La Bruja Verón - Por Walter Vargas
“El desparramo era su fe…”
Parecía desganado, entredormido, en otra cosa.
Lo señalaban con ira en la platea los carcamales.
Hasta que por allá, suya era la bola en los arrabales.
Y con los defensas jugaba a la rayuela, como baldosas.
El tipo la mataba de callado: se sabía de memoria el menú
Perfiles, definición, asociación, cabezazo, toque, gol.
Afinaba pianos, bajos, violines, guitarras, saxofón.
Cumplida la faena, celebraba con los cumpas y un vermú.
Salían y salían conejos, te volvía loco, dijo Perfumo.
Pero este hombre gambetea más que Pelé, lo dijo Puskas.
Cuando lo tuvo en Grecia, entre algodones y burbujas.
Aunque hechicero sin par / jamás se le dio por vender humo.
Jugaba bien las paradas importantes sin mirar el mapa.
En casa, afuera, en Boedo, con los vecinos o Palmeiras.
A los que hizo bailar flor de danza, el San Vito, la capoeira.
Cuando se iba la Copa y tambaleaba el más grande de La Plata.
Después llegó el octubre Albirrojo en el Teatro de los Sueños.
Se reía el gringaje allá en Old Trafford, salivaba y paladeada.
Lo que creía pan comido, fiesta de gala, de taquito una goleada.
Y mirá vos, british: un cocazo de mural te dejó mudo de empeño.
Dos veces partió a tierras lejanas: las helenas y las del café.
Y en la dos dos dejó perfume a crack, a elegido, a marciano.
Que era feliz cuando venían de a muchos, el mano a mano.
Y los dejaba sumidos en fracaso: el desparramo era su fe.
La 11 albirroja, la posta, no la busquen en el Centro a esa Once.
Su príncipe heredero fue un gigante, no se niega.
Por ley de genes también es leyenda, mito, lo que quieran.
La 11 posta está en el fondo de la historia: allá en el bronce.
Don San Pedro se sentó a su escritorio y tomó nota.
Hoy no llega cualquiera, hoy llega un as de la pelota.
Es una Bruja montada en una escoba.
Ese es Verón, Verón, Verón, que está de joda.
