ARG - ENFOQUE

AHORA, EL MUNDIAL DEL MUNDIAL

Escribe: Walter Vargas / Especial

 

Ya sabíamos que un Mundial de 48 equipos era una demasía y también sabíamos de lo bondadoso que habían sido los bolilleros. Argelia, Austria y Jordania hoy están muy lejos de sentarse a la mesa albiceleste con ínfulas como para alzar la voz. Y no la alzaron, aunque lo intentaron, eh.

De ahí que se vuelva una obligación empezar por el trazo grueso: tres victorias en tres partidos, ocho goles a favor y uno en contra. (Por cierto: de alguna manera un castigo a la gula de Dibu Martínez, que en su afán de igualar un récord de vallas imbatidas al hilo no dejó el menor resquicio a Scaloni para dar minutos a Rulli o Musso. La ya lejana lesión no es excusa. En fin, una perlita que hizo ruido. No más que eso).

Ahora, si pasamos el peine fino por los 270 minutos que ya son historia, ahí sí hay una conclusión imposible de soslayar: más Messi que equipo. Más pibe-genio que la sólida estructura de tenencia y combinaciones con la que se habían hilvanado cuatro coronaciones, incluido un Mundial.

El irrepetible Once que dispuso Scaloni para la despedida de Dallas en alguna medida resultó más de lo mismo. Para bien y si no para mal al menos para inquietarse. No siempre sería óptima la postura de resignar la pelota bajo la premisa que el del enfrente tiene escaso poder de fuego y que, estirado en el campo, más tarde o más temprano dejará brechas para que las réplicas propias hagan daño.

Dicho de otra manera: a Jordania, por caso, se le ganó jugando un partido de cinco puntos de nivel. De seis, si hacemos la concesión del que está dulce y se esmera en embellecer todo lo propio que ve y quiere.

(Observación al margen: bienvenidos los chispazos sentimentales que conllevaron sendos goles: el de Gio Lo Celso y el de Lautaro. Sobremanera el del Toro bahiense, que se bautizó en la red en los mundiales y es el delantero centro titular. Más aún cuando la Araña Julián parece andar falto de confianza y medio peleado con la redonda).

De todos modos, en tren de retomar el análisis en el punto desde donde ha sorprendido, sorprende, una selección que juega no ya de contraataque, pero sí acostumbrada a no disponer de la pelota con la imponencia de sus mejores versiones, el destino ha querido que el viernes en Miami deba hacerse cargo del protagonismo en todos los indicadores. En todos.

Cabo Verde, una suerte de Portugal B que ya es una virtuosa revelación, un convidado de piedra que se dio el lujo de dejar en cero a la repostera formación española y clavó una profunda daga en el corazón de las chances uruguayas, Cabo Verde no tendrá nada que perder y aspirará a convertirse en Cabo de Miedo: una pesadilla de película.

Pues bien, amigos. Bienvenidos al Mundial del Mundial.

Ante una selección, la africana, que ostenta un modesto y a la vez dignísimo plan A, que consiste en la inequívoca nomenclatura de 4-5-1 o incluso de 5-5-0, el añejo recurso de poner un colectivo delante del arco, Argentina deberá estar a tono con esas dificultades.

Un rival débil, pero que de su debilidad hace fortaleza y defiende bien. Rocoso, despierto y convencido. Cuánto más defiende, mejor defiende y más cómodo se siente. Como si lo disfrutara.

 

¿Qué hacer?

Volver a las fuentes y honrar el fútbol de un campeón del mundo, el fútbol de las cinco P: posición, posesión, precisión, profundidad, poder de fuego.

Eso sí: aunque se corte su notable racha goleadora, será indispensable un buen Messi. En vos confiamos pibe-genio de las cuatro décadas.