AFA / Aniversario inolvidable

El día del Cuervo y el Perro

Se cumplen hoy 25 años del San Lorenzo campeón del Bambino Veira, que se consagraba luego de más de dos décadas de sequía. Ballesteros simpatizó por esos colores gracias a la conquista histórica de su hijo, Javier “Perro” Arbarello
jueves, 25 de junio de 2020 · 08:49

Un día como hoy, pero hace 25 años, San Lorenzo de Almagro se abrazaba a la gloria inolvidable, en una jornada que también marcó para siempre a una localidad de la región: Ballesteros.

Es que un hijo de esa localidad se erigía como figura ineludible del fútbol argentino, entrando en la historia grande. ¿Su nombre? Una referencia de estos lares: Javier Arbarello, simplemente, el Perro.

"Ojalá sea nuestro año", escribió el DT Héctor "Bambino" Veira sobre una pizarra en un mensaje premonitorio para todo el pueblo de San Lorenzo antes del inicio del torneo Clausura 1995, un título que archivó la sequía más larga en la historia del club, inmersa dentro de su peor ciclo deportivo e institucional.

Una generación entera de "cuervos" ansiaba la vuelta olímpica que se negaba desde el Nacional 74, años antes de la debacle que desembocó en la pérdida del viejo estadio Gasómetro (1979) y el descenso a la Primera B (1981).

Superada la dura década del 80, en la que equipos como "Los Camboyanos" hicieron culto del espíritu de esfuerzo que demandaba el momento de la institución, San Lorenzo iniciaba una lenta recuperación en los 90 que se apreciaba con la mejora en la jerarquía de sus planteles y, especialmente, con la inauguración del Nuevo Gasómetro en el Bajo Flores hacia fines de 1993.

San Lorenzo comenzó su campaña en el Clausura 95 como subcampeón del fútbol argentino después de haber peleado el título con el River invicto del Tolo Américo Gallego, en el que destacaban el uruguayo Enzo Francescoli, Ariel Ortega y Hernán Crespo, entre otros.

El camino hacia la consagración comenzó con un empate de local ante Gimnasia, impensado rival en la pulseada por el campeonato, y continuó con un revés ante Argentinos Juniors en cancha de Ferro, lo que hizo suponer otro año cuesta arriba para los sanlorencistas.

Sin embargo, una racha de cuatro triunfos en cadena -dos de ellos ante Independiente y Racing Club en Avellaneda- recuperó la confianza de un equipo que volvía a mostrar las buenas señales del torneo anterior.

Oscar Ruggeri, que había llegado al club en 1994 para jugar el Mundial de Estados Unidos con la Selección Argentina, era el caudillo de un equipo que sobresalía por la calidad de su mediocampo, donde Fernando Galetto aportaba elegancia y claridad; Roberto "Diablo" Monserrat, profundidad y gol; Carlos Netto, despliegue y furibundo remate de media distancia y el brasileño Paulo Silas, distinción en la construcción del juego.

Dentro de la cancha, el talentoso futbolista de Campiñas, San Pablo, había heredado el trono de Néstor "Pipo" Gorosito con un currículum aún superior por haber jugado los mundiales de México 86 e Italia 90 con el seleccionado de su país.

Mientras, de a poco se erigía como imprescindible el Perro Arbarello, ese delantero rápido, que lastimaba con diagonales y osadía, la misma que forjó en Ballesteros, luego en Alumni y más tarde en Belgrano de Córdoba.

 

El envión y “el gol”

Tras vencer a Deportivo Español en la duodécima fecha, San Lorenzo desplazó a Gimnasia y llegó a la punta por primera vez en el torneo con siete partidos por jugar, entre ellos, los de la recta final ante Boca Juniors y Vélez Sarsfield, que ocupaban el cuarto y tercer lugar respectivamente.

El equipo del Bambino Veira sostuvo el primer puesto hasta la fecha 16, en la que sacó de carrera a Boca con una victoria por 2-1 en el Nuevo Gasómetro, un reducto clave para la conquista por su condición invicta. El Pampa Claudio Biaggio y El Perro Arbarello, que en ese lapso del torneo había relegado a otro goleador como El Gallego Esteban González, anotaron los tantos frente al Xeneize.

“Fue a Navarro Montoya y ese partido nos abrió una gran puerta”, contó luego Arbarello, en diálogo con El Diario, donde siguió relatando: “Entré en el segundo tiempo. Ibamos 0 a 0 y Boca nos atacaba, así que el Bambino dijo ‘vamos a poner un delantero rápido para salir de contra’. Lo sacó al Gallego y entré yo; al revés que en Rosario. La primera que tuve lo encaré a Arruabarrena, me hace foul y de ahí viene el centro de Silas para el primero del Pampa. Después Boca nos dejó espacio, así que cuando recibo me meto en el área, y cuando Fabbri va cerrando le tiro el pase al Bocha Batista. Pero la pelota le pega en el talón a Fabbri y me vuelve, queda dando vueltas como un trompo y yo que venía embalado le di. Podría haber ido a la tribuna, pero por suerte fue ahí”.

En la jornada siguiente, San Lorenzo visitó Liniers para jugar ante un Vélez dirigido por Carlos Bianchi, que mantenía la base del equipo campeón del mundo seis meses antes. La rivalidad latente entre el arquero paraguayo José Luis Félix Chilavert y Ruggeri le daban al partido un condimento especial.

El árbitro Javier Castrilli tuvo un protagonismo central, al anular un gol legítimo de Silas y sancionar un inexistente penal para Vélez que Oscar Passet le desvió a Roberto Trotta. Sobre el final, el Turu José Flores conectó un segundo cabezazo en el área y decretó la victoria del Fortín.

San Lorenzo perdió la punta a manos de Gimnasia y con un punto de distancia llegaron a la definición después de vencer respectivamente por 1-0 a Lanús y Ferro Carril Oeste en la penúltima fecha.

Veira asistió esa noche al programa Fútbol de Primera e hizo una arenga para que el pueblo "azulgrana" no perdiera las esperanzas del campeonato: "A la gente de San Lorenzo le digo que vaya a Rosario con fe, que esto no se terminó. San Lorenzo sabe que todo se ha hecho con sacrificio, se ha ido a la B, ha vuelto a Primera; antes no tenía estadio, ahora lo tiene; por eso quiero que vayan 25 mil, 30 mil personas a Rosario, en familia, con alegría".

Los hinchas asimilaron el mensaje y el domingo siguiente protagonizaron una impresionante caravana por la ruta 9. Además del colmar la cabecera visitante del Gigante de Arroyito, coparon parte de la platea local, detrás de los bancos de suplentes. Unas 30 mil personas asistieron a la cancha confiadas en el milagro.

“Salimos de Buenos Aires a las dos de la tarde y llegamos a Rosario a las seis. Cuando entramos al hotel ya era un mundo de gente alentándonos, porque al otro día nos íbamos a jugar todo lo que hoy estamos viviendo: la chance de salir campeones del fútbol argentino. Toda esa gente nos dio una fuerza tremenda”, contó Arbarello.

En un primer tiempo de pocas situaciones, la única emoción llegó desde La Plata con la noticia de que Independiente vencía a Gimnasia con gol de Javier Mazzoni. Como si faltara dramatismo, Netto falló un penal en el segundo tiempo pero el desahogo llegó a los 32 minutos cuando El Gallego  González, después de ingresar por Arbarello, conectó un cabezazo que desató el llanto del Bambino.

Sin novedades en el Bosque, faltaban unos minutos para el final del partido cuando Marcelo Tinelli, por entonces solo un influyente conductor de TV fanático del Ciclón, invadió el campo de juego junto a otros hinchas para el abrazo eterno con los jugadores responsables de acabar con 21 años de frustraciones.

En Ballesteros también hubo festejos. Arbarello había llegado a la cúspide del fútbol argentino.

El Perro reconoció que “ese campeonato nos marcó a todos porque para la gran mayoría era la primera vez y para muchos también fue la única”.

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