ENFOQUE
El carrusel de la emoción
Escribe: Walter Vargas
(Especial para elDiario)
Argentina es un equipo serio y alegre. Emocionado y emocionante.
Que se entienda: se puede ser serio y alegre a la vez, porque seriedad pueda significar digno de crédito y la solemnidad anda por otras comarcas. La solemnidad es estricta, formal, ceremoniosa.
Y la alegría es gozo y bienestar. Estar a buenas con tu piel y con tu alma.
Argentina, es decir, estos muchachos que visten la casaca albiceleste, disfruta de jugar y competir, incluso sin miedo a que el trajín del competir venga de la mano del semáforo rojo de que los que están enfrente, dispongan de sus herramientas y pretendan la misma recompensa. Si no, qué gracia tiene.
Primero hay que saber sufrir.
Sufrir que el niño genio se equivoque en un menester en el que rara vez se equivoca y quedarse impregnado de ese estupor y de esa cierta desazón por lo menos veinte minutos.
Sufrir un tramo final de escasa tenencia y piernas baqueteadas.
Brava Austria, eh. Ya había sido escrito desde este mismo espacio. Un once bien estructurado, con expertiz en combinaciones veloces y muy físico. Por bien alimentados y por idiosincrasia.
Pero hete aquí que la Selección se resistió a dejar de ser lo que es (un equipazo) y aun en la marea adversa ni se la llevaron por delante ni pelotearon a Dibu Martínez. Una sola volada del coloso de Lusail.
En ese primer lapso, en esos veinte minutos, asomaron dos fuera de las primeras hojas del catálogo (Facundo Medina por su firmeza y Thiago Almada por su “dejá que voy yo, te ayudo, tirámela…”) y quedó demostrado, una vez más, que lo que perturba a los eventuales rivales de los días de o me voy yo o te vas vos no son solo las posibles alturas donde podría rayar, que no ha dejado de ser un mundo en posible y que, según se ve, nos resultaría igual de natural que cepillarnos los dientes.
Lo que los perturba, además, es que los campeones del mundo vigentes son un equipo de piso alto. Sí, de piso alto. Capaz de asimilar caídas de tensión sin mostrar fisuras graves ni exponerse a las cachetadas.
Dicho de otra manera: Argentina no perderá sola. El día que pierda, si perdiera, tendrán que ganarle con todas las de la ley. Tendrán que sudar la gota gorda con templanza, con recursos, con inspiración y contundencia. Con menos de eso, que ni lo sueñen.
Los goles del pibe genio: en el primero, en esa zona que equivale a un patio donde patea a embocarle a las macetas. Y en el segundo, con ese sabroso cóctel de pillo y ojo de lince que equivale a moverse al lugar correcto en el instante correcto. Parece un player de IA.
Sí, claro, recién van dos fechas de la ronda de calentamiento y los cucos andan por otras comarcas.
Sí, claro, hay varios apiñados en un frente de la “Liga del Mal”, con los ojos inyectados en sangre del deseo de bajarlos y de bajar al que ya sabemos.
Pero por ahora la alegría no es brasileña.
Por ahora el pibe genio nos invita a jugar en su vereda y Argentina emociona, te hace cosquillear el pecho, te hace explicar, pudoroso, que te entraron basuritas en los ojos, que es eso, nomás.
Mirá si vas a llorar por un partido de fútbol...
