CLAUSURA / Semifinal / Vuelta

Con el Diablo en el cuerpo

Yrigoyen volvió a vencer a Alumni y clasificó a la final. Con el gol de Martín Arroyo en el primer tiempo, festejó en La Caldera y extendió su invicto. El rival por el título será Atlético Ticino
lunes, 11 de diciembre de 2023 · 12:08

Yrigoyen venció a Alumni en Tío Pujio por 1 a 0 y se consagró finalista del torneo Clausura de la LVF. En el partido de ida, la victoria también había quedado en poder del equipo de la vecina localidad, por 2 a 0. En la instancia decisiva, el elenco que dirige Martín Conti, y que registra una extensa serie invicta, definirá el certamen frente al Atlético Ticino.

Con una actitud agresiva y dominante, Alumni se dispuso a jugar en campo contrario con la urgente necesidad de remontar el 0-2 de la ida. Con una línea de volantes más compacta y decidida, arrinconó a un rival sorprendido en ese comienzo del juego. Imponiendo superioridad desde lo numérico, el balón fue propiedad casi exclusiva del Fortinero.

“Es un premio para un chico joven como él, que cree en su manera de jugar y lo hace de la manera que se ve acá.  Igual, Lo individual siempre está por debajo de lo colectivo y él lo entiende”. Martín Conti, sobre Martín Arroyo, una de las figuras del Diablo Rojo.

Con una buena rotación de sus hombres y las incursiones amenazantes por los costados, la visita congeló cualquier reacción de Yrigoyen.

Le costó bastante hacer pie a los dirigidos por Martín Conti. Pero su equipo superó la prueba con éxito. Demostró que también sabe sufrir y no caer en la desesperación. Pero lució una imagen distinta a la mostrada en Plaza Ocampo. Jugó apurado, incómodo y al ritmo de su rival. Pero bastó que Martín Arroyo tomé confianza y sea alternativa para que la tranquilidad volviera al cuerpo de los hinchas del equipo rojo.

Su velocidad marcó la diferencia. Alumni abandonó su posición dominante y comenzó a preocuparse por lo que hacía su adversario. No le sobraba fútbol a Yrigoyen, pero lentamente sus jugadores comprendieron que con solo levantar la cabeza y buscar a Arroyo, algo distinto podía pasar.

Programado para atacar a la visita, le resultó problemático tener que ocuparse en defender. Arroyo ganó por la derecha a cualquier rival que intentó contenerlo y se animó siempre a terminar la jugada.

Aquel comienzo prometedor de Alumni, con el furibundo cabezazo de Román Martini que devolvió el travesaño y el cruce salvador de Carlos Jacobi ante el intento de Lucas Peludé, lentamente ingresaba en el olvido.

El juego se hizo más friccionado y luchado en la zona media y el local se acomodaba mejor a esa faceta del juego, sin embargo, también costó llegar con peligro.

Pero alcanzó que Martín Arroyo (tras gran habilitación de Esquivel) ataque a fondo para que la realidad del partido sufriera un quiebre. Gran enganche del volante local ante los defensores fortineros y definición precisa ante la salida de Jonathan Scalzo para adelantar a su equipo sobre los 23 minutos.

El gol desmoronó al visitante. Fue un golpe que nunca pudo asimilar. Alumni, ante el fracaso de su plan inicial, lució desconcertado y casi sin reacción. Casi sobre el final de la etapa, Nicolás Yanantuoni robó la pelota a Facundo Molina en salida y partió decidido hacia el arco defendido por Scalzo. Pero al volante local le faltó resto físico y claridad para terminar la jugada.

El entretiempo resultó crucial para Alumni. Necesitaba aire y nuevas ideas. Su entrenador, Fabián Suescum, apeló al banco de suplentes y el fortinero pareció retomar el vigor de los tramos iniciales del partido.   

Pero ahora, a sus necesidades, Alumni le sumaba un enemigo implacable: el reloj. Solo parecía haber espacio para la hazaña.

Tras un comienzo dubitativo en el complemento, el local acomodó sus piezas defensivas y comenzó a manejar los tiempos del juego. Buscó ser ordenado y sumar gente en campo propio. A los muchachos de Alumni la cosa se le complicó demasiado. Sus intentos se repetían y terminaban de la misma manera: centros sin destinatarios claros o pases filtrados sin ton ni son.

El encuentro ya no tenía el ritmo del primer tiempo y, con el correr de los minutos, se pegaba más de lo que se jugaba. Yrigoyen sabía que con espacios podía aumentar la diferencia de contra, pero se mostró demasiado impreciso en los pases. Conti mandó a la cancha a Maxi Bustos, pero no alcanzó para sentenciar una historia que daba indicios de que se había terminado con el gol.

Alumni siguió intentando con mucha hidalguía hasta el final, pero ni siquiera el tiro del final le salió (buen remate de Galleguillo que salió rozando el poste derecho de Morales).

Al equipo de Martín Conti le alcanzó con parte de sus mejores virtudes este domingo, pero en la serie demostró ser más que Alumni. El Diablo de Tío Pujio, con claros argumentos futboleros, se hizo un lugar en la final y va por el objetivo mayor: el título que lo consagre como el mejor.

La figura: Martín Arroyo

Con su velocidad marcó diferencias. Su juego dinámico y explosivo vulneró cualquier intento de control de sus rivales. La infracción fue el recurso más utilizado para intentar detenerlo. Como plus, marcó el gol del triunfo local.

 

El árbitro: Jonathan Rodríguez Leyria

Bien. Supo conducir el juego y resolvió con acierto cada situación comprometida. Buscó agilizar el juego y no se complicó con las tarjetas.