BOXEO

Jorge Ormazábal, el villamariense que peleó con Oscar Bonavena

Hoy vive en Martínez (Buenos Aires) y no llegó a ser profesional, pero fue sparring de varias figuras de nuestro boxeo. Con “Ringo” hizo dos exhibiciones en la Sociedad Rural y en Montevideo
domingo, 19 de abril de 2020 · 09:23

Escribe Gustavo Ferradans

Una foto inédita. La primera de las exhibiciones entre Bonavena y el villamariense, en la Sociedad Rural

Hoy tiene 66 años, está casado, tiene dos hijos y vive en Martínez (Provincia de Buenos Aires), pero su paso por el boxeo, más allá de no haber sido profesional, dejó varios recuerdos para la historia de ese deporte a nivel local.

 Un recorte de una  publicación local que informaba sobre la pelea entre Ormazábal y Bonavena

Jorge Domingo Ormazábal, más conocido como el Vasco, nació en Villa María, el 10 de junio de 1953, y siendo adolescente se radicó con su familia en Buenos Aires, donde comenzó a ir al gimnasio del Luna Park para practicar boxeo, y llegó a hacer varias exhibiciones con Oscar Natalio “Ringo” Bonavena, seguramente el único villamariense en haber estado frente a frente, con los guantes puestos ante uno de los más importantes púgiles de la historia de nuestro país.

El Vasco hizo la primaria y los primeros años del secundario en el Instituto Trinitarios, “en tiempos que el director era el padre José María Iturbe, luego me fui a Buenos Aires. Vivía en la calle José Ingenieros, entre Catamarca y San Juan”, contó Ormazábal en diálogo con El Diario.

“En Buenos Aires empecé a ir al gimnasio del Luna Park, donde estaba como técnico Juan Antonio Aldrovandi, que había sido entrenador de Horacio Accavallo. Eran tiempos en que en Villa María sobresalía Humberto Ghiotti, y el Gringo Beletti, que era de Tío Pujio y entrenaba en el gimnasio Atlas. Ghiotti era muy buena persona, lo recuerdo siempre con su poncho y su moto. Era muy bueno con las manos”.

“Empezó a entrenarme despacio, porque yo quería llevarme a todos por delante. El con sus nuevos pupilos se fijaba mucho como avanzaba y si retrocedía mucho, enseguida le decía “dedicate a otra cosa”. Ahí empecé, con chicos de mi edad”, contó Ormazábal.

Su importante contextura física, 1,90 m de estatura y 98 kilos de peso, no pasó desapercibida para muchos dentro del gimnasio del Luna, en tiempos donde el boxeo nacional brillaba en el mundo, con varios campeones en épocas donde solo existía una entidad.

“Empecé a pelear en clubes de Buenos Aires, pero en Villa María no lo hice nunca. Recuerdo que en algún viaje a mi ciudad dos amigos, Hugo y Miguel Valinotto, me dijeron “¿mirá si peleás con Bonavena?”, y finalmente se produjo, tiempo después durante un par de exhibiciones”, relató. 

“No llegué a ser profesional, había que tener muchas peleas y en algunos casos, los que eran sparring, terminaban gastados y dejando el boxeo antes de ser profesionales. No era fácil en esos tiempos, pero hice guantes con los mejores”, agregó.

Otro recuerdo que surge en la entrevista es sobre los protagonistas de esos tiempos que entrenaban en el Luna Park. “Otros con los que hicimos guantes es Pedro Lovell, hijo de Alberto Lovell, otro gran boxeador. Gracias a eso me gané unos cuantos dólares (se ríe al contarlo). A Pedro algunos lo recordarán porque es el argentino que participa en la película Rocky I y que hace la primera pelea con Sylvester Stallone, que personificaba a Rocky Balboa”, recordó.

“Hice varias peleas como amateur, pero dejé el boxeo en 1975, cuando conocí a mi esposa, con la que me casé en 1979”, destacó.

 

Repleto de figuras

“En aquel gimnasio entrenaban Carlos Monzón, Víctor Galíndez, Miguel Castellini, Miguel Angel Cuello, que después fueron todos campeones del mundo”, rememoró el villamariense. 

“En el gimnasio del Luna Park hice guantes con varios más. Entre otros con Avenamar Peralta que fue rival de Galíndez y luego emigró a España”, contó el Vasco y agregó: “Eran todos duros. También fui sparring de Galíndez, antes de que fuera campeón del mundo e hice guantes con Miguel Angel Cuello, que eran de una categoría más chica. Cuello era un toro y cuando te pegaba te hacía temblar todo”, destacó.

 

Aparece Ringo

“Un día aparece por el gimnasio del Luna el mismo Bonavena, que era mi ídolo. Fueron los hermanos Rago, entrenadores de Ringo, los que hablaron con mi entrenador para que yo hiciera guantes con él”, recordó el exboxeador villamariense.

Ormazábal hizo un par de exhibiciones junto a Bonavena, la primera en la Sociedad Rural, en Buenos Aires, al aire libre y la segunda en Montevideo, Uruguay. En esta estuvieron los medios más importantes y El País y La Mañana de aquella capital elogiaron al villamariense y fue el 3 de mayo de 1973. Ringo realizó exhibiciones con dos rivales diferentes, pero en la crónica del diario El País  definía al villamariense como “el rival ‘serio’ de la velada”. Esta segunda presentación también fue publicada por el diario Noticias, de nuestra ciudad.

Al respecto, el Vasco recordó que “fueron un par de exhibiciones, pero eran peleas donde ninguno ahorraba golpes. En la primera, que se realizó en La Rural, me hizo un reportaje Pichuqui Mendizábal para Canal 11 (hoy Telefe), Hasta me regaló una copia de aquella exhibición que luego se me perdió”, señaló.

“La de Uruguay fue en el Club Peñarol y fue más fuerte que la primera. Salí fuerte al combate, que fue muy duro. Ringo era muy simpático, muy buena persona, nos hicimos amigos. Igual arriba se terminaban las amistades. Estaban claros los roles, él era la figura”, comentó.

En relación a su vida personal destacó que “trabajé muchos años junto a su suegro, en una fundición de su propiedad. Hoy estoy jubilado y sigo disfrutando del boxeo por televisión o por YouTube donde veo peleas viejas. Me gustan las de Muhammad Alí, y las de Evander Holyfield. Alí fue el mejor de todos y pude conocerlo en un viaje que hizo a Buenos Aires.

Cuenta, además, que hace un tiempo superó un serio problema de salud, “gracias a mi esposa que es médica” y no deja de recordar “a mucha gente de Villa María, entre ellos el padre de Miguel Sponer, Cavagliato y a un amigo como Oscar Soria”.

“El papá de Miguel Sponer, que trabajaba en el Banco de Italia, en la esquina de mi casa de la infancia. Una gran persona que siempre te daba una mano. Y Héctor Cavagliato, que me bochaba siempre cuando era mi profesor de Contabilidad, hasta tuve ganas de pelearlo; pero luego fui un agradecido. Siempre me hacía notas, la verdad que me sorprendió. También otros amigos, como el ‘Gordo’ Oscar Soria”.

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