Fútbol / Primera parte / En la de mañana recordaremos a este personaje inolvidable

Carlos Horacio Salinas, balada para un “Loco”

Llegó a la ciudad en julio de 1984 y tuvo dos ciclos en Alumni, que tenía sus primeras experiencias en la Asociación Cordobesa de Fútbol. La primera etapa fue de 200 días, la segunda fueron 182, ambas separadas por un año, pero le alcanzaron para convertirse en ídolo y quedar en el corazón de todos
domingo, 31 de mayo de 2020 · 07:00

Escribe Gustavo Ferradans
De nuestra Redacción

Hay jugadores que quedan en la historia de un club, hasta del pueblo; abrazado al corazón de los hinchas y dejando recuerdos que ni el tiempo se anima a borrarlos.

Esta es la historia del “Loco”, que sin haber jugado la totalidad de los partidos, dejó una huella indeleble que se mantiene inolvidable, a pesar que ya pasaron más 35 años del día que llegó a Alumni.

El “Loco” es Carlos Horacio Salinas, un volante-delantero nacido en Tucumán, que llegó a Villa María con 28 años, una tarde de otoño, casi a fines de mayo, y se fue, la primera vez, cuando febrero andaba cerca, dejando un recuerdo y un cariño entre la gente que nadie más pudo igualar o imitar. Volvió al año siguiente y se quedó seis  meses más.

En sus dos etapas en Alumni se metió en el corazón de la gente, del hincha de Alumni y del que no, también. Logró una relación inigualable con los villamarienses, que nadie pudo semejar, y eso que, mucho después, pasaron jugadores de jerarquía, con pasado de selección y con títulos grandes en su palmarés. Pero nadie, nadie, pudo conseguir la idolatría que tuvo Carlos Horacio Salinas.

Seguramente él lo pudo explicar mejor que nadie: “Ballas y la Pepona Reinaldi son de acá. Pero tuvieron que estar afuera. Ellos (por los habitantes de Villa María) me tuvieron a la vuelta de su casa, charlaron conmigo a toda hora y a cada lugar que iba los tenía atrás. ¿Sabés qué lindo es todo eso?”, resumía el Loco. La frase la dijo durante la cena de su despedida en la primera etapa, el 8 de febrero de 1985.

Todo eso y mucho más generó el Loco. La gente de la región llamaba a El Diario o la radio (por entonces la única que existía era LV28) y consultaba ¿esta noche juega Salinas?, y por la noche, la Placita se llenaba como nunca. Podían ser 7, 8, hasta 10 mil personas siguiendo a un Alumni que hacía ruido en el fútbol de Córdoba, embrujado porque tenía un Loco rodando como una luna, aunque en lugar de Callao, eligió la esquina de San Juan y Sabatini.

Y hasta parecía escucharse antes de cada partido, que el Loco se ponía a cantar “Vola, vola conmigo ya: vení, quereme así piantao, piantao, piantao”. Aquel tango parecía describirlo casi perfecto.

 

Una de las clásicas formaciones de Alumni de ese año: Jorge Molina, Carlos Stobbia, Luis Cáceres, René Beltramo, Oscar Formía y Rubén Agonil (parados); Constantino Hiotidis, Raúl Gamarra, Henry Rapetti, Carlos Salinas y Aureliano Sánchez

 

Balada para Salinas

En su historial, Salinas arrastraba antecedentes que dejaban en claro el porqué de su mote y sobran las historias para reafirmarlo.

Integró el plantel de River de 1975, cuando el Millonario cortó una racha negativa de 18 años sin títulos; jugó pocos partidos y luego de unas cuantas “locuras” lo dejaron ir. Al día siguiente de un clásico con Boca (donde había cambiado camisetas con Marcelo Trobbiani), llegó al club a cobrar premios, “con la camiseta de Boca puesta”, caminando por el hall de ingreso del Monumental, como si nada, ante la mirada intranquila de Rafael Aragón Cabrera, presidente del club.

De ahí marchó a Chacarita, y en un partido ante Boca terminó a las trompadas con Suñé y Ribolzi. La pelea continuó en la calle al día siguiente. El Toto  Lorenzo, entendió que ése era jugador para Boca, capaz de todo para lograr un triunfo. Y en Boca lo adoraron, primero fue campeón de la segunda Libertadores en 78 y luego de la primera Copa Intercontinental. En aquella final marcó un gol de antología ante el Borussia Mönchengladbach, en un recordado 3 a 0, para meterse definitivamente en el corazón de los hinchas de Boca.

En un partido entre Peñarol-Boca, en Montevideo, cometió una falta y se fue expulsado. Caminó a los vestuarios, un hincha uruguayo no paraba de insultarlo y Salinas no tuvo mejor idea que sacarse un botín y arrojárselo.

Su “sangre caliente”, se hizo notar siempre, como el día que lo tomó del cuello al árbitro Abel Gnecco y le aplicaron 25 fechas de suspensión, ¡seis meses! Volvió y esta vez lo expulsó Teodoro Nitti y recibió 11 fechas más.

“Tucumano, a vos te voy a tener que pagar por partido jugado”, lo amenazó Alberto J. Armando, desde su sillón de presidente del club.

Luego marchó a Argentinos Juniors, como parte de la transferencia del pase de Maradona a Boca. “Justo me voy cuando llega el mejor”, se lamentaba en un reportaje. Y posteriormente se fue a Independiente Medellín de Colombia, donde no quedó bien con el técnico y no terminó su contrato.

Si algo lo caracterizó en todas esas etapas fue habilidad, su picardía, su entrega en cada equipo... y su temperamento. 

 

 

Y de repente

En Colombia tenía contrato por un año, pero a los seis meses se marchó a Estados Unidos, para jugar al fútbol sala, en un equipo de Miami, hasta que una tarde de fines mayo, se lo vio por Villa María con su imponente cupé BMW 323i color amarillo mayonesa. “Estoy visitando familiares de mi mujer”, le contó a El Diario. “Y por un tema comercial”.

Al día siguiente, inteligente con sus declaraciones, otra vez en El Diario, deslizó “me gustaría jugar en Alumni”. Horas después ya estaba conversando con el presidente Eduardo Rodríguez, y en una comisión que también estaban Daniel Esper y el Chango Valdemarín.

Tal vez, sin imaginarlo, “el Lalo” estaba a punto de generar una “revolución” para el fútbol local. Alumni acaba de marcharse a la Asociación Cordobesa de Fútbol, dejando una polémica enorme con la Liga Villamariense. Con la contratación de Salinas estaba marcando un antes y un después en la historia del club, y también del fútbol de la ciudad.

 

Alumni se va a Córdoba

En el último día de marzo de 1984, Alumni quedaba formalmente afiliado de la ACF, dando una vuelta de página a un conflicto con la Liga Villamariense que lo había sancionado con la desafiliación.

La entidad cordobesa en su resolución tuvo en cuenta sus antecedentes deportivos, los regionales de AFA jugado y su “reciente” presencia en el Torneo Internacional Amateur, realizado en Uruguay. La determinación se convertía en uno de los hechos deportivos de nuestra ciudad, más relevantes de esos tiempos.

Eduardo “Lalo” Rodríguez, presidente del club de “Villa Aurora” dijo por entonces: “Alumni no se va a Córdoba, sino que trae el fútbol de Córdoba a Villa María”, fue unos días antes que la entidad cumpliera medio siglo de existencia, el 4 de abril.

El día 5 de abril de 1984 se conoció el sorteo y también la incorporación a los torneos de Estudiantes de Río Cuarto. Alumni debutó el 1 de mayo ante Las Palmas (empató 0 a 0) y de local.

Se llevaban jugadas 5 fechas, la quinta con la derrota de local 2 a 0 ante Estudiantes de Río Cuarto (y en la sexta quedaba libre), cuando apareció el Loco por la ciudad, ése al que en “La Ciudadela” (su barrio en Tucumán) apodaban “Semillita”, el menor de nueve hermanos y de infancia humilde. Estaba tan fresco aquel gol ante los alemanes, que enseguida lo reconocieron los hinchas de Boca y los otros también. Y a ninguno le negó un abrazo.

El 29 de mayo comenzaron las tratativas con Alumni, que se dilataron un tiempo por el transfer internacional que se demoraba, aunque se pusieron de acuerdo casi enseguida.

Pasaron cuatro semanas hasta su debut, y el primer partido fue por la undécima fecha, el 6 de julio, ¡y ante Belgrano, en el Gigante de Alberdi! Curiosa paradoja en esta historia de amor que comenzaba. Justamente ese rival sería con el que empezaría y con el que escribiría la última página de su primera etapa un idilio que estaba recién surgiendo. Pero para ese cierre, todavía falta una gran parte de esta historia.

 

Ya en Alumni

El equipo que conducía Iván Miranda, alternaba buenos, regulares y malos encuentros en el Torneo Oficial de la ACF, pero nunca desentonó al rozarse con aquel nivel, que por entonces era muy superior al que mostraba la Liga Villamariense, y los hinchas empezaban a cuestionar algunas individualidades.

En ese territorio, Salinas, fue generando de a poco, una marca indeleble en la gente, en el fanático de Alumni y en el que se entusiasmaba yendo a cada partido, aun sin ser hincha.

Generaba cosas que ninguno antes había hecho. Era capaz de entrar a una confitería poco antes de un partido, y decir gritando “¿qué hacen acá que no van a la cancha?”, o andar tocando bocina con su auto y gritando, “vayan a la cancha, hoy juega Alumni”. O sentarse a tomar un café en L’Espoir o Clac, o en cualquier confitería de la ciudad, y cuando no había partido, ir a bailar a Templo o Jet-Set. O hasta de aceptar la invitación a un asado para juntarse con la gente. El Loco nunca ahorró en abrazos, devolviendo de igual manera, cada muestra de cariño. 

También la gente le aceptaba otras cosas, sin cuestionarlo. El chirrido de los neumáticos de su auto alemán en las madrugadas y hasta algunas historias que lo vinculaba con las drogas, son algunas de las cosas que muchos le perdonaban.

Un loco lindo que se brindó en la calle, a todos por igual, sin reparar en detalles, ni en colores. Y en la cancha, un pícaro y, muchas veces, un desobediente.

 

Su desempeño

En el primer torneo, Alumni no pudo encontrar su regularidad, pese a tener buenos desempeños y partidos para olvidar. En el Oficial de la Asociación Cordobesa de Fútbol, Alumni jugó 21 partidos (contando el desempate con Las Palmas) para clasificar a semifinales, que terminó en derrota.

Salinas debutó en el décimo partido de Alumni, en la fecha once (había quedado libre en la sexta fecha). En total jugó 10 partidos, estuvo ausente en 2. Hizo un solo gol y los expulsaron una vez.

Pero había mostrado destellos de su talento, de su picardía y experiencia. El equipo cuando él estaba no era el mismo, y según dicen, el vestuario tampoco. 

El Provincial 84 dejó recuerdos inolvidables, como el triunfo ante Belgrano, y su vuelta en el 86, la gran victoria ante Peñarol de Montevideo, pero eso se lo contamos en la edición de mañana.

 

“¡Paren las rotativas!”

“En un partido lo expulsan en Córdoba, por protestar que a Alumni le habían anulado mal dos goles. En ese encuentro hizo lo mismo que en aquel Boca-Huracán. Yo jugaba en la cuarta del “Globito” y lo miraba desde la tribuna. Fue y lo agarró del cuello al árbitro Gnecco, y le dieron 25 fechas. Esta vez, en Córdoba hizo lo mismo con el árbitro Paz, pero luego se quejó con los periodistas que los árbitros estaban todos comprados y salió en los diarios con letras grandes. Al final no lo suspendieron”, recuerda Constantino Hiotidis.

Queda en el recuerdo lo sucedido días después cuando se metió gritando a la Redacción de El Diario, ya casi sobre el cierre abrazando “a todo el mundo”, para contar la primicia: “Paren las rotativas, paren las rotativas, que a Salinas le levantaron la sanción y juega mañana”. Como si fuera un chico, y con la sonrisa pícara de siempre.

 

A solas con El Diario

El 15 de septiembre El Diario publica una larga entrevista escrita por el recordado periodista Raúl José, donde “el Loco” deja frases como éstas:

- “Alumni todavía no está preparado para un torneo de este tipo, es muy inocente. No está metido como un Belgrano, un Estudiantes o un Unión San Vicente. En este fútbol cordobés pasan muchas cosas raras con los árbitros y otras cosas”.

- “Ahora compite con equipos de jugadores profesionales. Por ejemplo, en este torneo cordobés no todo se gana dentro de la cancha, a veces pasan muchas cosas raras”.

- “El fútbol es puro pan y circo y debería ser más simple. Lo hacemos largo. Hay técnicos que ven el fútbol de una manera y otros de otra y lo hacemos muy difícil. También hay gente o técnicos que quieren inventar cosas que ya están inventadas”.

- “El jugador cuando se hace profesional tendría que dejar de leer todos los días Clarín y El Gráfico para mirarse en las fotos y entonces estudiar y prepararse para cuando deba dejar el fútbol. El jugador de fútbol de un equipo grande hace plata, fama y gana prestigio y se relaciona con mucha gente. Además puede ser tapa de El Gráfico. Pero si no está preparado para cuando deje el fútbol  se siente nadie por más que haya quedado con plata”.

- “Yo soy loco, pero no como vidrio”.

 

“Nos motivaba siempre”

Escribe Oscar “Cachi” Formía

El Loco fue increíble. Lo conocí un día en la oficina del Lalo Rodríguez. Entré y estaba ahí. ¿Lo conocés?, me dijo el Lalo. Fue una alegría bárbara.

Era un loco lindo. Nos motivaba siempre. Los sábados nos reuníamos antes del partido, él nos alentaba, contaba historias, chistes. Fue una experiencia increíble.

Creo que se metió a la gente en el bolsillo, a toda la ciudad. Se llenaba la Placita para verlo jugar. Para el club también fue muy importante. Fue inolvidable lo que hizo con San Vicente. Se puso la pelota en la cabeza y caminó como 15 metros. La gente deliraba.

Recuerdo que nos contaba de sus historias en Boca, con el Toto Lorenzo. A veces, nos levantamos en la concentración y me invitaba a desayunar a L’Espoir. Se portó rebién con nosotros y al equipo le sirvió mucho. Creo que con su presencia revolucionó todo.

 

“Hábil e inteligente”

Escribe Henry Rapetti

Fue una pieza emblemática, Alumni tenía un buen equipo, pero el broche de oro lo daba “el Loco”, que era muy carismático, afuera y dentro de la cancha.

No creo haber visto un jugador con sus condiciones. Era hábil, muy inteligente adentro de la cancha, y con la viveza del potrero. “El fútbol es para los vivos”, nos decía siempre. “No avives a un gil que matás tres vivos”, nos repetía.

Nosotros empezábamos a jugar el partido mucho antes de la charla técnica. En todos los años que jugué al fútbol, no me pasó eso. Ibamos y veníamos charlando del partido en cada viaje.

El “Nene” aplicaba el sacrificio en su estrategia, “el Loco” e Hiotidis jugaban más sueltos. Y él nos decía, o todos en la cama, o todos en el suelo. Lo relacionaba a su vida, a su infancia. El sacrificio era para todos.

Un personaje que le hizo mucho bien a Alumni, en lo deportivo. Un ser humano sensacional. Yo le admiraba la cara y nunca tenía los ojos quietos. Recuerdo otra jugada, el día que cruzó la mitad de cancha, recibió un pase y se sentó sobre la pelota. La gente deliraba en la tribuna.

 

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