Tío Pujio / Crónica de un pueblo revolucionado
Para el mejor, la especialidad de la casa
Lionel Scaloni sorprendió al pueblo con su visita. En la siesta de ayer almorzó milanesas en un tradicional comedor ubicado a la vera de Ruta 9. “Desde un primer momento sabía que era él”, destacó una mozaEran las 14 de ayer y el sol iluminaba, pero no calentaba tanto; la siesta ya se había hecho presente y la actividad en el Comedor Doña Elsa de Tío Pujio, había comenzado a menguar. Romina y Sebastián, quienes conducen desde un tiempo el célebre espacio ubicado a pocos metros de la fábrica Saputo, se preparaban para cerrar sus puertas -ya que a las 15 el cartelito de “Abierto” gira a “Cerrado” -.
Una sola mesa, del tradicional comedor, se encontraba ocupada por trabajadores que habían salido de la conocida industria ubicada sobre ruta nacional 9. En ese mismo instante, ingresó una familia y, en silencio, se acomodó en una de las mesas.
Todo muy normal.
Una moza (Melisa) abordó a los comensales con las preguntas de siempre. Ofreció algo para beber, algo para comer y demás. Papas con cheddar, pizza, milanesas - la especialidad de la casa- y demás fue lo solicitado por las dos mujeres (una mayor que la otra), dos niños y un flaco de gesto amigable con una gorra que le daba sombra a su rostro.
La moza, luego de tomar el pedido, encaró hacia la cocina y una luz comenzó a iluminarle el rostro. “¿Será él?”, se preguntó y luego le preguntó al resto.
“Ahí nomás nos pusimos a mirar fotos en Google para no equivocarnos”, cuenta Romina en diálogo con elDiario. Sí. Era él: Lionel Scaloni.
El director técnico de la selección argentina de fútbol tras haber llevado adelante, en las sierras cordobesas, una mañana a bordo de una bicicleta -actividad que ama desde hace tiempo- volvía hacia sus pagos.
Sin dudarlo, la moza volvió a las mesas y preguntó: “¿El señor es Scaloni?”
- Sí, pero es un secreto - fue la respuesta de Lionel, que se tentó y “se puso bordó”.
“Yo desde que lo vi, para mí era él; googlié fotos de la familia y no podía ser que todos fueran tan parecidos, tenían que ser ellos”, recuerda Melisa, que es Melisa Domínguez, moza.
Siempre humildes, sencillos y sinceros, solicitaron por favor comer con tranquilidad y luego, prometieron, estaría disponible para las fotografías.
En el comedor no lo podían creer, y “tampoco queríamos decirle a todo el mundo para que el comedor no se nos empezara a llenar; pensábamos que seguramente debe ser difícil no poder ir a ningún lado con tranquilidad”, dijo Romina, la propietaria.
Una vez publicadas las fotografías, la esquina de Salta e Hipólito Yrigoyen comenzó a recibir gente. El pueblo se había revolucionado y algunos ya se habían instalado en la vereda, celular en mano, para conservar el momento.
Otros aprovecharon y fueron a ocupar una mesa, donde -en silencio- esperaron.
“Le dije a mi sobrino que se siente tranquilo y espere; que no lo mire tanto porque los iba a incomodar y seguramente quieren estar tranquilos”, narró Diego, un músico del pueblo.
“Cuando terminó de comer se acercó él mismo hacia nosotros; un grande, un monstruo; y yo le dije que solamente quería agradecerle por la Copa del Mundo”, afianzó. “De paso le pregunté si lo tenía a Lionel Messi en el baúl del auto”, pregunté y estalló en risas.
Diego, también feliz, lo invitó -en algún posible retorno- a sumarse a una guitarreada.
“Me vio un collar que tengo con una guitarra, me preguntó si era músico; le dije que tenía un grupo y me dijo que tenía pinta de serlo”.
Las mozas, los dueños y demás integrantes del comedor se fotografiaron con Scaloni bajo un sol radiante. Después del postre, y pagar, la promesa se había cumplido.
Incluso Mateo Fernández, defensor de Hipólito Yrigoyen -y sobrino de Diego-, ahora tiene una foto con Scaloni también y la conservará toda su vida. La espera, que parecía eterna en la mesa de al lado, valió la pena.
Crónica de un día más en Tío Pujio, que no fue un día más.
