Especial para ELDIARIO

No la toques de nuevo, Sam

domingo, 14 de junio de 2026 · 09:16

Tocar más y mejor que Brasil es como aspirar a un umbral de tolerancia al frío equivalente al de los esquimales.

Pues bien: durante no menos de 60 minutos, Marruecos lo intentó y manejó los hilos del partido con un grato fútbol-perinola: todos corren, todos juegan. ¿Qué le faltó? Mayor juego interior en los últimos metros y el valor supremo de la contundencia.

Brasil sobrevivió al oprobio y llegó al empate mediante el golazo de un muchacho, Vinicius, que jamás ganará un concurso de simpatía y nobleza, pero es de los pocos, en el mismísimo universo, que porta en sus pies las mejores respuestas a las peores preguntas. Su gambeta, diagonal y zapatazo lejos del palo más odioso para el arquero, evoca al Messi de los tiempos de Pep, pero por otro wing y con otro perfil.

Gane, empate o pierda, Marruecos supone un rompecabezas aceitado. Ya sabemos que a un equipo lo define su capacidad de encastre. Enhorabuena.

Brasil, en cambio (que no se diga, Carletto: ¡un entrenador italiano y de los más sabios!), es un equipo de jugadas. Esto es: de espasmos, de los azares de la inspiración, de los ases de la jerarquía.

Solo por eso salvó la ropa en el compromiso más complejo que pueda tocar versus un rival africano. Dejó atrás al moscardón y que ahora Casablanca permanezca en el blanco y negro del inmutable pasado.

Claro, que sea escrito ya: para devenir en un firme candidato al título, Brasil estará obligado a remasterizarse.

Hoy es apenas un equipo peligroso para cualquiera: incluso para sí mismo.