El RG, campeón por primera vez
Con el grito enorme del sur
La irrupción de La Palestina ratifica la validez de apostar al éxito desde el pueblo, como lo hicieron otros clubes de la zona en diferentes épocas. En una década, ya son siete los títulos que viajaron por la ruta S358, que va de Cabral a TicinoA pesar de que nunca había logrado la gloria máxima en la Liga Villamariense, La Palestina no era un pueblo más dentro del fútbol local.
Cuando en el censo apenas registraban 500 habitantes, dos de ellos ya habían jugado en Primera división: Diego Novaretti (Belgrano) y David Reano (Boca), un lujo que pocas localidades de su magnitud se pueden dar en la provincia. Y cuando muchos clubes que hicieron historia en la Liga penaban por tener un poco más de gente en la cancha, toda la comunidad de Tierra Santa pintaba de azul y oro su cancha para demostrar que se trataba de un espacio futbolero por capricho y naturaleza.
Sin embargo, con los años, Ricardo Gutiérrez tuvo que lidiar entre sus propias limitaciones para seguir en pie y los “vecinos” que fueron ganando títulos.
Cientos de niños crecieron pateando la pelota en La Palestina, soñando algún día como el de ayer, pero se fueron haciendo grandes viendo cómo el resto se deleitaba con la copa en la mano.
Paradoja del destino, los hijos de la Tierra Santa debieron emigrar hacia otros destinos para ser parte de esa conquista. Pero no fueron los únicos que atravesaron esa etapa.
Cuenta la historia de nuestro fútbol que recién un pueblo celebró un título 22 años después del primer campeonato de la Liga Villamariense.
Fue Unión de Ballesteros Sud, en 1938, el que rompió con la hegemonía villamariense, la de San Martín, Sarmiento, Unión Central, Ameghino, Alumni, Central Argentino…
Seis años después le tocó el turno a otra localidad, Oliva, con Independiente.
Curiosamente, esas dos pioneras de la región ya no están en la Liga Villamariense.
Después vinieron dos décadas de dominio netamente local, en tiempos de canchas llenas en Villa María, aunque Villa Nueva regaba su nombre de gloria con Alem y sus equipos memorables.
En 1974 hubo un cambio de época porque Rivadavia de Arroyo Cabral empezó a levantar la mano desde el Sur, aunque fue la década del 80, con un inolvidable Colón y San Lorenzo de Las Perdices, cuando el fútbol empezó a viajar con sus vueltas olímpicas por la ruta 158. De hecho, desde el norte, pero por la misma ruta, La Playosa se anotaba en el 85 por primera vez en el listado de los campeones de la LVF.
En los 90 llegó la satisfacción máxima para Tío Pujio, con Yrigoyen, y en la década siguiente fue el turno de Ticino, con Atlético y la consolidación de un camino ganador.
La irrupción de La Palestina, que ya venía pidiendo pista desde que regresó a la competencia, dejó una cifra que marca una época distinta a la que se escribía en el nacimiento de la Liga: en los últimos 10 años se jugaron 18 campeonatos, de los cuales site títulos fueron parte del tramo de 23 kilómetros de la ruta S358, que une Arroyo Cabral con Ticino.
La historia dice que esa pequeña región tiene ya 12 vueltas olímpicas con Colón, 7 con Rivadavia, 5 con Ticino y ahora la primera medalla del RG.
Resulta que los que antes pateaban en el pueblo y se iban, un día volvieron y, si no pudieron jugar, se corrieron unos metros y siguieron laburando, fueron dirigentes, armaron un grupo -que es más que un plantel- y contagiaron al pueblo para dejar de ser simples testigos de la gloria ajena y convertirse en los nuevos dueños del grito grande del sur. Un grito que, con el correr de los años, finalmente jerarquizó el concepto de competencia regional.
