LIGA VILLAMARIENSE / APERTURA / PRIMERA FINAL
El sueño del pibe
Tiago Androvetto, con 18 años, marcó el 1-0 y Alem, con un hombre menos, le ganó a Alumni el primer gran clásico por el título, jugado en la Leonera. Se espera una gran revanchaFotos: Ángel Alvez y Víctor Alvez
Alem se quedó con la primera final del torneo Apertura de la LVF al vencer por la mínima diferencia a su clásico rival, Alumni, en la ida disputada ante una multitud en cancha del Tricolor villanovense. El gol de la victoria del elenco tricolor fue señalado por Tiago Androvetto en el complemento.
El marco de público fue realmente espectacular y hasta lógico, pensando en la gran expectativa generada por esta definición histórica que reunía a los clásicos rivales por primera vez, frente a frente, en un mano a mano directo. Más de 3.000 personas, según cálculos estimados, se dieron cita en la tradicional Leonera villanovense para presenciar esta primera final. El alto impacto popular del evento también se vio reflejado en la enorme cantidad de medios colegas que se dieron cita en cancha de Alem para cubrir las alternativas de este esperado choque futbolero.
El partido en sí fue intenso, vibrante, como podía esperarse, y con una resolución casi inesperada a poco del final. Es decir, tuvo el toque de dramatismo digno de una final.
La iniciativa en el comienzo de las acciones le correspondió al local. Con más empuje que ideas, el elenco tricolor se las ingenió para encender luces de alarma en el fondo fortinero. El camino elegido fue el carril izquierdo del ataque y el protagonista mayoritario de las intentonas locales fue Germán Bertoldo. Le costó un par de sustos a la defensa albirroja corregir ese amenazante inicio del adversario. Mayor concentración y presión fue la receta para contener los avances locales. Estos se fueron espaciando y, ante la falta de sorpresa, se registraron varios offsides de los delanteros locales. Los hombres de Alem se mostraban más finos a la hora de manejar la pelota, pero la presión de los visitantes no les daba tiempo para pensar. Alumni, sin embargo, no hacía pie en el mediocampo, donde tanto Lucas Medina como Gastón Kranevitter perdían con el tándem Agosto-Berterame. La visita proponía un juego más directo para atacar y confiaba en su triángulo creativo (Kranevitter – Monetto – Hauer) para distraer y colocar a un hombre en posición de gol. El despliegue de Máximo Stablum como referencia de ataque no alcanzó para poner en aprietos a una defensa que lució siempre muy atenta. Sin embargo, lo mejor y más peligroso de Alumni en ese primer tiempo llegó desde ese costado zurdo.
La lucha le costó a los locales sufrir la amonestación de Agustín Candellero tras una fuerte falta en perjuicio de Gaspar Hauer. Precisamente, el ex-Universitario, con mucha gambeta y atrevimiento, se transformó en un dolor de cabeza para los locales. A punto estuvo el inquieto volante fortinero de sorprender, pero su definición pegó en el lado de la red que no suma cuando se jugaban 19 minutos.
Otra imagen
Promediando la etapa, Alem cedió protagonismo; no por voluntad propia, sino por el mejor andar de los visitantes. Pero, para los dirigidos por Fabián Suescum, ese control momentáneo no se tradujo en jugadas de peligro. Debieron sus dirigidos esforzarse para crear situaciones de gol. Los centrales de Alem, concentrados al máximo, actuaron de manera oportuna ante cada insinuación de peligro. Que fueron pocas, por cierto, pasando el arquero Fabián Montiel una tarde tranquila. El blindaje defensivo de los tricolores fue tal que Alumni debió recurrir al remate de media distancia como opción para buscar el desnivel. Lucas Medina, su volante central, probando con un derechazo que salió cerca del travesaño y un potente envío de Máximo Stablum con el mismo destino fueron las acciones de ataque más relevantes de la visita. Alem no le encontraba la vuelta al juego, pero no dejaba de pelear. Casi como un rasgo distintivo de este equipo, ese espíritu de lucha inquebrantable de los dirigidos por Cristian Agosto lograba mantenerlos en juego. Al acecho, como ha sucedido en las series anteriores. Superado por el rival en alguna faceta táctica, pero con una capacidad de lucha que termina convirtiéndose en su arma más letal.
Fue así que estuvo a punto a quebrar el cero ante una desinteligencia del fondo fortinero. Las dudas entre el arquero Scalzo y el central Mojica cedieron a Jenaro Heredia una chance única que el juvenil delantero no supo resolver. Pero esa solitaria llegada no disimulaba el andar impreciso de Alem. El Fortinero manejaba más tiempo la pelota, pero no alcanzaba a descifrar la manera de vulnerar la sólida defensa local. Alumni insinuaba más de lo que lograba concretar. Y de contra, Alem lo desnudaba, mostraba sus dudas defensivas y lograba ponerlo nervioso. Como sucedió, primero, en una jugada confusa que resolvió Elías Delsole y Salort despejó con apuro cerca de la línea de gol; y después, con una definición magistral de Jorge Molinari que fue invalidada a instancias de la asistente Alba León.
Música y tarjeta
El entretiempo, a semejanza de lo que sucede en otras tierras menos futboleras y más afectas a cuestiones marketineras del deporte, cedió protagonismo a lo musical, con la actuación de la cantante local Florencia Cabral (Flor de Cumbia), que contribuyó a amenizar la espera del complemento.
La segunda parte tuvo un comienzo explosivo. En una jugada de ataque, y tras un largo pelotazo, el delantero local Jorge Molinari terminó chocando contra la humanidad del arquero Jonathan Scalzo. El juez Leandro Sosa Abrile entendió que el delantero impactó en forma ilícita al portero (juego brusco / violento) y decretó su expulsión. Sorprendente la decisión del juez por su severidad, pero a su favor vale decir que venía siguiendo la jugada a escasa distancia. Se planteó de esta manera el interrogante acerca del impacto de tremenda sanción en el curso posterior del juego.
La respuesta no tardó demasiado. El local pareció envalentonarse, luciendo más enchufado. Por el contrario, la visita lució confundida y con una actitud más bien dispersa ante la novedad. La diferencia numérica por el lado del local se suplió con una entrega descomunal y gran decisión para superar el mal momento. En forma sorprendente, el local generó más situaciones de peligro que las que había generado con once jugadores.
El arquero Scalzo fue llamado a intervenir en más oportunidades y debió resolver con oficio algunas situaciones provocadas por el local.
Los ingresos de Maxi Le Roux y Tiago Androvetto terminaron de darle forma a ese mejor momento de los locales. Liderados por la claridad conceptual de Daniel Berterame, los muchachos de Alem torcieron la balanza de los merecimientos. Pero, como bien saben los futboleros, eso no alcanza si no se marca más goles que el adversario.
Y en un partido con escasas llegadas, muchas precauciones y juego de control, tuvo que aparecer la rebeldía expresada en el pie zurdo de Daniel Berterame para meter una maravillosa asistencia para el pique del pibe Tiago Androvetto. Apareado con un defensor fortinero, el pibe de Alem corrió como la última vez en su vida y alcanzó a tocar la pelota por encima de la humanidad de Jonathan Scalzo, que alcanzó a arañar la pelota, pero no a impedir que se terminara metiendo en su arco. Explosión del pueblo tricolor para celebrar un gol histórico que servía para ganar el primer chico, pero también para desatar un festejo grande, único e irrepetible. El sueño del pibe se cumplía de manera inexorable. Imposible abstraerse del costado emotivo que tiene el fútbol. No habrá recompensas que estimulen desde lo material, pero la alegría de ese pibe no tiene comparación. Es la misma que siente los que sufrieron del otro lado del alambre, gastando sus últimas monedas para alentar desde la tribuna. A esta historia le faltan capítulos importantes, pero en su comienzo, la alegría tuvo un dueño indiscutido.
La figura: Daniel Berterame
Clave en la recuperación y para brindarle salida clara a su equipo. Siempre la entregó redonda a sus compañeros. Le sumó a su tarea un esfuerzo conmovedor. Para coronar su labor, metió una asistencia “riquelmeana” para que después el pibe Androvetto definiera el clásico.
El árbitro: Leandro Sosa Abrile
Bien. En líneas generales, estuvo acertado en cada intervención. En la jugada de la expulsión de Molinari acompañaba la jugada y resolvió con rigor extremo. Estuvo atento para evitar las simulaciones. Asistentes: Lucas Coltro y Alba León.
