Opinión

Volver sin la frente marchita

martes, 16 de junio de 2026 · 08:30

Escribe: Walter Vargas Especial para elDiario

 

¿Es posible retomar las cosas donde se las dejó en Lusail?

Imposible. El paso del tiempo es una ley de la que no escapa ni Superman. Mejor o peor. Igual, jamás.

Lo que sería posible y deseable sería ver hoy a una selección argentina con una chispa y una frescura que por los menos nos hagan evocar los valores primordiales de los campeones del mundo: vocación ofensiva, apego por la pelota al ras, voracidad y precisión en los metros que causan daño.

Con una mano en el corazón: en la Copa América, en cuya final derrotó a Colombia, y en los últimos partidos de las Eliminatorias, dio la sensación de que la selección está con una marcha menos como para sacar ventaja frente a los rivales que, como dice la jerga moderna, aún no llegaron a su “prime time”: su punto más alto. Su momento culminante.

Pero tómese lo antedicho, a lo sumo, como una conjetura más.

A simple vista, la deuda de hambre y el acumulado de virtudes se ven con mayor nitidez en Francia y España (los dos candidatos más candidatos. Ojo: Argentina perdió en el debut en Qatar con uno de los peores) y, en menor medida (menor: jamás impugnable), Inglaterra, Alemania y Portugal, un eterno frustrado capaz de hacer morder el polvo al más pintado si se enchufan Bruno Fernandes y Míster Ego: CR7.

(Brasil, ya fue dicho: es una tómbola).

Pero volvamos a lo que nos atañe: ¿tenemos una selección avejentada en el DNI y también en el juego? Lo primero es irrefutable. Lo segundo está por verse, aunque es un fantasma que merodea.

Lo que tranquiliza y esperanza es la nomenclatura que hace una pila de décadas mentaba el Toto Lorenzo: el 1259. Elemental: con un arquero gana-partidos, un buen 2, un buen 5 y un 9, que se agarren. Dibu Martínez está en el top cinco del planeta, ni hablar del Cuti; a Enzo Fernández, la calidad se le cae del placard y para 9 hay como para hacer dulce. El Torísimo Lautaro y Julián, la Araña de Calchín, que si está 100 x 100 en lo físico es uno de los diez mejores delanteros del Globo. Dos perfiles, despliegue, manual de la técnica, guapeza, gol. Hace de todo y todo bien.

¿Y el 10? En la MLS, cuando se nota que le cuesta eludir a un defensor de Columbus o New England, este cronista menea la cabeza y se dice “hay poca gasolina, che”. Pero cuando entra un rato en el amistoso con Islandia y lo ve meter dos puñaladas entrelíneas, de esas que deja a un compañero en posición de gol, cae en la cuenta de que estaría en condiciones de brillar hasta un Messi doctor en homeopatía: pequeñas dosis que saben trabajar en favor de la vida.

Después, de despedida, una observación y una certeza.

Sea cual fuere el nivel de la selección, imaginársela como posible rival en un cruce de pierde-paga es un dolor de cabeza hasta para Brasil del 70 o La Naranja Mecánica de Holanda 74.

¿Estamos para el bi? Un Mundial es un territorio poblado de obviedades y desquicios, de dinámica de lo impensado (Panzeri dixit) y dinámica de lo pensado, de feria americana, de caleidoscopios, pero sobre todo…, sobre todo, de planetas alineados. Sugiero consultar a una buena astróloga.