Clausura - Zona B - 3ra. fecha

Las emociones llegaron todas juntas

River y Rivadavia igualaron 2 a 2 en el Pozo del barrio Almirante Brown, que tuvo todos sus goles en el primer tiempo. Empezó ganando el local, se recuperó la visita y todo quedó en pardas

Escribe Ricardo Pasero

 

En una jornada dominguera, ventosa,  pero agradable en cuanto a temperatura, River empató frente a Rivadavia 2 a 2. Tras un primer tiempo emotivo, las acciones perdieron intensidad en el complemento y el partido finalizó igualado en barrio Almirante Brown.

Resulta incompleto comenzar a analizar el juego en sí, sin antes mencionar el factor climático (fuerte viento) y el mal estado del piso del campo de River. Ambos factores conspiraron por igual para que a ambos conjuntos les resultara compleja la tarea de dominar y trasladar correctamente el balón. No resulta una excusa por cierto, pero en honor a la verdad, no contemplarlo, acota el margen del análisis.

En líneas generales, el juego mostró dos partes bien diferenciadas y que coincidieron con las mitades que establece el reglamento. Un primer tiempo con emociones, errores no forzados y lucidas acciones de juego y un complemento chato, de bajo nivel técnico y pocas situaciones de peligro. El inicio fue prometedor.

Ambos conjuntos liberados de presiones y enfrentados a las dificultades extrafutbolísticas mencionadas, fueron en busca de arco rival sin complejos.

El local con más orden y gente dispuesta a tal efecto, asumió el control de las acciones sobre la base de manejar mejor la pelota.

Rivadavia (con muchas bajas con respecto al plantel subcampeón) priorizó la seguridad defensiva como condición primordial. Con un único atacante como referencia ofensiva (Maxi Páez), se encontró con muchos problemas a la hora de elaborar juego.

River no mostró una superioridad clara, pero resultó evidente su mejor manejo de la pelota. Con el aporte de Federico Cipolat en el nacimiento de sus jugadas de ataque a River llegar no le costó. La movilidad de Facundo Ferreyra y sobre todo la habilidad de Brian Gómez resultaron fundamentales para encontrar los caminos al gol. Precisamente sobre el cuarto de hora inicial, el millonario consiguió el desnivel. Gran jugada de Pini Gómez y asistencia certera para la precisa definición del zurdo Cipolat ante la salida de Marcelo Berardo.

Rivadavia sintió el golpe del gol. Sus hombres lucieron dispersos y desconectados de la nueva realidad que se abría tras la apertura del marcador.

River, por el contrario, creció en su juego y sobre todo en algunas individualidades. Fue el caso de Gómez. Un zurdito de grande condiciones técnicas, muy hábil y astuto para ganar las espaldas de sus marcadores. Y también de Ferreyra, un volante con buen manejo y lúcido a la hora del último pase. Ese mejor momento del local fue respaldado por la tarea meticulosa y precisa de su volante central Julián López, clave en la disputa de la zona media. Ante un Rivadavia perdido, que no le encontraba la vuelta al partido, River lució dominante, fue por más y no tardó en caer el segundo gol. Pelota parada, notable ejecución de Facundo Ferreyra y el impecable anticipo ofensivo de Marcos Velasco (la rozó con el pie) para llenarse la boca de gol ante la siesta de los defensores del verde.

Para más, a los 26’, Dino Gagliese (en una de las pocas que tuvo en la tarde) reventó el travesaño del arco defendido por Marcelo Berardo.

Rivadavia era una suma de voluntades que no acertaban a dar en la tecla para ensayar una respuesta ante el aluvión millonario.

Pero dónde estaba el problema, también estaba la solución. Sería en las individualidades y no en la respuesta colectiva, donde el verde cabralense comenzaría a cambiar su opaca imagen.

Lentamente, el millonario fue levantando el pie del acelerador y permitiendo que Rivadavia tomara el aire que necesitaba para ensayar una solución. Apareció en escena Franco Gozzerino para marcar el camino, pidiendo la pelota y buscando jugar por abajo. Y en pocos minutos encontró eco en algunos de sus compañeros como Ignacio Córdoba y Álvaro Biani.

Pero Rivadavia comenzaría a torcer su mala tarde gracias a la colaboración involuntaria del fondo millonario. Cuando el cronómetro marcaba los 37’ y tras una grosera pifia de un defensor local, la pelota le quedó a Córdoba para que este definiera y encontrara una floja respuesta del arquero millonario. El descuento fue clave en lo emocional para la visita.

Y, cuando se moría el primer tiempo, una corajeada de Lucas Mignola finalizó con el centro del defensor y la mano del central local Marcos Velasco, interrumpiendo la trayectoria de la pelota en el área. El juez Pablo Díaz no dudó y sancionó el claro penal a favor del visitante. Maximiliano Páez con los ojos bien abiertos no dudó y con gran puntería batió a Oliva con tiro ajustado contra el palo derecho del uno.

Parecía increíble por el desarrollo del juego que Rivadavia lograra el empate, pero el fútbol es inmune a cuestiones como la justicia. El complemento abría un espacio a la ilusión por lo mostrado en la etapa inicial.  Pero esas expectativas fueron vanas y con el correr de los minutos se fueron desvaneciendo. Pareció en verdad otro partido, con ambos conjuntos entregados a una faceta de lucha y disputa que no habían mostrado.

El desgaste físico seguro pasó factura y las energías no alcanzaron para repetir lo bueno del primer tiempo. El desarrollo mostró muchos altibajos y se vivió un partido de momentos, con dominio repartido de las acciones. River contó con más oportunidades para lograr el desnivel (la más clara la tuvo Brian Gómez, pero el cruce oportuno de Brian Montolla se lo impidió). Rivadavia de contra tuvo lo suyo y un cabezazo de Bautista Basualdo (había ingresado en el segundo tiempo) fue devuelto por el poste derecho del arco defendido por Ezequiel Oliva.

El millonario tuvo la última con un tiro libre en la puerta del área que se disputaron entre Marcos Velasco y Richard Brusa para ejecutar. Ganó la partida el delantero, pero su remate sin potencia murió en las manos de Marcelo Berardo. No hubo tiempo para más y el pitazo final del juez Pablo Díaz bajó el telón de un juego donde lo mejor se vivió en la primera mitad y que cerró en pardas.

 

El árbitro - Pablo Díaz

Cumplió una labor aceptable. Bien en el penal y correcto en la faz disciplinaria. Se le cuestionaron algunas situaciones de juego menores y sin incidencia en el desarrollo del mismo.

 

La figura - Federico Cipolat

Seguro en la marca y siempre importante en la salida de su equipo. Cuando se animó y se juntó con Facundo Ferreyra y Braian Gómez el “Millonario” marcó claras diferencias ante su rival. Abrió el marcador con una excelente definición.