El recorrido de MESSI EN LA SELECCIÓN
Una historia que terminó gloriosa
Tres hojas. Letra apretada, algunas palabras corregidas y un mensaje escrito de puño y letra. Lionel Messi eligió un manuscrito para ponerle punto final a dos décadas con la selección argentina. En tiempos de Inteligencia Artificial, el capitán cerró su historia de la manera más humana posible: con la mano, con la memoria y, como siempre durante su historia albiceleste, con el corazón.
Su historia con Argentina tuvo todos los condimentos de un romance: hubo amor, pero también frustración; alegrías que se hicieron esperar y tristezas que pusieron en duda su futuro, como cuando renunció en 2016, cansado de las finales perdidas. Pero Messi nunca se rindió y coronó una de las carreras más impresionantes de todos los tiempos. Messi eligió siempre a la selección, incluso en los tiempos más tormentosos.
“Qué orgullo haber estado al lado tuyo en este camino y verte cumplir todos tus sueños. Te merecías esta historia y mucho más. Te amamos infinito”, Antonela Roccuzzo, la esposa de Lionel y madre de sus tres hijos.
La primera elección fue hace más de dos décadas y desde entonces renovó sus votos año tras año. El 17 de agosto de 2005, ya campeón del mundo Sub-20, un adolescente de 18 años entró desde el banco contra Hungría para disputar su primer partido. Duró apenas unos segundos en cancha antes de ser expulsado. Muchos lo intuían, pero ni los más optimistas hubieran imaginado todo lo que vendría después. Aquel debut duró apenas unos segundos; su historia con Argentina duraría toda una vida.
El adolescente que empezó a escribir su historia
Mucho antes de convertirse en capitán, campeón del mundo y dueño de casi todos los récords posibles con Argentina, protagonizó su primera gran presentación internacional en 2005 durante el Mundial Sub-20 de Países Bajos. Había comenzado el torneo como suplente, pero terminó convertido en figura absoluta: marcó seis goles, hizo los dos de Argentina en la final ante Nigeria y se marchó con el título, el Balón de Oro y la Bota de Oro. Tenía 18 años y la camiseta argentina ya empezaba a quedar asociada a su zurda.
Un mes y medio después llegó el debut con la selección mayor. Pekerman lo mandó a la cancha en el segundo tiempo. Messi recibió la pelota, intentó escapar de la marca de Vilmos Vanczák y terminó expulsado apenas 47 segundos después de haber ingresado.
"Tu amor por nuestro país, tus batallas internas para nunca abandonar, tu fortaleza para aguantar las injusticias, tu calidad humana con cada jugador. Solo gracias, el más grande de toda la historia, no te imaginás cuántas sonrisas sacaste. Sos eterno". Rodrigo De Paul.
La siguiente estación fue mucho más feliz. En Alemania 2006 hizo su estreno en el torneo más importante del plano internacional. En su debut marcó ante Serbia y Montenegro, fue decisivo en el alargue ante México y vio desde el banco la eliminación por penales ante el anfitrión. Aquella fue su primera gran frustración, una herida que no cicatrizaría por la final perdida ante Brasil en la Copa América 2007. En los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 volvería a saborear la gloria: conquistó el oro olímpico junto a Sergio Agüero, Ángel Di María, Javier Mascherano y Juan Román Riquelme.
Las primeras heridas
En algún momento, ser Lionel Messi dejó de significar solamente ser el futbolista más desequilibrante de Argentina. Se convirtió también en una comparación permanente entre sus rendimientos con el Barcelona y la selección argentina.
La Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010 profundizó esa grieta. Argentina había llegado con Diego Maradona como entrenador y Messi como gran estrella, pero Alemania la eliminó con un contundente 4-0 en cuartos de final. Un año después, la Copa América disputada en casa terminó también demasiado pronto: Uruguay se impuso por penales en Santa Fe y otra oportunidad se esfumó delante del público argentino.
“Nos hiciste creer en la magia, Leo. Y quizás por eso nos cuesta aceptar que el tiempo también pasa para vos. Te vimos hacer tantas cosas imposibles que terminamos creyéndote invencible. El predio lleva tu nombre porque es tu casa. La camiseta de la selección argentina es tu bandera. Y el amor de nuestro pueblo por vos ya es para siempre”. Claudio “Chiqui” Tapia.
Con Alejandro Sabella comenzó a construirse una relación diferente. Argentina completó unas grandes Eliminatorias y aterrizó en Brasil 2014 con una posibilidad que el país llevaba 24 años esperando. Messi marcó cuatro goles durante la fase de grupos y fue decisivo en el recorrido que llevó a Argentina hasta el Maracaná. El 13 de julio, Alemania ganó 1-0 en la prórroga con el gol de Mario Götze y Argentina fue subcampeona. Messi recibió el Balón de Oro como mejor futbolista del torneo, pero la imagen que quedó fue otra: la del capitán pasando junto a la Copa antes de subir a buscar su premio.
Finales perdidas y un adiós inesperado
Después de Brasil llegaron los años más difíciles. Con Gerardo Martino como entrenador, Argentina alcanzó la final de la Copa América 2015 y volvió a quedar a un paso: Chile se impuso en la definición por penales. Doce meses más tarde, en la Copa América Centenario, los mismos protagonistas se reencontraron en el mismo lugar. Otra final, otra igualdad sin goles y otra tanda de penales: Messi envió su penal por encima del travesaño y Argentina se quedó con las manos vacías otra vez.
La acumulación de frustraciones terminó por quebrarlo. Después de la última derrota, Messi anunció que su etapa en la selección había terminado: “Ya está, se terminó para mí la selección”, declaró a la salida del vestuario.
Pero Messi volvería para, sin saberlo, empezar un camino que lo llevaría a la gloria eterna. Pero antes de su consagración, Messi sufriría un último revés. Tras volver y definir la clasificación mundialista en las Eliminatorias ante Ecuador, la travesía en Rusia 2018 terminó otra vez en decepción: Argentina terminó eliminada por Francia en un frenético 4-3 en los octavos de final. Después de un par de meses ausente, y mientras se empezaban a establecer los cimientos de la nueva era, Messi se calzó la 10 nuevamente.
La reconstrucción albiceleste
Lionel Scaloni asumió en 2018 y empezó una renovación profunda. Se fueron apagando algunos nombres que habían acompañado a Messi durante buena parte de su carrera y aparecieron otros que crecieron viéndolo jugar. Era una camada dispuesta a entregar su alma por el ídolo que inspiró a muchos de ellos a jugar al fútbol: Rodrigo De Paul, Lautaro Martínez, Leandro Paredes y, más tarde, Emiliano Martínez, Cristian Romero, Julián Álvarez, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister fueron construyendo un nuevo ecosistema alrededor del capitán.
La Copa América 2019 fue el primer gran ensayo. Argentina sufrió durante el inicio del torneo, encontró mejores sensaciones con el paso de los partidos y quedó eliminada ante Brasil en semifinales. El tercer puesto podía parecer poco para una selección acostumbrada a pensar en títulos, pero aquel equipo dejó algunas señales de lo que vendría después. Messi era ahora el líder de una generación joven dispuesta a todo por su capitán.
El cambio fue futbolístico, pero también emocional. Durante años había quedado instalada la sensación de que Argentina necesitaba que Messi solucionara cada problema. La nueva selección empezó a ofrecerle lo contrario: intensidad, solidaridad, personalidad y una estructura que podía sostenerlo, incluso cuando él no decidía el partido. Poco a poco desaparecieron las urgencias. Argentina empezó a acumular partidos sin perder, Scaloni encontró una base estable y Messi pareció recuperar algo que durante muchos años había resultado difícil de encontrar con la camiseta nacional: su propio disfrute.
Completa su odisea
El quiebre llegó en el lugar donde siete años antes había sufrido una de sus derrotas más dolorosas. El 10 de julio de 2021, Argentina enfrentó a Brasil en la final de la Copa América en el Maracaná. Ángel Di María marcó el único gol, y cuando terminó el partido, Messi cayó de rodillas sobre el césped. Sus compañeros corrieron hacia él. Después de casi 15 años de intentos con la selección mayor, el capitán consiguió el título que durante tanto tiempo había perseguido. Argentina, además, terminaba con una sequía de 28 años.
Aquella noche cambió todo. En junio de 2022 llegó otro título, esta vez, ante Italia en Wembley, por la Finalissima. Argentina ganó 3-0 y llegó a la Copa Mundial FIFA Catar 2022 como un equipo consolidado, campeón de América y sostenido por un largo invicto. Incluso el golpe de la derrota contra Arabia Saudita en el debut no quebró su espíritu. El 10 marcó contra México cuando Argentina necesitaba reaccionar, volvió a hacerlo ante Australia, Países Bajos y Croacia, y llegó a la final contra Francia como el líder de un equipo que había aprendido a sobrevivir a cualquier escenario. En Lusail convirtió dos veces durante el inolvidable 3-3 y también facturó su remate en la definición por penales. Gonzalo Montiel convirtió el último. Messi se arrodilló, miró al cielo y pocos minutos después levantó la Copa que había perseguido durante toda su vida. Terminó Catar con siete goles, tres asistencias y el Balón de Oro. Aquello podría haber sido un final inmejorable, pero Messi mantuvo su vigencia y encaró una nueva era para seguir escribiendo su leyenda. En 2023 superó los 100 goles con Argentina y en 2024 volvió a ganar la Copa América. La final dejó una escena que resumió hasta qué punto había cambiado la historia: lesionado, debió abandonar llorando la final contra Colombia, pero sus compañeros terminaron el trabajo y Argentina volvió a ser campeona.
Con la Copa Mundial en el horizonte, Messi encaró su sexta participación, a los 39 años, con un rendimiento que empuja los límites de lo lógico. Argentina alcanzó su segunda final consecutiva y el capitán extendió hasta 34 su récord de partidos mundialistas. Como si no hubiera pasado el tiempo, Messi le regaló a su país una epopeya tras otra. Ante Inglaterra, rival ante el cual Diego Armando Maradona entronizó su nombre en el olimpo argentino, Messi dejó una actuación memorable para uno de los triunfos más emotivos de su carrera. En la definición mundialista, España se impuso 1-0 en la prórroga. Messi había llegado al torneo con una última misión colectiva, pero también con una motivación íntima: seguir inventando relatos heroicos para regalarle alegrías a su papá, fallecido el 8 de agosto. A los 39 años, incluso después de haberlo ganado todo y en medio del dolor, todavía encontraba una razón para seguir. Tres semanas después llegó el punto final. Sin un estadio repleto ni una Copa esperando sobre un pedestal. Apenas tres hojas, su letra y las palabras que eligió para despedirse. Más de dos décadas después de aquel debut que duró unos segundos, Messi cerró una historia que su pueblo recordará durante toda la vida. Y lo hizo, como siempre, siguiendo a su corazón.
