Yo quiero a mi bandera

Las Villas y la región reunieron una multitud de argentinos celebrando la tercera estrella de la selección argentina. Más de 20 mil personas se hicieron presentes en plaza Centenario. Villamarienses, desde el extranjero, también compartieron sus alegrías
lunes, 19 de diciembre de 2022 · 09:03

Un grito villamariense en Nápoles, un festejo villanovense en Francia, un puño cerrado y una sonrisa al lado de un televisor en la noche Suiza o en Alemania, un grito bien fuerte y con los ojos repletos de lágrimas en cualquier rostro, el nuestro por ejemplo.

En Villa Nueva la caravana comenzó desde el Parque municipal 
Los villanovenses desplegaron una bandera de 470 metros (arriba) 
Explotó Pasco

Ambas Villas –y también la región- se vistieron de celeste y blanco, durante la tarde de ayer.

Ni bien Gonzalo Montiel batió a Hugo Lloris desde los 12 pasos y coronó campeón a la selección argentina, miles de villamarienses partieron en medio de la siesta dominical rumbo a la plaza Centenario para compartir allí sus alegrías con todos.

Puqui Charras, nuestra “Abuela la la la la la”
¡Hasta un dinosaurio se hizo presente en plaza Centenario!

Y la convocatoria duplicó a la que hace menos de una semana había ubicado a 10 mil personas en microcentro de la ciudad (tras la victoria sobre Croacia). Más de 20 mil personas se reunieron a celebrar invadiéndolo todo.

Las fuentes, a pesar de estar valladas, se vieron con vecinos refrescándose y corriendo en su interior. Desde los balcones, quienes habitan en el Centro, arrojaban baldazos de agua a la parcialidad que –desde abajo- lo agradecía.

Desde el santuario del Diego, en Nápoli, Reano compartió su alegría

Un hombre vestido con  thawb y gutra (aquella prenda blanca suelta y la tela roja y blanca que utilizan los qataríes) se fotografiaba con todos los que quisieran.

Desde un auto sonaba fuerte desde el estéreo el Himno Nacional Argentino en la versión cuartetera (aquella que grabó la Mona Jiménez hace tanto y tan poco tiempo a la vez).

En otro golpe de vista se podía observar a un hombre vestido con un poncho y un bombo legüero entre sus manos, acompañando los bombos, redoblantes y repiques que lo invadían todo.

Los bares también eran un hervidero. Algunos estaban por cábala, otros por comodidad, el resto porque querían estar bien cerca de la hora de celebrar.

Y se sabía que iba a ser así: a las 11 de la mañana ya estaban todos adentro, las carnicerías habían anunciado que cerraban a esa hora, así como todos los locales que abrieron para ofrecer nieve loca, pinturas o banderas. Tras almorzar, con un nudo en la garganta, llegó el momento de la alegría y la partida.

Eran las 16.30 y seguían llegando a la plaza. Y desde todos lados “Yo soy de Río Segundo, me vine hasta acá a festejar”, aseguraba una mujer en un diálogo que supo escucharse.

“Perdoname”, dijo una muchacha tras chocar en medio de la euforia a un joven que llevaba una jarra entre sus manos.

Y hubo de todo: hasta un dinosaurio caminando en el centro de la ciudad.

Por las calles aledañas los vehículos seguían pasando: motocicletas haciendo sonar sus bocinas, camionetas con personas en su parte posterior enarbolando banderas, una madre pintándole de celeste y blanco, las mejillas a su hija y un padre levantando en sus hombros a sus hijos.

La réplica de la copa del mundo volaba de mano en mano y todos la besaban (uno, con el bebote de su hija, también lo agitaba y lo hundía entre los cielos). Aquellos que decidieron ir con sus mascotas, la prepararon para la ocasión: una perrita con tres estrellas pegadas entre sus ojos y otro perro con una remera argentina atada en su cuello.

En Silvio Pellico, primero vieron el partido en el Polideportivo 

El amor por la selección argentina lo invadió todo y unió a todos. A las 18.30 muchos aún continuaban dando la vuelta “de la mano de Lio Messi” por la calle San Martín, rumbo a la calle Santa Fe.

La Plaza del Mundial, aquella ubicada a la vera del puente Juan Bautista Alberdi, encontraba a personas turnándose para guardar su imagen junto al trofeo escultural.

“Elegí creer”, decía una camioneta escrita donde también se fotografiaban. Un hombre, con los brazos abiertos al cielo, lucía una remera con la frase “¿Qué mirás Bobo?”.

“Fueron 70 los efectivos convocados y, afortunadamente, no hubo nada que lamentar, todo fue en paz. El horario del partido también nos ayudó bastante, porque sigue siendo de día”, le aseguró una fuente de la Policía de la Provincia de Córdoba a El Diario.

En Silvio Pellico, primero vieron el partido en el Polideportivo 

Si bien la entidad que nuclea a varios locales comerciales ubicados en el casco céntrico compartió un comunicado a los fines de proteger vidrieras y mobiliarios, desde la fuerza aseguraron que eso se había estado en consideración desde un primer momento.

 

Todas las abuelas

Solo bastaba con que una adulta mayor se encontrara cerca para que todos entonaran el “Abuela la la la la”. Aquella mujer de 76 años de Liniers (Buenos Aires) que se volvió viral y generó que la fiesta sumara a todas y a todos.  Nótese que el “Abuela la la la la” se canta con el ritmo de Go West de Pet Shop Boys.

 

Cinco cuadras y más

Villa Nueva, que más tarde se unió a su ciudad hermana, comenzó con una caravana en pleno Parque Hipólito Yrigoyen. Desde allí partió una bandera argentina eterna de 470 metros que culminó en plaza Capitán de los Andes. Y allí también estaban todos. El párroco Víctor Dottori sonreía mientras se fotografiaba con algún funcionario municipal. Más atrás, las motos hacían sonar sus bocinas.

Si bien se supo a último momento que Villa Nueva iba a celebrar primero de local, la gente no falló y allí fue.

 

En los pueblos

Y la región también hubo emoción: Morrison; la plaza de La Palestina, la plaza de Pasco y en la ciudad de Oliva, con su ruta cortada, también vivieron y celebraron una jornada inolvidable.

Bell Ville, ciudad del Matador Kempes porque estaba en Qatar- también volvía a emocionarse y a sentir la alegría celeste y blanca que invadió todo.

En Silvio Pellico, pantalla gigante mediante, se reunió en el Polideportivo para seguirlo todo. En James Craik, tras la celebración, también preparaban todo. En Arroyo Cabral, y su plaza a la vera de la ruta 158, el panorama emocionaba.

 

Cerca

Fabián Rubiolo, periodista villamariense, en Suiza compartió por sus redes, bien entrada la noche europea, una fotografía junto a la televisión y sonriente.

En Alemania, Simón Flores, quien no hace mucho está en el país germánico, también sonreía y les hacía conocer a sus amigos la alegría que lo embargaba: “Justicia poética”, dijo.

Todos estábamos, nadie faltó, estabas vos, estaba yo, estaba el Diego y aquel ser querido que se fue y no lo pudiste compartir con él.

Agustín Reano, villamariense en Nápoli, lo celebró con mística junto a otros compatriotas. Se encontraba en el santuario de Diego Maradona. Y lo hizo por una promesa: si Argentina jugaba la final iba a estar allí. La travesía, que duró días, terminó bien.

“Estoy sin voz”, dice Agustín en un audio enviado por WhatsApp. “Cuando hicimos la peregrinación éramos cuatro cuadras de argentinos por las calles. Fuimos al santuario del Diego, después nos dispersamos en distintos bares y ahora -en el momento de los festejos- estamos en la plaza principal”, relató.

María de los Ángeles Fornero, escritora oriunda de Carrilobo, que estuvo radicada durante varios años en Villa María, desde Córdoba capital -en la tradicional esquina del Patio Olmos-, compartió una bandera que hacía justicia: el celeste y blanco  de nuestro manto sagrado y las Malvinas Argentinas impresas en el medio, doradas.

El calor estuvo, por estas cosas raras de que un Mundial se juegue en verano, pero más calor aportó la gente, que lo sigue celebrando y lo seguirá haciendo, para sobrevivir, porque en medio de tantas malas y malísimas, también se llora de alegría.

Al fútbol argentino, salud.

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