Tenis / Marcelo Ingaramo

“Estoy disfrutando de esta experiencia”

El villamariense hace tres años que vive en Montana, Estados Unidos, y entrena a tres hermanos de aquel país, pero está de visita por unos días en nuestra ciudad por un motivo muy especial
lunes, 21 de agosto de 2023 · 08:30

El Sport Social está repleto de jugadores jóvenes que participan de la Copa El Ombú, muchos acompañados por entrenadores y familiares. En una mesa de la confitería está Marcelo Ingaramo, poniéndose al día con algunos amigos. Por unos días se encuentra en Villa María, en un viaje relámpago que hizo desde Bozeman, en el Estado de Montana (en el norte de los Estados Unidos, cerca del límite con Canadá). ¿El motivo del viaje?, un hecho familiar muy especial, conocer a su nieta, que nació hace algunas semanas.

En Bozeman se radicó hace más de tres años y entrena, desde entonces, a tres hermanos (al principio fueron cuatro, pero la mayor ahora está en la universidad). Como Montana tiene un clima riguroso en invierno, la familia cuenta con una cancha techada y calefaccionada, para no interrumpir los entrenamientos. Además, en sus fines de semana libres, aprovecha para recorrer y visitar algunos de los parques nacionales que están próximos a Bozeman y muchas de esas vivencias las comparte en sus redes sociales.

Marcelo, nacido en Villa María, el 13 de octubre de 1962, fue jugador profesional en gran parte de la década del ´80 y los primeros años del ´90, enfrentando en su historial a jugadores como Guillermo Vilas, Thomas Muster, Emilio Sánchez Vicario, Horacio de la Peña, Martin Jaite, Gabriel Markus, Miloslav Mecir Sr, Stefan Eriksson, Christian Miniussi, Yannick Noah, Guillermo Pérez Roldán, Stefan Edberg, Javier Sánchez Vicario, entre otros.  

Marcelo dialogó con El Diario de este presente que disfruta y de la experiencia de seguir enseñando.

-¿Otra vez por Villa María? No pasó mucho tiempo desde tu última visita.

-Estuve en diciembre pasado haciendo trámites de la visa. Supuestamente, me volvía a fines de agosto, cuando terminaba mi vínculo, al final me pidieron que me quedara hasta diciembre. Fui abuelo y vine a conocer a mi nieta, que se llama Inés y nació hace un mes y medio. Pensaba que iba a conocerla en septiembre, pero como me quedaré unos meses más en Estados Unidos, dije que tenía que venir a Villa María unos días.

-¿Allá sentís que estás más tranquilo, comparado con el trabajo en una academia?

-Es tranquilo, pero es una clase de tenis, eh! Estoy trabajando con tres hermanos, pero empecé en el primer año con cuatro. La hermana más grande ya empezó la universidad y ahora estoy trabajando con los otros tres, que tienen 18, 16 y 10, los últimos dos son varones.

El acuerdo era hasta fin de agosto, porque la más grande de las que ahora trabajan conmigo empieza la universidad. Ella ya arregló para jugar en el equipo de tenis de la universidad de la ciudad donde vivimos, ella quiere seguir entrenando por lo menos hasta diciembre. La competencia universitaria empieza entre enero y febrero, y en esta época ellos no entrenan mucho en la universidad. Ella está acostumbrada a jugar todos los días.

-Los que te seguimos en redes vemos que subís siempre fotos o videos de tus paseos. Vivís en un lugar cerca del Parque Yellowstone.

-Muy cerca. Estoy a una hora. Yo conocía el noroeste de Estados Unidos, porque viví un año no muy lejos de ahí, como a mil kilómetros, en el Estado de Washington, que es el último Estado en el límite con Canadá y el océano Pacífico. Montana es el que le sigue para el centro, y también limita con Canadá. Tenía idea de lo que me iba a encontrar, pero igualmente me sorprendió. La vida que se puede llevar ahí es muy tranquila. No hay ciudades grandes, Bozeman tiene 50 mil habitantes y la más grande del Estado tiene 70 mil. Es uno de los Estados menos poblados. Hay muchas montañas y muchos parques nacionales. Uno es el Yellowstone, que es inmenso y tiene un millón de hectáreas, Fue el primer parque nacional del mundo. Pero más al norte hay otro que se llama Los Glaciares, al sur hay otro que se llama Grand Teton. Son lugares que no me canso de ir. A Yellowstone he ido una treintena de veces y siempre descubro algo nuevo. Es increíble la cantidad de animales. El parque no tiene perímetro. Los animales entran y salen y muchas veces ves más animales llegando que dentro. Además, hay miles de geiser.

-¿En qué te cambió la vida la decisión de trabajar con estos hermanos?

-Me cambió la vida porque la vida es diferente ahí. Nunca había vivido con temperaturas invernales tan extremas de 20 o 25 grados bajo cero. Nunca me afectó el frío, por eso no me afecta. Ha sido todo nuevo, lo de manejar en la nieve o el hielo. Pero ahora es verano y hay temperaturas de 30 grados. Hay mucha amplitud térmica. En invierno a las 5 de la tarde ya es de noche. Este último invierno fue el más duro de los tres que estuve. Nevó muchísimo más que los anteriores.

-¿Estás lejos de tu lugar de entrenamiento?

-Yo vivo en el centro de Bozeman y esta familia vive más a las afueras, En verano, demoro en llegar 15 minutos, en invierno un poco más, porque hay que ir más despacio. Este invierno hubo un día que no pude sacar el auto, porque la nieve pegaba por arriba del baúl, Fue impresionante la cantidad que nevó. Tuve que esperar un rato que pasara una máquina y en un rato despejan todo. Estas son las cosas que estoy viviendo y nunca había vivido. He disfrutado este lugar porque me gustan los bosques, las montañas y los lagos. Al que le guste la playa, ese lugar no es para él. Si te gusta salir a caminar o trotar hay infinidad de lugares, y maravillosos… Por ahí llegás a un lado y en el medio del bosque te cruzas con animales. Este invierno, había ciervitos que venían a comer al patio de mi casa.

-Volviendo al tenis. ¿Tus alumnos compiten en los torneos?

-La que tiene 18 juega los torneos de máximo nivel, los de Grado 1. Hace tres o cuatro semanas la acompañé a Charleston, en Carolina del Sur, a jugar uno, y la semana pasada fue a otro a San Diego. Ella se mueve jugando los mejores torneos. Ya ganó tres veces, pero sin perder un games.  El de 16 juega torneos más dentro del Estado o en los Estados del noroeste. Los dos más chicos son campeones estatales. Allá empiezan jugando en los colegios. El objetivo del chico de 16 de los últimos dos años, era prepararse cuando entrara a la secundaria. Y ahora entró a la secundaria y le ganó a chicos que tienen dos o tres años más que él. El más chico, también juega al básquet, le gustan los deportes por equipos, y también juega al tenis.

-En un lugar de invierno tan riguroso, las condiciones de trabajo que tienen son óptimas

-Siempre lo pienso y se lo comento a mis amigos. Las condiciones de trabajo son las soñadas. Tengo la cancha solamente para mí. No tengo que esperar por si está ocupada, o alguien esperando que yo termine. Estoy disfrutando de esta experiencia. De los últimos 30 años, fue la mejor decisión que tomé. He tenido suerte con esta familia porque es maravillosa, me atienden increíblemente bien, los chicos son muy educados conmigo, muy respetuosos y eso me gratifica. A veces puede tocarte dar clases a chicos complicados, pero estos chicos, no. Son maravillosos, me tratan como parte de su familia.

-Y después de diciembre ¿Qué hay en tu futuro?

-Hasta diciembre voy a estar con ellos, luego quiero venir a Villa María a estar un poco con mi nieta. Pero siempre buscando seguir trabajando porque lo hago con gusto. No creo que sea opción estar trabajando en Argentina, por el momento. Tengo planes de seguir afuera del país.

-¿Cómo se vivió el Mundial de Qatar?

-Vi el partido solo porque Marcela, mi señora, estaba en Argentina. Pensé que si había argentinos viviendo allá los iba a conocer en el centro de Bozeman, me fui y no me encontré con ninguno. Nunca me crucé con ninguno. Ahora, a través de un norteamericano, me hice amigo de un grupo de argentinos. Pienso, ¿cómo no los conocí antes? La única argentina que conocía es una chica que juega en el equipo de tenis de la universidad de allá. La fui a ver, me fui con mi mate y se me acercó un norteamericano que hablaba algo de castellano, y me contó que seis meses al año vivía en Córdoba:  y me presentó a una decena de argentinos que viven allá. Me hice muy amigo de dos, uno que es de Rafaela y otro de Rosario, nos juntamos a cenar y hemos ido de camping juntos.