APERTURA / Zona B /?4ta. fecha

El oportunismo de un líder

Rivadavia defendió su liderazgo en el Campus y le ganó 1 a 0 a Universitario. El juvenil Agustín Pérez, quien remplazó a un lesionado Bendazzi (por infracción que le valió la roja Falco en el PT), le dio la victoria al cabralense

Escribe Ricardo Pasero

 

En un partido duro, áspero y de escaso nivel futbolístico, el verde cabralense, gracias al oportunismo de Agustín Pérez, se quedó con los tres puntos en su visita a la cancha de Universitario. Un triunfo que le costó demasiado ante un rival que no mostró la imagen de otras tardes.

El comienzo fue parejo, con ambos conjuntos demasiado concentrados en no cometer errores y pensando más en cuidarse que en atacar.

La visita encontró mejores caminos en su armado ofensivo en esos minutos iniciales que se parecieron bastante a un largo round de estudio.

Alguna proyección aislada de Tomás González, que puso en aprietos al fondo local, y un remate débil del zaguero Lautaro Roberto tras un córner de Gozzerino fueron los primeros llamados de atención para el fondo local. Enfrente, la movilidad de Lautaro Saravia insinuaba posibles peligros para el fondo cabralense, pero su soledad y falta de socios desbarataron rápidamente cualquier atisbo de esperanza. Bien tomado Pratti y con poca participación del resto, los ataques locales se desvanecían en centros sin destino. Solo la astucia de Lucas Barengo se transformaba en el argumento de mayor peso a la hora de pensar en el arco defendido por Marcelo Berardo. Pero le costaba al hábil jugador de la U meterse en partido y mostrar parte de su habitual repertorio.

La falta de ideas y juego claro dio paso al juego fuerte. El juez no supo advertir a tiempo las señales que llegaban del campo y dejó jugar más de la cuenta. Solo bastó que alguna infracción de mitad de cancha quedara sin sanción para que los supuestos damnificados intentaran el camino de la justicia por mano propia. Así llegaríamos a la jugada bisagra del juego, que marcaría a fuego el resto de la historia. Matías Bendazzi, lejos del área y buscando defender un balón en la zona media de la cancha, sufrió de espaldas una muy violenta entrada de parte de Federico Falco. Lo que parecía una simple acción de juego pronto se transformó en otra cosa. Los gestos desesperados de los compañeros de Bendazzi reclamando asistencia para el jugador tirado en el piso causaron temor e incertidumbre. Rápidamente, las miradas apuntaron al árbitro, que había sancionado con tarjeta amarilla al jugador local. Se vivieron momentos de gran nerviosismo y el juez Nahuel Gómez, tras observar la gravedad de la lesión de Bendazzi (sufrió un profundo corte en el gemelo de su pierna izquierda que, según la indicación del Dr. Ambrosino, requirieron puntos de sutura en un centro asistencial al que fue trasladado) cambió su decisión inicial y expulsó a Falco. El partido ya no fue el mismo; primero, por la diferencia numérica; y segundo, por el ánimo de los protagonistas afectados todavía por la situación vivida. Rivadavia perdió a Bendazzi y el Chacho Peñaloza mandó a la cancha a Agustín Pérez. El local no realizó variantes y pasó a defender con tres (Perón, Berterame y Cipolat), lo que obligó a un trabajo mayor de los volantes en la recuperación.

El mal clima entre los protagonistas se mantuvo por varios minutos. El partido parecía escapar del control de un juez con poca personalidad y cuya actuación ingresaría en un cono de sombras.

Rivadavia no supo acomodarse a la nueva situación planteada tras la expulsión de Falco. Con un rival conmovido y desconcentrado, no cambió el ritmo y lo dejó jugar sin atacarlo a fondo. Esperó demasiado cerca de su área y dejó que la zona media fuera tierra de tránsito y libre circulación.

Pero en el comienzo del complemento, el lateral visitante Joaquín Pereyra abandonó su posición defensiva y se proyectó con decisión. Tras una pared con Demarchi voló hacia el final de la cancha y mandó el centro rasante, que Agustín Perez empujó al gol, ingresando por el segundo palo.

El gol dejó conmovido a los locales. Daniel Berterame se multiplicaba para tapar todos los problemas defensivos y además le mostraba el camino a sus compañeros para ir en busca del empate. Pero el partido se había roto, no había mediocampo y todo se reducía a tratar de meter la pelota en el área rival. Rivadavia, de contra, lucía un poco más sereno, pero no aprovechaba los espacios que su rival dejaba por doquier. La franja izquierda del ataque cabralense era la zona indicada para liquidar la historia. El local, con todos sus problemas a cuestas (defendía mano a mano, no encontraba conductor y carecía de una presencia de peso en el área rival), complicaba a Rivadavia cuando lo ponía de costado. Gonzalo Acosta, y sobre todo Nicolás Ceballo, le aportaron velocidad y movilidad.

Rivadavia parecía resignarse a defender la diferencia ante un adversario jugado y sin demasiadas luces. Optó por sufrir cuando no parecía necesario. A sus jugadores les faltó la dosis de audacia y astucia para resolver con más tranquilidad un partido que se le ofrecía en bandeja.

Otro que no estuvo a la altura fue el juez, que perjudicó claramente a Universitario en la parte final del juego. Primero, en una jugada donde los locales jugaron rápido un tiro libre y Barengo terminó definiendo al gol. El juez invalidó todo sin advertir que ni los jugadores visitantes habían pedido barrera. Las otras jugadas son de interpretación. Primero, en la parte izquierda del área de Rivadavia, donde Lautaro Saravia, tras perfilar su disparo, fue derribado por un defensor visitante, y poco después, cuando Gonzalo Acosta, dentro del área, fue víctima de una carga desleal y el árbitro, de flojísima labor, miró para otro lado.

Rivadavia, cerca del final, desperdició un par de chances claras y debió sufrir hasta el pitazo final para terminar confirmando su valioso pero sufrido triunfo ante Universitario en la noche del Campus.

 

La figura - Daniel Berterame

Lideró a un equipo que no tuvo demasiado fútbol, pero sí mucha entrega. Puntal de una defensa con demasiadas dudas. Marcó el camino a sus compañeros a la hora de buscar un empate que no estuvo lejano.

El árbitro - Nahuel Gómez

No tuvo una buena tarde. En el primer tiempo, tras observar la pierna maltrecha de Bendazzi, decidió expulsar a Falco, a quien solo amonestó en primera instancia. En el complemento, le anuló mal un gol y dejó sin sanción dos jugadas que parecieron penales a favor del local.