Entrevista / Un apellido con marca registrada
Jacinto Ortiz colgó la fusta
Hace pocas semanas anunció que corría por última vez y con él se retiró el último de los hermanos que marcaron cinco décadas de la furia local. En su despedida, repasó su carrera con El Diario y avisó que seguirá montando, hasta que el cuerpo aguanteEl apellido Ortiz marcó casi cinco décadas del turf villamariense. Los hermanos Hugo (conocido como El Filetero), Jacinto y Facundo, se convirtieron en un sello entre los jockey de toda la provincia y el interior del país. Los tres sobresalieron y se destacaron, escribiendo su propia historia y ganando carreras emblemáticas.
Hace unos días, Jacinto Ortiz, anunció que colgaba la fusta y con él se cerró una página memorable de la furia cordobesa. El primero en retirarse fue Hugo, el mayor (un tiempo después de sufrir un accidente); luego Facundo, el menor de los tres, que se retiró hace pocas temporadas y ahora fue el turno de Jacinto, el tercero de la trilogía.
Jacinto Raúl Ortiz nació el 10 de julio de 1967, es el tercero de siete hermanos (cuatro varones y tres hermanas), pero fueron él, Hugo y Facundo los que sobresalieron en este deporte.
En diálogo con El Diario, apenas unos minutos de terminar su trabajo en el Hipódromo, se quita el casco y empieza a contar:
-¿Cómo se conforma su familia?
-Mi familia la conforman mi señora Tamara Cardozo y mi hija Lara Estefanía Ortiz, que tiene 20 años.
-Hay una fecha que une su debut y al mismo tiempo un nacimiento.
-Mi hija, Lara nació el 8 de septiembre de 2003. Yo había debutado el mismo día, 8 de septiembre, pero de 1983.
-¿Cómo empezó en el turf?
-El primero que empezó en el turf fue Hugo, el mayor (que supo correrle los caballos a Diego Maradona). Yo tenía 10 años cuando falleció mi papá. Éramos todos muy chicos. Hubo que salir a trabajar, éramos siete hermanos y nos quedamos solos con mi mamá. Empecé a trabajar con Ontivero, que tenía el stud, que estaba donde ahora está el gimnasio de rugby. Tenía 11 años. Luego trabajé con Tavecchio, con Pacheco.
-¿Cuál fue su primera carrera?
-El primer caballo que monté fue la Duquesa Real, un caballo de Tavecchio. Uno estaba acostumbrado a montar caballos de andar. Cuando le “hice liviano”, me pareció que iba muy fuerte. Yo la sofrenaba. Luego empecé a variarle a Juan Casanovas. Un día, para una reunión grande acá, un 8 de septiembre, venían varios caballos de Córdoba. En la comisión del club estaba Ángel Cámpora. Fue y le dijo a Casanovas que venían varios jockey de Córdoba, y este le contestó que con sus caballos mandaba él. Me miró y me dijo si me animaba a correr. Me pidió que me consiguiera todo para montarlo. Hugo no quería saber nada. Yo tenía 15 años. Mi primera carrera fue con Pontoise y entré tercero.
A mí me gustaba más el fútbol que el turf. Jugaba en el campito, me encantaba. Antes había muchos jockey, no es como ahora que varean y corren. Antes te hacían trabajar como loco y llegabas al fin de semana y al caballo se lo daban a un jockey. Trabajabas al vicio.
-¿Y el primer triunfo?
-El 18 de diciembre de 1983 logré mi primer triunfo, con una yegua de Leonardo Patuzzi, en Bell Ville. Luego gané varias carreras más, en Villa María, algunos dobletes, en Río Cuarto.
Llega el momento de irse a Córdoba
-Hugo me lleva a correr a Córdoba, una yegua Bonarruta de Lorenzo Gómez. Y entro segundo. A mí me gustaban poco las carreras. Un día, Hugo corría un caballo de Don Olivo y que lo cuidaba Romero. Se corría el clásico de Córdoba. Me pidió que lo acompañara y ganó. En un momento el rematador, de apellido Azar, me dijo “nene, ¿así que se viene para acá?”. Yo le dije que no y me respondió que ya había arreglado con mi hermano. Lo dejé ahí. Hugo me propuso que probara un mes y si no me gustaba me volvía. Me fui el 1 de enero de 1984, sin conocer a nadie. Tuve la suerte de conocer a la familia Carranza, que era muy buena y me acobijó un montón. Me enseñó los pasos a seguir, se lo voy a agradecer toda la vida. En la primera reunión, hago dos segundos. El segundo domingo, ya gané dos. La primera carrera que gano es un caballo de esta familia Carranza, Trevine, y se la gano a Hugo, que sale segundo con el caballo Cuspiando. Así empecé, ya empecé a manejar plata, me entusiasmé y así seguí.
-¿Cuándo regresa a Villa María?
-En el 90 me llama Pacheco, que me volviera. Que tenía un caballo para correr las largas, que se llamaba Pavero. Cuando me vine, al caballo lo corrió Claudio Montenegro, uno de La Plata. Pierde acá y en 9 de Julio. Para el San Jerónimo me lo dieron a mí, gana el caballo, y en 1991, lo vuelvo a ganar con Camboriú. Con ese gané muchos clásicos, acá también. Así me quedé, aparte yo era de acá y así seguimos laburando y corriendo, hasta el domingo 18 de febrero.
-¿Y correr en Buenos Aires?
-A Buenos Aires era más difícil ir. Tenías que tener un caballo bueno, porque se corrían pocas carreras, había tres reuniones por semana, ahora hay todos los días. Antes era más difícil porque había menos carreras.
-¿De aquellos inicios qué recuerda?
-En Córdoba me hice jockey enseguida, gané muchas carreras. Uno se hace jockey cuando corre 70 carreras, yo demoré cuatro meses en llegar a ese número. Yo era aprendiz y ganaba. Siempre fui muy trabajador.
-Hoy es el primero en llegar.
-Ahora vengo al Hipódromo antes de que abran la cancha. Me levanto a las 5 de la mañana y a las 6 ya estoy en el Hipódromo y me quedo hasta cerca del mediodía. Vareo entre 18 y 20 caballos todos los días, de lunes a sábado, llueva, haga frío o calor, estoy todos los días.
-¿Qué cambia ahora?
-Voy a hacer lo mismo todos los días. Me cambian los domingos, que no voy a correr más. El 30 de septiembre pasado tuve un accidente, me caí de un caballo y me corté todos los tendones del brazo. Para correr hay que estar al ciento por ciento, porque si no, no podés correr más.
-¿Recuerda cuántas carreras corrió?
-La verdad que no tengo ni idea la cantidad de carreras que corrí durante 40 años.
-De las llamadas oficiales, la web studbook.org.ar/, registra 308 carreras y 44 triunfos, pero fueron muchas más de las no oficiales.
-He ganado casi siempre y tuve la dicha de poder vivir de esto. He ganado en todos lados, en Buenos Aires gané en San Isidro, Palermo, en Córdoba, Río Cuarto, Rosario, Bell Ville, San Francisco, pollas de potrillos, por suerte siempre me fue bien. En las estadísticas del Hipódromo de Villa María, el nombre de Facundo y el mío estuvieron siempre. Pero los años van pasando.
-Una de las condiciones para ser jockey es el cuidado celoso con el peso.
-Ahora voy a poder comer mejor, sin pensar en el domingo, que uno tiene que cuidarse para dar el peso. Facundo, mi hermano, que es más alto, lo sufrió mucho más que uno. Ahora me puedo dar más gustos, comer algo los sábados por la noche. Antes no podía. Yo de joven salía, pero los sábados eran sagrados, porque sabía que el domingo debía estar con todas las luces.
-El día 18 de febrero corrió la última carrera. ¿Qué sensaciones tuvo?
-Fue una sensación rara ya entrar al cuarto de jockeys. Era la última vez que entraba como jockey, pero hay chicos que están corriendo bien y espero que sigan. Esto se va perdiendo de a poco. Cuando empecé, en Córdoba había más de 30 jockeys, ahora no sé si hay tres. La nuestra es una profesión riesgosa, pero linda.
-Es parte de una familia que marcó la actividad durante casi 50 años.
-Hugo empezó en el año 1977, luego arrancamos todos. Éramos chicos y estábamos atrás de él, formándonos. Se corta acá el apellido porque ninguno de nuestros hijos sigue nuestros pasos. Uno fue aprendiendo de la gente mayor, porque no fuimos a una escuela, yo terminé séptimo grado y ya me fui a trabajar. No quedaba otra. Nos fuimos abriendo paso mirando a los otros jockeys, aprendiendo y escuchando consejos. Los chicos de hoy, escuchan pocos. Mi madre nos crio así. Siempre fuimos unidos, hasta el día de hoy. Siempre nos reunimos, y tiramos todos para el mismo lado.
-¿Y ahora qué hará?
-Mis hermanos dejaron de correr y empezaron a cuidar y siguieron cuidando igual. Yo por ahora no. Quiero seguir montando. Me retiro sano. Gracias a Dios. Yo mientras pueda andar a caballo voy a seguir montando y trabajándole a la gente con la que trabajo. A Facundo, a Fontana, a Goroso. Mientras pueda. Cuando no pueda montar más veremos qué hacemos. Hasta que el cuerpo aguante.
