LIGA PROFESIONAL/ ÚLTIMA FECHA/ Boca

El DT menos pensado

lunes, 24 de octubre de 2022 · 08:31

Hugo Ibarra, cuando nadie lo pensaba, surgió como DT de Boca, rearmó al plantel en silencio y con humildad consiguió llevar al club donde fue figura como jugador a la obtención del título.

Recibió el equipo cuando era un "hierro caliente" tras la eliminación ante Corinthians por penales en los octavos de la Copa Libertadores y luego del despido de Sebastián Battaglia junto a la salida del capitán Carlos Izquierdoz.

"Difícil la teníamos hace tres meses", dijo a los periodistas en La Plata luego de ganarle a Gimnasia por 2 a 1 el jueves pasado.

Con su sonrisa de dientes blancos y su mirada sin mentiras, sabía que ya su principal batalla la había ganado que es la de empezar a ser respetado como técnico en el "mundo Boca".

A este formoseño de 48 años que se retiró con la "azul y oro" en el 2010 y que a lo largo de su brillante carrera como futbolista logró títulos internacionales y nacionales, nunca le paso por su cabeza que iba a festejar como entrenador de la primera del club que fue hincha desde que nació en el pueblo de El Colorado.

Tras dejar la actividad, pasó por varios puestos. Dirigió inferiores con la anterior gestión?y fue uno de los pocos que quedó en la renovación que comandó Juan Román Riquelme como vicepresidente segundo y encargado del fútbol allá por diciembre del 2019.

Su idea era siempre ayudar, pero no comandar el barco, su perfil bajo y cauto parecía no dar para aquel que tiene que mandar en un vestuario tan fuerte y complicado como siempre fue el de Boca.

No obstante, agarró la reserva y, luego de la "trágica" noche del 5 de julio ante los brasileros con el posterior despido de Battaglia, se hizo cargo del equipo ante San Lorenzo. Entonces lo convencieron para ser interino por un partido y con la determinación de mandar a Izquierdoz referente y capitán al banco después que trascendió la pelea del defensor con Riquelme.

Se bancó la derrota dura ante el Ciclón y de interino 48 horas después fue presentado como el técnico hasta diciembre.

Se vinieron momentos duros y partidos difíciles con las derrotas, mientras la crítica empezaba a ser despiadada.

Como en un rompecabezas, Ibarra empezó armar ficha por ficha, recompuso relaciones con dirigentes y, tras hablar con su amigo Román, confió en los juveniles que él había tenido en la reserva.

Los asados de los viernes, todos juntos en el predio de Ezeiza, mitad mística y mitad cábala, encarrilaron su rumbo al éxito.