De luto / El doctor tenía 78 años
Murió Tito Pérez Scauso, un indispensable del deporte
Durante tres décadas fue el médico de reconocidos planteles de Alumni e integrante de la comisión municipal de boxeo, siempre ad honorem. Supo salvar vidas en los cuadriláteros y hasta fue clave en una recordada victoria del Gringo SenaEl deporte local despide por estas horas a uno de sus médicos más queridos: a los 78 años, en Buenos Aires (donde estaba radicado hace un tiempo) y víctima de una grave enfermedad, falleció ayer el doctor Edgar “Tito” Pérez Scauso, quien fuera por décadas el profesional de la salud de Alumni e integrante de la comisión municipal de boxeo, con recordadas participaciones.
El popular Tito fue uno de esos personajes ineludibles, que aportó al deporte todos sus conocimientos sin recibir un peso, más que el reconocimiento de boxeadores, jugadores, entrenadores, profesores de educación física y dirigentes.
Fiel amigo del inolvidable Nene Miranda, Pérez Scauso fue el médico que más años trabajó para Alumni, en diferentes etapas.
Cuidó a los campeones del 91 y siguió con los planteles en la Liga Cordobesa. Más tarde, a principios de 2000, volvió como médico en el torneo Argentino B, ocupándose de la salud de los futbolistas en las recordadas épocas de los equipos de Pedro Catalano o Rubén Agüero.
El Club Alumni lo despidió ayer por las redes sociales, enviando “las más sentidas condolencias a los familiares y amigos”.
En tanto, el Panadero Adrián López, quien supo compartir varios años con Pérez Scauso en el club (como jugador y dirigente), lo recordó como “un gran colaborador, que ayudó mucho a Alumni y a todo el deporte”.
“Cuando gerenciamos al fútbol del club recuerdo que lo pasaba a buscar para viajar a donde iba el plantel y él siempre estaba predispuesto”, remarcó López.
Siempre en forma física, más allá de la edad, el médico se distinguía porque era el primero en ponerse los botines para entrar hacia el banco de suplentes junto al cuerpo técnico.
Su paso largo y cansino, cruzando la cancha con el botiquín en la mano, fue un sello en muchas tardes de Plaza Ocampo, pero también en el Padre Martearena de Salta o el Mario Kempes de Córdoba.
El Panadero López lo recordó con una anécdota y una sonrisa: “En un partido en Santiago del Estero, el Alumni del Negro Agüero ganó por goleada y los hinchas de Central Córdoba invadieron la cancha para pegarle a sus jugadores; todo el plantel villamariense salió corriendo para el túnel y Tito, del susto, se olvidó el maletín que llevaba con todos los elementos de la sanidad; los hinchas le patearon el botiquín como una pelota. Después de los incidentes, el doctor andaba de rodillas tratando de recuperar las cosas”.
Salvador de vidas y de peleas
Si bien hasta después de los 60 años siguió con las artes marciales, Pérez Scauso fue una referencia en la salud del boxeo local.
A principios de los 70 se sumó a la comisión municipal del deporte de los puños y su figura era repetida cada vez que la acción en el cuadrilátero necesitaba de un médico.
Fue tanta su experiencia y sus conocimientos del boxeo que siempre le resaltaban que “salvaba vidas y peleas”.
El 15 de diciembre de 2000, durante una pelea por el título provincial, Diego Rocky Giménez, quien venía arrasando en el campo rentado (había ganado sus 11 peleas por nocaut), mantuvo su ritmo demoledor en una noche del Salón de los Deportes, ante Jorge Alfredo “Torito” Plaza.
Giménez le dio tal paliza a Plaza que este cayó desvanecido en un rincón del cuadrilátero.
Rápido de reflejos, Pérez Scauso observó que el Torito tenía una herida y le aplicó un anticoagulante que terminó por salvarle la vida, antes que llegara la ambulancia que trasladó al perdedor del combate a la clínica.
Plaza estuvo internado toda una noche y lo recuerda también el Panadero López, quien manejaba la carrera de Rocky Giménez.
“Creo que si Tito no le daba ese anticoagulante, el Torito no llegaba a la clínica; le salvó la vida con acierto porque se dio cuenta enseguida”, destacó López.
Desde su presencia importante en la comisión de box, Pérez Scauso supo parar también varias peleas con astucia para no complicar la salud del boxeador. Y también supo hasta cuándo tenía que estirar un combate, más allá de la situación de un púgil. De hecho, fue muy recordada la noche en la que el Gringo Raúl Sena ganó el título provincial, el 10 de mayo de 1991, ante José Eugenio Tolosa.
Sena era un amplio dominador de la pelea, pero tenía el problema del corte fácil en sus arcos superciliares. Pérez Scauso lo sabía y, a pesar del sangrado que hacía más cruda la velada, cuando atendió al boxeador, el médico sabía que debía darle una chance más y dio el visto bueno para la continuidad del combate.
En las gradas, la gente también pedía lo mismo. “No la pare, doctor”, fue el cántico popular.
Al final el villamariense siguió con su sangre, pero sin perder su dominio hasta ganar en el octavo round para quedarse con el título.
En la crónica de una noche espectacular, El Diario tituló “No la pare, doctor”. Y la foto fue para Pérez Scauso, el médico comprometido con ese momento inolvidable del deporte doméstico.
