Apertura / 8avos. de final / revancha

Goles para todos los Bustos

Con una enorme tarea del delantero, junto a Giménez y todo el trabajo colectivo, Rivadavia torció la historia y goleó 5 a 1 a Sportivo Playosa en Cabral. El Albo dejó todo en el terreno de juego, pero una tempranera expulsión lo doblegó

Escribe / Fotos 

Daniel Rodríguez - Pablo  Pieckenstainer

 

Desde temprano, Rivadavia ahuyentó todos los fantasmas y goleó categóricamente 5 a 1 a Sportivo Playosa en Arroyo Cabral.

Si bien el cotejo tuvo un resultado abultado, eso sucedió en el final, ya que el Albo murió con las botas puestas y dejó todo en el campo de juego.

La jerarquía de Lucas Giménez y Maximiliano Bustos fueron cruciales para que el Verde pueda construir su triunfo. De igual manera, los dirigidos por Paulo Velasco no se quedaron atrás, con un Julián Cecchini hábil que dejó todo sobre el campo de juego. La tempranera expulsión de Marcos Velasco (7 minutos del primer tiempo) en el visitante terminó gravitando en el resto del encuentro.

Desde el inicio, el elenco dirigido por Germán Vicario fue a la carga. Venían de perder 1 a 0 y con un empate (por ventaja deportiva) podían acceder a la siguiente fase.

Lo cierto es que en el segundo tiro de esquina, a los 3 minutos de juego, Giménez le envió un centro al primer palo a Bustos, que terminó transformándose en el primer tanto, tras un furibundo cabezazo del delantero.

Recibió un golpe duro Playosa, que inmediatamente acusó otro cachetazo tras la expulsión de Velasco por presunta agresión.

Con tal panorama, Rivadavia creció y se animó a explotar las bandas. Así, Bustos estuvo cerca de aumentar la ventaja a los 14 en una contra -que fue bien despejada por Antón Troxler- y también tuvo su ocasión Bianchi, que, tras recoger un rebote, la terminó tirando por arriba del ángulo izquierdo de Fabricio Garetto.

Era un monólogo de los dueños de casa, por lo menos hasta los 27, cuando Cecchini envió un exquisito tiro libre desde la puerta del área que se quiso meter en la “ratonera” de Marcelo Berardo, pero el portero estuvo atento y la envió al tiro de esquina. Volvió a probar suerte Cecchini, pero no pudo desenfundar ante la presencia de Tomás Lorca.

Esos ataques demostraron que los visitantes estaban vivos y no apostaban a un juego poco digno para conseguir el gol necesario. Medalla a la hidalguía.

A los 32 llegaría, del mismo modo y con los mismos protagonistas, el segundo grito de la tarde. La fórmula fue calcada: tiro de esquina de Giménez y cabezazo de Bustos, pero ahora desde el punto del penal. 2 a 0.

El Albo siguió intentando por medio de Goroso -que la envió débil y a las manos de Berardo- (a los 40). Y luego con un doble remate de Cecchini. Desde adentro del área, el juvenil ex Alumni fusiló a Berardo, que detuvo -sin dar rebote- dos pelotas increíbles que no podían ser otra cosa que gol.

Al primer acto le quedó  más: un gol increíble que se perdió Molina y un mano a mano que le tapan Garetto y Román Cosavella a Giménez.

Para la segunda etapa, el visitante apostó a quemar las naves con el ingreso de Ríos por el defensor Giovanini.  Con esa premisa hizo todo para ponerse a tiro.

Los hermanos Cosavella se asociaron, asistieron a Cecchini y Bella se posicionó con más comodidad en el ataque, pero no había forma. El fondo de Rivadavia despejaba todo, con una enorme tarea, y buscaban devolver los ataques por medio de contragolpes certeros.

Recién a los 36 de la segunda etapa llegaría el tanto merecido para Playosa. Desde un centro enviado de la izquierda por Acosta, Cecchini les ganó en velocidad (y en posición) a los defensores centrales cabralenses y marcó el descuento transitorio. 2 a 1 y la ilusión se encendía.

Pero el tamaño de la esperanza se desinfló con un tremendo derechazo desde afuera del área del recién ingresado Franco Gozzerino. El volante (que reemplazó a Mignola) desenfundó, disparó desde 30 metros y la metió el ángulo izquierdo de un Garetto que poco podía hacer ante tamaña calidad. 3 a 1 y a otra cosa.

Pero a la historia le quedaba más algarabía -para los dueños de casa-. A los 40, Garetto le detuvo un mano a mano a Zabala y, a los 41, Gozzerino ingresó con comodidad al área chica y, sin ángulo, le envió un centro (mitad centro, mitad sombrero) a Facundo Molina, para transformar la victoria en goleada. A los 41, se pusieron 4 a 1.

Quedó tiempo para uno más: nuevamente en posición de ataque, Molina viajó hasta el fondo y desde allí envió un centro horizontal que encontró diezmada a la defensa de Playosa. Torelli estuvo en el momento justo y en el lugar indicado para marcar el quinto y último tanto mientras caía la tarde.

Ganó Rivadavia y ganó bien. Hizo lo que tenía que hacer y más. Creciendo de menor a mayor (desde el inicio del certamen hasta ayer), los de Vicario demostraron que disfrutan de su juego y que tienen la solidez necesaria para enfrentar lo que se viene.

La próxima parada será en cuartos, cuando deban medirse con Unión Central, un histórico equipo villamariense que no será de fácil faena.

La figura - Maximiliano Bustos

Marcó un doblete, creó y entregó todo. Se asoció perfectamente con Giménez (otro que hizo un partidazo). Punto alto para Marcelo Berardo, que hizo lo necesario cuando las papas quemaban. En el visitante se destacó la entrega de Julián Cecchini y la seguridad de Fabricio Garetto.

El árbitro - Mariano Peñaflor

De correcta labor. Sorprendió con la expulsión de Velasco, pero seguramente tendrá sus argumentos, dada la cercanía a la jugada. Fue bien secundado por sus asistentes.