Clausura / 7ma. fecha /?Zona Sur

El Verde le hizo precio

Con tres tantos en el segundo tiempo, Rivadavia goleó 3 a 0 a Colón en condición de local. Maxi Bustos, Jonathan Zabala y Joaquín Pereyra fueron los autores de los tantos
lunes, 5 de septiembre de 2022 · 13:00

Escribe: Ricardo Passero

 

Medio Arroyo Cabral festejó largamente la victoria en el clásico. Esa explosión de alegría se vistió de verde tras la goleada de Rivadavia sobre un desdibujado Colón por 3 a 0.

Tremenda victoria no admite discusión, pero si una breve explicación de como se terminó consumando. La historia del partido se dividió claramente en dos capítulos. El primero coincidió con la primera etapa y fue demasiado aburrido. Jugado como todo clásico, con nervios y demasiadas precauciones. Se buscó privilegiar el orden defensivo, para no otorgar ventajas, y eso se tradujo en escasos espacios y pocos rebeldes dispuestos a romper los esquemas, dispuestos por ambos entrenadores.

Rivadavia lograba encender las alarmas defensivas de la visita cuando Maxi Bustos ganaba las espaldas de Daniel Méndez y contaba con pista para su velocidad. El problema estaba en la segunda fase del plan ofensivo del local. Jonathan Zavala quedaba atrás y solo la presencia solitaria de Agustín Pérez se mostraba como opción para cerrar los ataques.

Con el correr de los minutos,  Alvaro Biani comenzó a mostrar mayor presencia en el juego y se transformó en la rueda de auxilio de todos los avances.

Colón se sentía incómodo y no encontraba respuestas, especialmente en la zona media,  donde Franco Ñáñez se debatía en soledad ante los volantes rivales. Recuperar la pelota para los dirigidos por Matías Tisera se transformaba en un problema. No tenía salida limpia desde la mitad del campo, tarea asignada para Agustín Moreno y Alejandro Astorga. Y esto no era solo una cuestión de ineficacia de los hombres de Colón, sino consecuencia de la red de contención dispuesta por el entrenador local.

Román Castro y Nicolás Arias  fueron abanderados de la lucha por desbaratar la faz creativa del rival y además se acoplaron perfectamente a la hora de darle salida a su equipo. Esta lucha táctica fue clave. En un marco de paridad, pero con Rivadavia ganando la batalla del mediocampo, transcurrió el primer tiempo. Aburrieron es cierto, pero hubo algunas situaciones de gol.

Sobre los 25’ un desborde a pura velocidad de Bustos terminó en un centro peligroso, que Alvaro Biani no pudo conectar bien ingresando por el medio del área. Cerca del final, cuando se jugaban 43’ se invirtieron los roles y fue Biani el que mandó la pelota al área para que Maxi Bustos terminara la jugada con un derechazo desviado y sin peligro. Lo de Colón fue más tibio, casi todas las jugadas de ataque pasaron por los pies o la cabeza de Alejandro Salinas. Pero la visita cerraría el capítulo disponiendo de la chance más clara: Agustín Moreno (demasiado apagado e intermitente) ganó en la individual y al enfrentar a Marcelo Berardo definió con un remate ajustado contra el poste derecho que salió rozándolo.

 

Tiempo de cambio

El segundo capítulo de esta historia fue bien distinta. Rivadavia lució más decidido y convencido de que debía ir por el triunfo. Biani marcó el camino luchando una pelota en el área rival a los 5’ y cayendo tras chocar contra Ñáñez. Bien, el juez Rodríguez al no cobrar nada porque fue solo encontronazo propio del juego. Pocos minutos después llegaría la jugada que marcaría un quiebre en el partido. Pelota larga y corrida de Bustos por izquierda que termina definiendo con un remate ajustado contra el palo derecho de Peretti que salió a intentar el corte salvador. La jugada fue tan electrizante que sorprendió a todos y más aún cuando los hombres de Colón rodearon inmediatamente al juez Rodríguez alegando que la pelota había ingresado por el costado externo de la red. Pasaron algunos minutos de cabildeos entre el juez y los jugadores visitantes. Evidentemente, el juez dudaba a pesar de acompañar de cerca la jugada durante la definición. Decidió constatar visualmente el estado de la red, consultar a su primer asistente (que pocos minutos antes había controlado el estado de la red antes de reiniciarse el complemento) y después convalidar un gol absolutamente legítimo. La actuación del árbitro no fue la misma desde ese momento, se mostró inseguro y cometió varios errores.

Tampoco Colón fue el mismo después del gol de Bustos. El visitante se desmoronó como un castillo de naipes soplado por una leve brisa. Lució totalmente desconcertado y Rivadavia no tuvo piedad con el rival de toda la vida. Tan solo 5’ después, tras un centro de Alvaro Biani y un rechazo del fondo rojinegro la pelota quedó para el zurdazo tremendo de Zabala que se terminó clavando en el arco de un sorprendido Joaquín Peretti.

Colón pedía la cuenta de protección, no podía sostenerse en pie y Rivadavia fue por el golpe de nocaut.  Todo se vistió de verde, Rivadavia jugó a su antojo. Movió la pelota a voluntad y comenzó a atacar a un rival presente en cuerpo, pero destruido en su espíritu. El partido se transformó en una sucesión de jugadas de gol generadas por los hombres de Rivadavia ante la impotencia de un Colón absolutamente desbordado y superado.

El arquero Peretti con gran dignidad, se transformó en la última valla de contención ante la ambición de los locales. Primero a los 20’ evitó el gol ante la llegada de Pérez y a los 24’ se lució ante el disparo de Zabala.

Sobre los 25’ el juez Rodríguez miró para otro lado y dejó sin sanción un claro penal de Santiago Comba en perjuicio de Matías Bendazzi. El propio Bendazzi tuvo tiempo para mostrar que sus virtudes y su oficio no se oxidan con el paso del tiempo. Con 42 años se transformó en una pesadilla para la pobre defensa del rojinegro. El veterano delantero coronó su gr an tarde desbordando por derecha y metiendo el centro rasante para la definición de Joaquín Pereyra, apareciendo por el segundo palo cuando el reloj marcaba los 35’.

Colón cerró su opaca actuación a pura dignidad. No recurrió al golpe artero y buscó el descuento con las pocas armas que había mostrado.

Rivadavia respiró, se relajó y disfrutó con su gente esos minutos finales de una tarde redonda. Esas que se guardan en la memoria del hincha, para disfrutar cuando el tiempo calle los ecos del festejo.

El árbitro - Jonathan Rodríguez Leiría

Regular. Bien en el primer tiempo. En la primera polémica en el complemento (primer gol de Rivadavia) dudó demasiado para convalidar el gol. A partir de ese momento su actuación se desdibujó. Obvió un evidente penal para Rivadavia por falta a Bendazzi en el área.

La figura - Maxi Bustos

Tras un primer tiempo donde solo había inquietado con su velocidad, marcó un gol en un momento clave del juego. Protestado por los jugadores de Colón, su “gol fantasma” desbarató los planes del Rojinegro que a partir de ese momento se derrumbó.