Enfoque
Tenga mano, tallador
Escribe Walter Vargas, especial para elDiarioEscribe Walter Vargas, especial para elDiario
De la nada, te embocan.
Y de la nada tu pibe-genio patea un penal impropio de su dimensión.
Y después, el palo y un arquero que sugiere la reencarnación de Yashín y el Pato Fillol juntos.
Y después de después, vas, vas y vas y dejás grietas. Te embocan una. Te embocan dos. Zafás de una. De la otra no zafás.
Y de repente da toda la sensación que Don Destino te ha puesto enfrente a la Hydra de Lerna. Un monstruo de varias cabezas con aviesas intenciones.
Jugás contra las virtudes de los de enfrente y los apuros de los de acá, de los tuyos. Y jugás contra el resultado. Y por si fuera poco, el Padre Tiempo acelera el minutero como si fuera el Correcaminos huyendo del Coyote.
Y después, de después, de después, lo que ya sabemos, lo que ya hemos visto, lo que ya lagrimeamos. En un cuarto de hora, el argentinaje de pantalones cortos se despacha con un asado banderita celeste y blanca como para chuparse los dedos.
Decime qué se siente, che, faraón.
Un cuarto de hora capaz de mover los cimientos del Mundial y de quedar en el bronce de la historia criolla. Sean eternos los laureles.
Ya se habrán dado cuenta: el cronista ha renunciado al peine fino de la estrategia y de la táctica, del equipo corto, del equipo estirado, del ajedrez de los entrenadores, de lo mensurable desde un claustro futbolero, del bla bla bla. Del dejame a mí que yo te lo explico. ¡Pavadas!
¿Cómo no renunciar a la solemnidad del dos más dos son cuatro si las cuentas cerraron por otros wines y con protagonistas inspirados, desmadrados, angelados?
¿O es natural que el pibe-genio se mande a jugar de wing derecho, cuando no andaba por ahí desde su posadolescencia al mando de Pep Guardiola? Y las corra todas. Y las pelee todas. Y crea en todas.
¿O es natural que el Cuti Romero (qué defensor, válgame Altísimo) se ponga el disfraz de 9 y le quede de gala?
¿O es natural que en el 2-2 del pibe-genio la pelota sea acomodada por Montiel, el héroe de Lusail, cuando lo habían puesto para que desbordara por su ala?
¿O es natural que Julián robe la bola a Salah, dentro del área propia, como si fuera defensor de toda la vida?
¿O es natural que Lautaro, un eterno esperador de centros, tire una emboquillada de fábula para la testa de Enzo Fernández, un eterno tocador y tirador de centros?
En Atlanta, señores y señoras, la épica se consumó en un manicomio de 105 x 70.
Y cuando terminó la pulseada quedaron cenizas de todos los manuales del juego de la pelotita.
Cierre con allegre vivace: Argentina está intermitente, permeable, vulnerable. No es indispensable ser Menotti y Bilardo para darse cuenta.
Pero cuando no le funciona la ortodoxia del tiki-tiki, Argentina tiene cosas de varones, alma en la mano y en la mano el as que en una de esas define la partida. O mejor, dos. El pibe de 39 y el as de corazones.
Ajeno a las metálicas razones del robot y al lifting de la IA, el cronista se lava la cara, manotea el colirio que alivie la rojez de los ojos y le vienen a la memoria dos entre tantas imágenes.
El dichoso e interminable llanto del pibe de 39 y la sonrisa gardeliana de Enzo.
Suiza, tras empatar sin goles, derrotó 4-3 por penales a Colombia y será rival de Argentina el próximo sábado. Con el triunfo suizo, en cuartos de final hay seis europeos, además de la Scaloneta y Marruecos.
