Museo Provincial del Deporte

Donde se unen la pasión y la historia

El espacio se creó en 2018 y guarda decenas de objetos como camisetas, medallas, trofeos, fotos y otros elementos. Su director, el periodista Gustavo Farías dialogó con elDiario

El Museo Provincial del Deporte se presentó el 30 de agosto de 2018. Desde ese día, la rica historia del deporte de Córdoba encontró su espacio donde se pueden observar copas, medallas, camisetas, fotos y distintos objetos que recuerdan a deportistas, dirigentes, logros, una final o un partido que quedó marcado en la historia de nuestro deporte.

En definitiva, el museo nació con el gran objetivo de reflejar, preservar y compartir la nutrida historia del deporte cordobés. El mismo está ubicado en la planta baja del Estadio Mario Kempes, donde se exhiben más de 200 piezas originales (algunas de ellas se van rotando). Cada una de las piezas es una historia para descubrir. Su creación surgió a partir de la inquietud e idea del periodista Gustavo Farías, que actualmente es el director del museo. De reconocida trayectoria, exquisita pluma y frondoso archivo gráfico suele rememorar distintas historias del deporte cordobés en el medio gráfico para el que trabaja en Córdoba.

Fue él mismo que insistió durante casi dos décadas, golpeando puertas, presentando la carpeta con una idea: “Reflejar la historia del deporte cordobés en un museo”. Muchos lo escucharon, pero solo uno se comprometió a concretarlo: Medardo Ligorria, exbasquetbolista y expresidente de la Agencia Córdoba Deportes. El director del museo y periodista mantuvo un diálogo con elDiario contando detalles de su creación y cómo pudo conseguir cada uno de los objetos que se exhiben.

-Acá uno se encuentra con vivencias deportivas que vivió de chico o grande. Todas están exhibidas en este museo, todo esto es fruto de tu recopilación y esfuerzo, y está reconocida con tu nombramiento como director de este museo. ¿Cómo surgió todo esto?

-Lo que mencionás me encanta y me emociona, porque cuando presenté el proyecto para armar este museo, utilicé las mismas palabras que usaste vos: vivencias. Yo quería que, a través de este museo, el que lo visite, se vaya con una vivencia y que por mucho tiempo, diga te acordás cuando pasamos por el museo de Córdoba y vimos la camiseta de Holanda, de la final del Mundial 78, o vimos la medalla de Georgina Bardach o la camiseta del Pichi Campana o la vestimenta de Rocío Comba… Tenemos tantos deportistas en esta Córdoba cuna de campeones, para dar sustento a eso.

-¿Cómo se pudo concretar?

-Llevó 17 años de peregrinar, con una carpetita debajo del brazo, hasta que un día Menardo Ligorria, que era presidente de la Agencia Córdoba Deportes, me dijo que sí; e hizo las cosas para que se hiciera el museo. A lo largo de esos 17 años, todos me dijeron que sí. Me decían “qué bárbaro” o “qué idea”, “sí lo vamos a hacer”, pero nadie movía más que el deseo de vamos a hacerlo. Menardo Ligorria sí se comprometió y gracias a él pudimos hacer este museo.

-En tu tarea periodística siempre has sido un buscador de historias.

-Siempre me sentí un afortunado cuando hacía estas notas con los viejos deportistas y tenía la posibilidad de ver las camisetas que yo había visto por televisión, muchas de ellas en blanco y negro, tenerlas en mis manos. Al ver esas cosas, siempre comentaba lo mismo con cada deportista: esto tiene que estar en un museo. En una de las entrevistas que hice, un día haciendo esta catarsis de que debe estar en un museo, uno de los hijos de uno de esos grandes deportistas Valerio Vallania (atleta cordobés que participó de los Juegos Olímpicos de 1928), dijo: “Si hubiese un museo yo los doy”. Entonces ahí me dije, tengo que cargar esta mochila y ver si es posible que Córdoba tenga su museo.

-Todos estos objetos que los deportistas guardan como tesoros propios, a veces en un ropero o un cajón. ¿Cómo se logra la confianza para ofrecerlo y exhibirlos en el museo?

-Yo sabía que pedirle estos trofeos, medalla o camiseta a un deportista era muy difícil, es como pedirle a alguien que te done un riñón. Es muy difícil que aquel que vivió sus momentos de gloria con esa camiseta, ese trofeo te lo dé. Sabiendo esta historia, lo primero que hice fue decir que no hay que quitarle las cosas, hay que pedírsela prestadas; que sigan siendo de su propiedad, pero en lugar de estar en un cajón, que pueda estar en el museo, que la gente pueda verlo, y si el día de mañana se lo quiere llevar… lo puede dejar en comodato, con la firma del responsable de la Agencia Córdoba Deportes de turno, está el gobierno provincial detrás de esto, no estoy yo, Gustavo Farías detrás de esto.

-A muchos no debe haber sido fácil convencer.

-Muchos de ellos, su primera respuesta fue que no lo darían. Pero uno les decía, no me lo tenés que dar, me lo tenés que prestar para que lo vean todos, no solo tu familia. El día de mañana, el nieto, el bisnieto, lo quiere retirar y se lo lleva. El 90% de lo que se muestra en el museo sigue siendo de sus dueños. Son poquitos los que nos dieron o regalaron sus cosas. Siguen siendo de los mismos deportistas. Afortunadamente, llevamos varios años y nadie se arrepintió y dijo: “Ahora me lo llevo a mi casa”. También son poquitos los que por algún compromiso la vendieron.

-Si tuviera que nombrar cinco o diez objetos o tesoros destacados del museo. ¿A cuál mencionas?

-Si tuviera cinco hijos y me preguntas a cuál quiero más me pondrías en un problema. La verdad que hay un listado. Me emociona mucho ver la camiseta de Holanda del Mundial 1978, de Wilhelmus Jansen, que se la cambió a Miguel Ángel Oviedo al final del partido el famoso 25 de junio de 1978. Miguel la guardó, está impecable, parece que no hubiera sido usada. La tenemos acá. Oviedo entendió que si está en su casa solo la ve él. Acá la ve todo el mundo. Es la más fotografiada de todas. Hay otras dos camisetas cuando Maradona jugaba en el Napoli, una con el Nº 16 que usó un día que fue al banco de suplentes y terminó dando vuelta un partido contra la Fiorentina. La foto de Miguel Dellavalle, el primer cordobés convocado a la selección argentina, autografiada para el presidente de Belgrano Salvador Martínez. Está la primera foto del club Belgrano de 1906. En su momento estuvo la Copa Conmebol de Talleres que con todo derecho, la tiene unos días en su sede y luego la vuelve a prestar. Hay copas  maravillosas que ganó Instituto y por lo cual, luego, le llamaron Gloriosos.

También hay muchísimas cosas del Mundial 78, porque yo tenía 13 años, fue cuando descubrí este estadio. A mí ese Mundial me emociona mucho, más allá del momento político de mierda, me movilizó mucho. Me marcó para que sea lo que hoy soy. Desde ahí me empezó a interesar el campeonato y todas esas cosas me forjaron a ser lo que soy.

El espacio se ha convertido en un lugar para visitar y dejarse dar una caricia por los recuerdos y las nostalgias. Cada objeto tiene su historia, a veces desconocida, y su recuerdo fascinante para mantener viva cada página de la historia.