Mundial se escribe con M

martes, 20 de diciembre de 2022 · 08:30

Es innegable la influencia, tanto gloriosa como funesta, la insoslayable y decisiva importancia que tiene y ha tenido para la Argentina la letra M en los campeonatos mundiales que supimos conseguir. Messi, Maradona y Kempes, que, atenti, se llama Mario (la K viene siendo un plus nacional y popular que nunca está de más). El Dibu Martínez, el Pato Fillol, que se llama Ubaldo Matildo, con M mayúscula.

En el Mundial del 86, que se jugó en México, fue la Mano de D10s la que le hizo el gol a los ingleses que nos piratearon las Malvinas (el lado oscuro de aquella copa). En el 78, estaban los Milicos en el poder (otra vez, la cara oscura de una copa). Y así podríamos seguir con los ejemplos, porque en este Qatar que acaba de terminar, Messi y Martínez hicieron lo suyo, no me digan que no. Y los demás pibes también, porque lo dejaron todo y más en la cancha, y, de yapa, jugando bien y con alegría. Una verdadera Maravilla. Pero el verdadero ganador del  Mundial de Qatar, el que, calladito la boca, con el perfil bajo que lo caracteriza, hizo lo que había que hacer  para ganar el Mundial, fue MM, Mufasa, posta, posta . A las pruebas me remito: con solo nombrarlos, o saludarlos, o sacarse una foto con ellos, limpió del camino a los grandes candidatos: incineró a la raza superior, aria y alemanísima; a la alegría brasilera, que abolló como un boleto de lotería sin premio; al querido rey de España, aunque no sin angustia, lo mandó a lavar los baldes; a Cristiano Ronaldo y a Portugal los mandó afuera igual; a Países Bajos los dejó de oferta como una caja de bocaditos Holanda; y a los croatas, dale que va. Infalible. Aunque a veces, hay que reconocerlo, se le fue la mano. Porque liberó sus fuerzas,  incluso con Argentina, cuando fue a la cancha sin previo aviso, al primer partido contra Arabia, y no nos dio la posibilidad de operar los hechizos antimufas y mafias. Porque el tipo tiene la doble eme no solo en el nombre y el apellido, sino en los atributos que le fueron dados por origen y linaje.

¡Y fue también ayer a la final! Por D10S,  ¡qué manera de sufrir! Por suerte avisó que iba a ir y se pudieron activar todos los protocolos cabuleros habidos y por haber, porque si no, te la debo. Mira que jugaron bien los pibes, eh. ¡Un partidazo! El gol de Di María, toda esa jugada que llevó al golazo ese, ¡¡debería enseñarse en las universidades del divino potrero de todo el universo y los universos paralelos!! Y así y todo, la inefable presencia del inefable MM, ¡tiraba para abajo como un gigantesco salvavidas de plomo! Menos mal que ya lo había saludado a Macron y a Mbappé, que si no, no sé. ¡¡El tipo es infalible!! Yo lo quiero jugando para mí, así, siempre, cómo el patadura pesquero que es en el Liverpool, molestando al arquero contrario y untando al juez (al del campo y los de las líneas) y espiando al rival. En el pan y queso, me lo quedo, aunque él después se quede con mi pan y con mi queso, y si te descuidas, con la pelota, las camisetas y la canchita. Claro que también hay que mentar la destacada labor de todo el cuerpo técnico de la Scaloneta, ¡y lo que jugaron y entregaron esos pibes durante toda la competencia, mamma mía! Pero estoy convencido de que sin la inestimable contribución del de la fundación que te FIFA, no hubiéramos ganado la Copa. Así que, no es por politizar el Mundial, pero, si en las próximas elecciones, el Muchacho se llega a presentar o manda a alguno de los suyos,  fíjate bien qué vas a hacer. No digas que no te avisé.

Sergio Stocchero