se consagraba campeón mundial Gallo Juniors (AMB), en una página gloriosa del pugilismo argentino
sábado, 12 de septiembre de 2026 · 09:36

Hay noches que quedan grabadas a fuego en la memoria colectiva de una ciudad y de todo un país. La del sábado 12 de septiembre de 1981 es, sin dudas, una de las páginas más gloriosas e imborrables del deporte villamariense. Aquella jornada histórica en el Luna Park de Buenos Aires, el pibe nacido el 10 de febrero de 1958 en una casa de la calle 9 de Julio de barrio Rivadavia tocaba el cielo con las manos: Gustavo Ballas se consagraba primer campeón mundial de la categoría Gallo Juniors (AMB) tras derrotar al surcoreano Suk Chul Bae por nocaut técnico en el octavo asalto.

Con 23 años y una foja invicta de 52 triunfos y 1 empate, Ballas llegaba a la pelea decisiva ocupando el primer lugar del ranking mundial. Había iniciado su camino amateur en Villa María en marzo de 1975 bajo la mirada de Alcides Rivera (27 combates, 23 victorias, 3 empates y 1 derrota), para luego emigrar en 1976 al emblemático Mocoroa Boxing Club de Mendoza. Allí, bajo la tutela de Francisco “Paco” Bermúdez -el mítico maestro de Nicolino Locche-, debutó como profesional el 27 de abril de 1977, conquistó el título mendocino ante Héctor Barreto en 1978 y desembarcó ese mismo año en el Luna Park frente a José Ibiris, cautivando al “paladar negro” porteño.

Este fue el programa que entregó el Luna Park a los asistentes de aquella noche. Una revista de 24 páginas, con datos de la velada, historia de ambos púgiles y referencias históricas del boxeo argentino

El camino hacia la corona se aceleró en 1980 cuando la AMB imitó al CMB y creó la división Supermosca o Gallo Juniors. En las eliminatorias, el villamariense brindó una lección de boxeo inolvidable el 9 de mayo de 1981 ante 16.149 espectadores, cuando venció por nocaut técnico a los 2 m 11 s del undécimo round al japonés Ryoetsu Jackal Maruyama. Por su parte, Suk Chul Bae (21 años, segundo en el ranking, 14 victorias, 1 derrota y 2 empates) se clasificó tras vencer por puntos a Rafael Pedroza en Seúl.

La velada del 12 de septiembre, organizada por Tito Lectoure, tuvo además una marcada impronta nacional con los triunfos de Ramón Balbino Soria, Miguel Ángel Pereyra (oriundo de Morrison) y del villamariense Hugo Sergio Quartapelle. En el pesaje, Ballas marcó 51,300 kg y Suk Chul Bae registró 52,160 kg para un combate pactado a 15 asaltos.

En el ring, Ballas ejecutó a la perfección el plan ideado por Bermúdez: esperar, esquivar, contragolpear y aniquilar emocionalmente a su rival. A pesar de que Suk Chul Bae salió a presionar desde el inicio, la figura movediza de Ballas lo dejó por momentos al borde del ridículo. Sin embargo, en medio del despliegue táctico, un dolor intenso en la mano derecha de Mandrake (como lo llamaban al villamariense) empezó a condicionar el desarrollo del combate.

En el rincón, durante el sexto descanso, se gestó un diálogo que pasaría a la posteridad. Ante las persistentes quejas del boxeador por el dolor insoportable, el veterano maestro Don Paco lo agarró firmemente de los brazos, lo miró a los ojos en medio de un estadio hirviente y le espetó: “A ver. Dígame ¿qué dolor tiene el dolor? ¡No sea cagón, carajo, lo está viendo el país, lo está viendo Villa María!”. Esas palabras le calaron profundo; la evocación de su ciudad hizo que el púgil olvidase la dolencia y volviera al combate.

El desenlace llegó a los 2 m 38 s del octavo round. Tras dos certeros uppercuts ascendentes de izquierda propinados por Ballas, el árbitro venezolano Jesús Cellis convocó al médico de turno, el doctor Rubén Amoia, quien dictaminó que el coreano no podía continuar.

Las tarjetas al momento de la suspensión marcaban un dominio abrumador para Ballas: Jesús Cellis (árbitro y jurado): 70-63; Luis J. Rodríguez: 70-63 y Luis Sulbarán: 70-64

Con los brazos en alto, abrazado por Sergio Quartapelle y luego con Paco Bermúdez, Ballas rompía récords: se convertía en el primer campeón de la categoría Gallo Juniors AMB, el primer argentino en lograr un título mundial de manera invicta, el undécimo del historial nacional y el segundo en coronarse en el Luna Park (después de Víctor Galíndez en 1974, curiosamente con el mismo árbitro). Tres días después, su regreso a Villa María desató una de las caravanas más multitudinarias que recuerde la ciudad, paseando a su héroe en la autobomba de los Bomberos Voluntarios.

La carrera profesional de Ballas se cerraría el 14 de septiembre de 1990 -Día del Boxeador argentino- con una notable foja de 120 peleas, 105 victorias (31 por nocaut), 6 empates y 9 derrotas, ostentando también los cinturones Argentino, Sudamericano y Latinoamericano.

Más allá de los vaivenes que enfrentó debajo del cuadrilátero, la historia reservaba para Gustavo su triunfo más valioso en la madurez de su vida: terminar la escuela primaria antes de cumplir los 60 años y desempeñarse día a día como psicoterapeuta para ayudar a jóvenes en la recuperación de adicciones. A 45 años de aquella noche mágica frente a Suk Chul Bae, el gran campeón villamariense siguió demostrando que mantuvo los guantes puestos para dar la pelea más importante de todas.

 

Encuentro y homenaje

Esta noche habrá un encuentro y homenaje a Gustavo Ballas, en este nuevo aniversario de su consagración mundial. La misma se realizará en la confitería de Rivadavia y Tucumán, desde las 20.

Del evento, participarán distintas personas vinculadas a la trayectoria deportiva del villamariense, entre ellas exboxeadores, amigos, conocidos y periodistas. 

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