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Descubriendo el paraíso
Colón volvió a hacerse dueño del clásico cabralense: ganó 2 a 1 con un doblete de Martín Barrionuevo. Rivadavia, que descontó con Roda, fue anulado técnicamente. Cerca de 2.000 personas disfrutaron un clásico vibrante y de antologíaColón venció nuevamente a Rivadavia en el clásico cabralense. Esta vez por 2 a 1 y avanzó a la final del Torneo Apertura de la Liga Villamariense, donde definirá el título con Universitario.
En la semifinal de ida, también el equipo rojinegro se había impuesto por 1 a 0 en Plaza Ocampo. Las conquistas del vencedor fueron obra de Martín Barrionuevo, una de ellas de penal mientras que Kevin Roda señaló el descuento para Rivadavia también de penal.
Una verdadera fiesta del fútbol se vivió en la vecina localidad de Arroyo Cabral. El color de las banderas, el humo de las bengalas y el griterío de los casi 2.000 espectadores que se llegaron a la cancha del verde ofrecieron un marco espectacular para un clásico donde había mucho en juego.
El juego
Pasión en estado puro para resolver nada menos que uno de los finalistas del certamen Apertura. Rivadavia había optado por jugar en su casa, atrincherarse en sus dominios para intentar torcer el mal paso de la ida (derrota por la mínima en Plaza Ocampo), Colón llegaba con la ventaja del resultado, pero sabiendo de lo complicado de jugar ante un rival que en la historia reciente (salvo la primera semi) siempre o casi siempre lo había superado.
El juego arrancó con vértigo. Antes del minuto Benjamín Martínez casi sorprende a Marcelo Berardo en un tiro libre, pero los reflejos del uno pudieron más. Rivadavia con sus volantes bien afirmados en la zona media intentó controlar el desarrollo. Pero se le complicaba bastante cuando debía darle sentido al manejo de la pelota. Parecía apurado en sus movimientos, no medía los tiempos y como resultado chocaba contra el fondo visitante. Colón estaba diseñado para otra cosa. Afirmado en la seguridad de su defensa, respondía con envíos largos buscando quedar mano a mano con los defensores del equipo verde. La inteligencia de Martín Barrionuevo para detectar espacios libres, resultó vital para ese planteo. Lo demostró sobre los 9 minutos cuando le ganó en el duelo individual a Nicolás Pedernera y el ex-Alem lo terminó derribando en el área cometiéndole penal. El propio número diez rojinegro lo transformó en gol con una soberbia ejecución. Remate alto que ingresó en el ángulo izquierdo de un ataja- penales como Marcelo Berardo que terminó rendido ante tamaña definición. Confirmó que también existen los golazos de penal.
La pelota quemaba en los pies de los jugadores de Rivadavia. Nadie se hacía cargo de conducir dentro de la cancha. Aislados sus extremos se le complicaba demasiado avanzar ante un Colón que siempre ve con buenos ojos armarse de atrás hacia adelante. La visita con ventaja ampliada en el resultado optaba por ser expeditivo. Si había que pegarle de punta y para arriba, no vacilaba. Si era necesario resignar posesión y avanzar a base de pelotazos a cargar lo hacía. El partido estéticamente lucía difícil de observar, pero la tensión se palpaba en el ambiente. Los caudillos del verde trasmitían carácter en cada intervención, pero no había efecto contagio.
Con la desfachatez de Benjamín Martínez que demuestra en cada pelota que toca un gran coraje para jugar, la visita ponía a su rival en la mira. También hizo trabajar a Berardo con un tiro de esquina cerradísimo que el uno del Verde mandó al córner de milagro.
Rivadavia se quedaba en una suma de buenas intenciones, pero jugaba sin ideas claras de como vulnerar al fondo visitante. El primer remate en serio lo ejecutó Paolo Arbarello sobre el final de la etapa, pero Leo Morales respondió con gran seguridad. Sobre el final Colón se acordó de jugar y llegó al segundo con una joyita. Triangulación por izquierda entre Genaro Barrionuevo y Benjamín Martínez para encontrar luego la aparición al vacío de Martín Arroyo. Asistencia al medio del ex-Yrigoyen y definición de palomita de Martín Barrionuevo casi sobre la línea de gol. Golazo con todas las letras y festejo alocado en las tribunas del rojinegro. Fue un golpe demoledor para Rivadavia. El entretiempo pareció llegar como un bálsamo para los locales que terminaban sufriendo.
Marcelo Santoni expulsado en el entretiempo movio el banco. Rediseñó a su equipo (dispuso los ingresos de Yanantuoni y Javier Demarchi) apostando todo a un pleno para cambiar el rumbo. La ubicación de Demarchi pronto dio resultado. Apostado como extremo por derecha se transformó en la opción necesaria para abrir un rival, al cual siempre había atacado frontalmente. Un cabezazo a quemarropa de Arbarello obligó a la respuesta de Leo Morales. Colón se preocupaba y se cerraba atrás. Leo Comba tomó nota y puso más ladrillos en el muro defensivo.
Para colmo de males a los ponchazos el verde encontró el descuento. El juez Mariano Peñaflor vió mano de Gastón Ripa en el área y marcó penal.
Kevin Roda acortó distancias con una precisa definición y la ilusión verde pareció tomar forma. Pero pronto se desvaneció. La realidad se terminó imponiendo de nuevo. Rivadavia se esforzaba, pero la falta de ideas y la escasa presencia en ataque lo llevaron a un juego repetitivo y sin variantes. Colón de contra, contó con varias posibilidades claras para estirar la ventaja. Pero las dilapidó a todas, con un sentido del despilfarro casi obsceno a cuenta de lo que se estaba jugando.
El pitazo final liberó las tensiones contenidas de los hinchas de Colón que en comunión con sus jugadores festejaron en un costado del campo.
Habían ganado el clásico y era hora del festejo merecido. Solo falta un escalón para el premio mayor.
El árbitro - Mariano Peñaflor
Muy bien. Siempre atento a los detalles, mostró personalidad para conducir el juego. Acertó en los penales y no tuvo que decidir sobre jugadas polémicas.
La figura - Martín Barrionuevo
Inteligente para ubicar los espacios libres, desordenó a la defensa rival. Pateó con frialdad y precisión un penal “caliente” y con olfato de goleador marcó el segundo gol que derrumbó a Rivadavia.
