El Verde comenzó a creer y crecer
En el amanecer del partido, Mignola puso en ventaja a Rivadavia y los cabralenses sumaron su segunda victoria al hilo. La cifra no fue mayor porque Leonel Luciano contuvo varios balones vitales que evitaron una caída más abultadaEscribe Pablo Luna Broggi
Bajo un cielo repleto de nubes que amenazan con una inminente llovizna, el Deportivo Argentino recibía a Rivadavia en su "guarida" de barrio Nicolás Avellaneda con la necesidad de retornar a la senda de la victoria, tras una dura y dolorosa derrota de visitante ante Asociación Española, que lo había bajado de la punta de la Zona B.
El verde cabralense visitaba Villa María con la clara intención de llevarse tres puntos que lo acercaran a los puestos de vanguardia.
Los dirigidos por Germán Vicario venían de vencer a 9 de Julio de Pasco, y querían aprovechar el envión victorioso (y anímico) que le había dejado el triunfo ante el Patriota.
Apenas iniciado el partido, y ante la caída de las primeras gotas, el visitante generó un buen desborde por el costado derecho que derivó en un centro definido por Matías Bianchi que Leonel Luciani atajó de gran manera.
Luego, inmediatamente, Rivadavia volvió a llegar: iba un minuto de juego cuando un remate de larga distancia le hizo dar un rebote largo a "Cumbia" Luciani, y Lucas Mignola aprovechó para poner a su equipo arriba en el marcador.
Tras el gol del conjunto cabralense, la llovizna comenzó a hacerse más intensa y esto provocó que el "fuego" inicial del partido, se apague.
El local pudo responder recién a los 13 minutos con un tiro libre del bueno de Pedro Berazategui que se marchó demasiado alto.
Poco después, Bianchi tuvo otra oportunidad de marcar para el visitante, pero, tras una gran jugada personal, su disparo pasó muy cerca del ángulo derecho de Luciani.
Pasados los 20 minutos, Argentino intentó por medio de Facundo Turina y Benjamín Martínez llevar peligro al arco rival, pero sin fortuna.
No era la tarde del Lobo, no le salía una. Rivadavia había ganado totalmente el mediocampo, y desde ahí, controlaba todas las acciones de juego.
En el inicio del complemento, cuando la lluvia había prácticamente desaparecido, Christian Romero mandó a la cancha a Gustavo Martínez e Isaías Candiotto, para darle más juego, velocidad y verticalidad a un equipo sin respuestas, pero las ilusiones del Lobo comenzaron a esfumarse cuando Nahuel Franco dejó a su equipo con uno menos por doble amonestación. Y más allá de que mucho no se notó superioridad numérica, el desgaste fue mucho mayor.
A los 24 minutos, Andrés Vicenti probó de tiro libre extender la diferencia en el tanteador, pero su zurdazo fue contenido de buena manera por el arquero local.
Luego, "Cumbia" se lució nuevamente tras un gran remate de Maximiliano Bustos.
A los 42, una gran jugada personal de Candiotto casi termina en el empate tan deseado, pero Christian Fernández remató como pudo y Marcelo Berardo contuvo el remate sin problemas.
Ya, al cierre del partido, el juvenil Bruno Balbas mano a mano con el uno albiazul quiso ponerle el moño al triunfo verde y la picó, pero "Cumbia" se quedó con la ilusión del mediocampista cabralense.
Quedaba una más para Pablo Torelli, también intentó poner el 2 a 0, pero su zurdazo se fue demasiado alto y el telón terminó bajándose con la mínima diferencia a favor de los conducidos por Vicario (que sumaron su segunda victoria al hilo).
El festejo del visitante fue casi de campeonato. La necesidad de ganar era tanta, que la euforia del final fue reflejo fiel de la ansiedad contenida por lograrla. Es que, Rivadavia ahora, a pocas fechas del final de la fase clasificatoria, se mete en la discusión importante, con dos triunfos muy importantes y necesarios.
En el local, todo era desazón y preocupación, por lo que pasó, por lo que se mostró, lo que se desaprovechó y lo que viene.
El árbitro - Gabriel Pérez
Regular. Obvió algunas infracciones claras y fuertes, y eso generó malestar en ambas parcialidades.
La figura - Lucas Mignola
Aportó el gol del triunfo, y se adueñó del mediocampo verde, desde donde aportó tranquilidad. A Isaías Candiotto, le alcanzó solo un tiempo para ser el más desequilibrante del Lobo.
