Opinión / Es un sentimiento...
Un hermoso “país de mierda”
De los 195 países existentes en la actualidad, solamente 8 han ganado el tesoro dorado del fútbol: Brasil (en 5 ocasiones), Alemania (en 4), Italia (en 4), Argentina (en 3), Francia (en 2), Uruguay (en 2), Inglaterra (en 1) y España (en 1).Medio mundo esperaba que la selección de Argentina se alzara con el tesoro dorado. Esa media mitad, cuya riqueza (y cuya felicidad) fue saqueada por colonizadores y piratas allende los mares; esa mitad, digo, alzó nuestra bandera, se pintó la cara, intentó entender nuestro idioma tan particular, muchaaaachos. Saltaron a las calles, saltaron en las calles, los despojados se unieron a nuestro abrazo desde diferentes rincones del planeta; qué les voy a contar que no hayan visto: Bangladesh, Haití, India, Pakistán, por citar algunos, como Irlanda del Norte, por apuntar hacia otro lado. Y no digo Perú, porque sabemos siempre está, como estuvo con los pibes de Malvinas, que jamás olvidaré. Tampoco hablo de Nápoles, con Diego y sus padres alentándolo a Lionel; Doña Tota, abuela, la la la lá… Sí debería mencionar, en cambio, sitios donde el festejo de un triunfo argento puede resultar inusual, como el que se dio en esa favela de Brasil con sus calles pintadas de celeste y blanco; el de Madrid, que iluminó con los colores patrios, de nuestra Patria, la Puerta del Sol y la Real Casas de Correos; el mar de camisetas del messías que hacía olas frente a la Opera House, en Sidney, o la desopilante escena que registraron los celulares en Londres, donde un centenar de argentinos cantaba “el que no salta, es un inglés”. Y así, hasta el infinito, desde el símbolo del Mundial de Qatar.
La ONU, que no reconoce a Palestina, dice que hay 194 países en el mundo. Yo sí la reconozco, por lo que digo que, de los 195 países existentes en la actualidad, solamente 8 han ganado el tesoro dorado del fútbol: Brasil (en 5 ocasiones), Alemania (en 4), Italia (en 4), Argentina (en 3), Francia (en 2), Uruguay (en 2), Inglaterra (en 1) y España (en 1).
Pero la señora que está en la cola del Banco de Córdoba dice que “no aprendemos más” y que somos “un país de mierda”, porque dos cajeros ya no tienen plata a las 11 de la mañana, siendo que “estamos en vísperas de Navidad”. Siento que Favaloro, Storni, Piazolla, Pizarnik, Borges… se revuelven por decirle que no, que nada que ver, que no es así la cosa... Y me callo.
Dice lo mismo a media tarde un colega de radio porque “no podemos siquiera organizar un festejo”. Lo lanza cuando los jugadores de la Scaloneta se tuvieron que tomar los helicópteros porque cuatro o cinco millones de ciudadanos no habían sido correctamente ubicados, cada uno en su sitio, y porque dos de ellos se tiraron desde un puente sobre el descapotable en el que viajaban los campeones mundiales. “Perdón, no debería decirlo -se disculpa-, pero somos un país de mierda”. Y vuelvo a callar. No llamo a la radio para salir al cruce, para tirarme a los pies como Otamendi, para… no sé, explicarle cualquier cosa… Que existen esos 195 países, que la inmensa mayoría no tiene ni un Premio Nobel y que nosotros tenemos a Houssay, Leloir, Milstein, Pérez Esquivel y Saavedra Lamas. Línea de cinco tenemos...
Ahora que se me viene la noche, con esa frase “de mierda” retumbándome en la cabeza por los dos episodios sufridos en la misma jornada y por otros anteriores en los que también guardé silencio, y empiezo a golpear fuerte las teclas, con enjundia, con la fuerza de Julián, con la vehemencia de Rodrigo y el Cuti juntos, para decir, parafraseando al capitán: ¡vayan payá! No me callo más. Amo este país “de mierda”.
Y lo digo convencido de que esos millones que el martes saludaron a los gladiadores, tanto como los que no pudieron estar entre Ezeiza y la Ciudad de Buenos Aires, los que salieron el domingo a las plazas de las dos Villas y de cada localidad, sienten igual. Los vi. Lo llevaban escrito en el rostro. “País de mierda, las pelotas”. Cantaron por Argentina, la sintieron, se abrazaron, no se preguntaron absolutamente nada, porque lo sabían todo. Lo malo que nos pasa a todos y lo bueno que nos pasa a todos. Eran militantes de un insurrecto y estupendo Movimiento de Ilusión Nacional; solidarios en la risa y en el llanto.
Ha sido muy fuerte lo de este mes. La energía que envió ese grupo de muchaaaachos a su pueblo, como la que recibió, a manera de devolución, el equipazo que conforman, traspasó las fronteras. La corriente de afecto encendió a medio mundo; lo energizó, lo conmovió.
Al comienzo, acompañaron los que se sentían reivindicados con cada gol de la Albiceleste. Luego, empezaron a dejar entrever su simpatía por Argentina personalidades consagradas, desde Alejandro Sanz a Elon Musk, desde Daddy Yankee, Bad Bunny, Residente, Wisin, Ricky Martin, Ozuna y Adele, hasta Harry Styles… Y en el mismo mundo futbolero, rivales históricos como el alemán Mario Götze y el chileno Gary Medel fueron hasta el elogio y más allá. Ojo, porque es fútbol y nada más, me dirán...
¿Es fútbol y nada más? ¿De dónde salió entonces esa necesidad, esa argentinidad al palo? Acaso esa mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizón en el viaje a Venus, esa amalgama de campito de Fiorito y filosofía de Sztajnszrajber, ese revoltijo de Biblia y calefón, ese cóctel de Boca y River, de Belgrano y Talleres, de Alem y Alumni, esa amalgama del sabio de Pujato y de la mano de Leo Messi y de la mano de D10S… Acaso, digo, eso que somos no es lo que nos permite adivinar que en la vida, como en el fútbol, hay revancha.
En Argentina nací…
No te lo puedo explicar
Porque no vas a entender…
Muchaaaachos
Ahora nos volvimos
a ilusionar.
Quiero ganar la cuarta.
Nos merecemos eso y mucho más. Hay equipo. Hay un pueblo que vislumbra que unido jamás será vencido.
