Con el impulso de vecinos inmigrantes
Hace 138 años nacía Progreso, la primera institución deportiva
Fue el 25 de mayo de 1882, un día patrio cuando apenas habían pasado 15 años de la fundación de Villa María. Su primera sede estuvo ubicada en la calle Córdoba (hoy Hipólito Yrigoyen), aunque luego ocupó otros lugaresAllá por 1882, Villa María era una aldea pujante, impulsada por distintas obras y por hombres vinculados al ferrocarril, marcaron una época para esta población que cumplía sus primeros 15 años de existencia.
Para la ciudad, aquellos años de 1880 se convirtieron en “La década de los primeros”, como expresa un suplemento aniversario de la ciudad, publicada en El Diario. “...el primer puente, el primer periódico, el primer intendente, el primer banco, el primer transporte público, el primer club, el primer concierto, el primer mercado, las primeras luces y el primer escándalo”.
Precisamente un día como hoy, pero de 1882, un grupo de inmigrantes fundaba el primer club, en medio de las festividades por el “72º aniversario de la Revolución de Mayo”. En el salón de la sede, ornamentado con colores celestes y blancos, cantan el Himno Nacional Argentino y fundan el Club Progreso.
En el libro “Pioneros”, el historiador villamariense Bernardino Calvo, describe los “Orígenes deportivos de Villa María”. Luego de destacar que el primer deporte practicado en la ciudad fue la pelota paleta, introducido por inmigrantes vascos, y cuyo primer frontón se edificó en la esquina de Tucumán e Hipólito Yrigoyen, por entonces denominada Córdoba.
A pocos metros de ahí, en la cuadra comprendida entre Tucumán y Mendoza, frente a las vías del ferrocarril, surgió el Club Progreso, aunque luego tuvo otras sedes.
Calvo relata “…Villa María privilegiada hija del riel y nudo comunicacional ferroviario estratégico del interior argentino, en cuya urbe se desempeñaba personal jerárquico de origen británico, no tardó en incorporar el popular deporte del fútbol. Su práctica fue traída a tierras villamarienses por el personal inglés de los ferrocarriles, y particularmente, por mister O’Keeffe y otros jefes posteriores de la estación ferroviaria, personajes prestigiosos e influyentes de la comunidad y activos protagonistas de sus entidades sociales y deportivas fundacionales.
La primera institución de esas características fue el Club Progreso, surgido en 1882, y en ese ámbito se fomentaron las condiciones para el desenvolvimiento de diversas prácticas deportivas de las que participaron, fundamentalmente, los integrantes de las comunidades italiana y española, que se arraigaron en Villa María, y otros inmigrantes de diversas nacionalidades que contribuyeron a construir con sus esfuerzos este mojón de promesas y esperanza”.
Por su parte, el poeta e historiador Rubén Rüedi, en su libro “Historia de Villa María”, le brinda un dos páginas al Club Progreso describiendo la vida y costumbre de una aldea que crecía con el impulso de notables personalidades de la época.
Los inmigrantes, que buscaban su progreso personal y colectivo para echar raíces definitivas en estas tierras entendían que “Aquí estaban y aquí había que vivir. Y vivir también en regocijar el alma, consumir el tiempo en distendidas charlas entre amigos o esparcir las horas al compás de la música. La recreación era vital en aquel tiempo de tediosas jornadas laborales que desembocaban en las horas nocturnas con el silencio y la penumbra propia de un villorio perdido en la inmensidad de la llanura”.
“La idea vino de lejos y lo trajo de un irlandés, Francisco O’Keeffe. Fue en el día de la Patria cuando el gran baile en honor a la argentinidad inició las actividades del primer club del pueblo. No podía tener un nombre más oportuno: Progreso. Ese era el derrotero y casi la obsesión de los habitantes más pujantes”.
Rüedi cuenta también: “Aquel 25 de mayo de 1882 todo era celeste y blando; aunque el acento de los principales protagonistas no fuera precisamente de esta tierra. Pero el día elegido para la inauguración del Club Progreso tenía como sentido la convergencia de las diversas nacionalidades que conformaban la comarca en la unción de la fecha más importante que celebraba la patria que los cobijaba.
“El club nació por iniciativa de O’keeffe, por entonces jefe de la estación ferroviaria. Su primer presidente fue el inglés Julio Brián, también funcionario del ferrocarril y su primer vicepresidente el italiano Alejandro Voglino”, destaca el recordado historiador y poeta.
Voglino fue un activo protagonista de esos tiempos, Era un ingeniero electricista recibido en la Universidad de Génova, que se radicó en Villa María para trabajar en la estación cablegráfica local. Fue jefe de la sección “Argentina” del telégrafo que logró conectarse, en 1870 con Valparaíso (Chile).
Rüedi agrega también “El Progreso fue el espacio excluyente de la vida social y cultural de la comarca en las últimas dos décadas del siglo XIX. Allí se tomaban las decisiones más importantes de la vida comunitaria; así como también se realizaban los bailes y tenían lugar distintas expresiones culturales. Primero funcionó en la calle Córdoba (actual Hipólito Yrigoyen, entre Tucumán y Mendoza), luego frente a la Plaza del Este (N. de la R.: hoy Independencia) y finalmente otra vez en calle Córdoba, frente a la estación ferroviaria, donde fue asesinado Joaquín Pereira y Domínguez”.
Finalmente explica: “Las más distinguidas familias de la aldea concurrían a los bailes que allí se celebraban y que comenzaban puntualmente a las diez de la noche, cuando el pianista de turno arrancaba con una mazurca, como lo cuenta el periódico El Sol. Sin embargo, lo que más atraía a la concurrencia eran los espectáculos protagonizados por prestidigitadores.
En 1885, se hizo cargo de la presidencia del club otro inglés: Juan Jones”.
Pasaron 138 años de la inauguración del primer club villamariense que marcó el camino para el surgimiento de otras entidades deportivas que aparecieron en las décadas siguientes, muchas de ellas vinculadas en sus orígenes a los trabajadores del ferrocarril, como lo fue el Club Progreso.
Fuentes: Archivo de El Diario y publicaciones de los historiadores Bernardino Calvo y Rubén Rüedi.
