La Naranja Mecánica, de escuelita a Asociación Civil en una década

Nació en 2013, como una propuesta no competitiva y de formación. Su crecimiento obligó a dar un cambio de timón. En 2022 se sumó a la Asociación local y este año debutó en Ligas Cordobesas
miércoles, 21 de junio de 2023 · 08:30

Gabriel Pons (foto), profesor de Educación Física y entrenador de básquet, es considerado uno de los más destacados formadores que tiene la actividad. Hace poco más de una década, dejó la actividad en los clubes y encaró un proyecto personal que ha crecido y se convirtió en Asociación Civil.

En 2013, luego de experiencias en clubes como Ameghino, Asociación Española, Central Argentino y seleccionados villamarienses, Pons optó por un proyecto personal e iniciar una escuela de mini básquet: La Naranja Mecánica. Desde aquel momento, la misma comenzó a funcionar en el gimnasio del Club Rivadavia, del barrio del mismo nombre, y estuvo alejado de la competencia oficial, aunque el empuje de los padres generó que la iniciativa se reconvirtiera con el paso del tiempo.

La Naranja Mecánica fue, desde sus inicios, un espacio deportivo que, por su ubicación, sumó a niños del barrio Rivadavia, y otros que se encuentran en ese sector, desde el Centro a Las Playas y desde el Bello Horizonte hasta Villa Nueva.

Si se tiene en cuenta el mapa de la ciudad, es una de las escasas propuestas deportivas formativas, más allá del bulevar Sarmiento y de ahí la importancia de su presencia en ese sector.

Luego de una década de trabajo, en 2022 tuvo su debut competitivo, inscribiendo su primer equipo U13 en los torneos de la ABVM; y hace pocos días, llegó el debut en la Liga Provincial de la misma categoría. Además, el año pasado, se convirtió en La Naranja Mecánica Deportivo y Social Asociación Civil, logrando la personería jurídica. 

La década transcurrida por la Naranja Mecánica y su transformación en un equipo que ahora compite en forma federada, demuestra un crecimiento que no tiene techo en lo deportivo; aunque, paradójicamente, tampoco lo tenga en lo edilicio, por lo que debe alquilar dos espacios para realizar sus actividades. Luego de su debut en la Liga Cordobesa U13, Gabriel Pons diálogo con El Diario y contó sobre esos inicios: “Hacía tiempo que buscaba un espacio para encarar este proyecto. En marzo de 2013, hacía cinco meses que estaba sin trabajar en básquet, y Jorge Biga (ya fallecido) que era presidente del Club Rivadavia, me ofreció el espacio para hacer La Naranja Mecánica, alquilando el gimnasio. Lo inicié como una necesidad que veía en el básquet competitivo, donde había chicos que se alejaban porque no querían jugar, papás que preferían estar los domingos con la familia y por una necesidad personal, de brindarles un lugar a estos chicos. Empecé con pocos jugadores y tenía hasta U15. Con el tiempo fui achicando las categorías de arriba, y fueron creciendo las de abajo. Prioricé calidad y más horas, achicando el número de categorías”, contó.

“Había papás que, al principio, no querían el básquet competitivo, pero con el tiempo sus hijos siguieron jugando y tuvieron que marcharse a Unión, Sparta, Ameghino o Central Argentino”, destacó y agregó “Luego de un tiempo, Jorge Biga me consultó cómo hacer para transformarnos en club, pero quedó ahí; no era fácil. El club, en ese caso, debería pagar un entrenador, la afiliación a la Asociación, comprar más elementos, darle más horas a los entrenamientos. Había una buena cantidad de chicos, pero quedó todo ahí”, recordó Pons.

“Años después, hubo padres que propusieron participar de los encuentros y torneos. Nosotros entrenábamos de la misma manera que el resto de los clubes, pero no competíamos. Empezamos a participar de distintos encuentros provinciales. Pero dejaron de invitarnos, luego que el presidente de la Asociación de ese momento (N. de la R.: estaba Carlos Gilibertti), amenazara con sancionar o multar a los clubes que nos invitaran, porque no estábamos afiliados. Tampoco nos dejaban jugar como invitados”, agregó el entrenador.

 

Cambio de rumbo

“En 2017 se va una camada muy grande de chicos U13 a Sparta, hoy muchos de ellos juegan en la U17. También incorporamos el básquet en silla de ruedas, con un equipo recreativo-competitivo con jugadores de 15 a 43 años. Participamos de varios encuentros y un par de jugadores llegaron a la selección cordobesa. Pero hubo que suspender las prácticas por falta de espacio”, destacó.

“En 2018, 2019 y 2022, incorporamos los viajes a los encuentros en Buenos Aires, donde los chicos dormían en casas de familias, y tuvimos que incorporar la logística para cuando nos devolvieran la visita, aquellos que nos recibían”, indicó.

“Que los chicos se fueran a otros clubes y la superpoblación que tienen todos (N. de la R.: cuentan con dos líneas en cada categoría), demuestra que hacen faltan clubes, y encima muchos dejaron de practicar la actividad”, señaló.

En cuanto a la ubicación donde hoy funcionan, expresó: “Estar en Rivadavia es un lugar estratégico, porque por ese sector no hay otras ofertas deportivas, como vóley o handball. Con todo esto, más el empuje de los padres, empezamos a pensar en hacer algo diferente. En 2017 incorporamos la mascota ‘Garra’, pedimos permiso para volver a participar de los encuentros y entendimos que había que dar un paso más. Para afiliarnos a la asociación había que estar en regla: teníamos que crear una Asociación Civil, tener un nombre jurídico, porque Naranja Mecánica es un nombre de fantasía”.

 

La Asociación Civil

Pons sigue contando el paso a paso de este crecimiento: “En 2021, empezamos con los padres a hacer todos los trámites, a partir que se reanudó todo con la pandemia, aunque nosotros seguimos entrenando por Zoom en aquel momento. En la última parte de ese año jugamos el torneo local, con un equipo U12, participando en U13. La experiencia resultó positiva, y en marzo de 2022, salió todo lo de la Inspección de Personas Jurídicas; desde entonces somos La Naranja Mecánica Deportivo y Social Asociación Civil”.

Hoy el presidente es Diego Canaparo, el tesorero Diego Cerutti y la secretaria Noelia Eusebio, pero hay un gran número de padres que también forman parte de la comisión.

Gabriel Pons entregó toda esa estructura (que él mismo construyó) a la nueva Asociación Civil, ya no es el dueño, solo quedó como un socio fundador. “No podía estar como presidente, porque no es ético. Conseguimos que sea una Asociación Civil, para mí es un sueño cumplido”.

“En 2022, debutamos con la U13 y en agosto se sumó como entrenador de la categoría Diego Prado. Yo opté por quedarme con el Mini. Además, se sumaron este año un montón de chicos U15, hay hasta jugadores de Alto Alegre”, destacó el entrenador.

“Algunos podrán decirme que resigné mucho desde lo económico, dado que cedí 10 años de mi vida, que me costó armar todo esto. Elegí a los padres que podían colaborar en una comisión directiva con la confianza de saber que iban a darle continuidad al proyecto y lo iban a hacer crecer. La idea es sumarles otras actividades con el tiempo”, valoró.

 

Los frutos del árbol

“Siento orgullo y satisfacción, cumplimos 10 años, de mucho esfuerzo, con un gran apoyo de mi familia. Fue la primera escuela en Villa María. También refundé la de Ticino y creé la del club Alem, ambas se las dejé a otros profes para que la siguieran”, contó Pons.  

“Mi mayor satisfacción es que con los U13, en este torneo 2023 jugamos la Copa de Oro y terminamos cuartos. Hoy disfruto ver el crecimiento, el árbol con sus frutos. No lo estoy dirigiendo, aunque me hubiera gustado. Yo estoy como ayudante de campo en U13 y U15 y sigo en el mini, que es fundamental en cualquier club. En esta la relación con jugadores y familia es más personal. En las competitivas son distintas las presiones. El año próximo planificamos crear la U17”, señaló.

 

El gran problema

Pons sostuvo que “un problema que hoy tenemos es la falta de espacio. En la actualidad alquilamos los gimnasios de los clubes Rivadavia y el Banco de Córdoba. Nos cuesta sostener todo eso. Tenemos 120 chicos, pero con perspectivas de seguir creciendo”.

“Mi mayor miedo es que el proyecto no pueda continuar por falta de espacio. Estamos viendo alternativas con los padres, para tener un terreno para armar nuestro propio lugar. Hemos presentado pedidos en la Municipalidad, ya hemos hablado con varios funcionarios para ver la factibilidad. Nuestra idea es poder seguir en un espacio cercano a nuestra ubicación actual, y contar con una cancha de básquet, pero también darle un espacio social a los socios, vecinos y a los colegios cercanos que no tengan un lugar para sus clases de Educación Física”, destacó. 

“Algunos me dicen que todo lo que me propongo lo consigo. Creo que en el aspecto deportivo no tenemos techo, lo mismo que en lo social y en lo estructural. Por eso le pusimos Deportivo y Social, porque no hay que olvidarse de lo social. Lamentablemente, tampoco contamos con un techo propio, para poder seguir creciendo”, concluyó.