Turf
Hugo Ortiz, el villamariense que cuidaba los caballos de Maradona
Es uno de los cuidadores locales más conocidos. Durante varios años de la década del 90 cuidó un par de caballos que fueron del inolvidable crack, que se hospedaban en el Hipódromo localEscribe Gustavo Ferradans
Ahora que Diego Armando Maradona ya es leyenda, resurgieron cientos de historias que lo tuvieron como protagonista. Una de ellas fue su amor por los caballos, a tal punto que tuvo varios caballos de carrera y algunos de ellos fueron cuidados en el Hipódromo de nuestra ciudad por Hugo Ortiz.
Para Diego, el caballo era el animal más hermoso y desde su infancia en Villa Fiorito se ilusionaba con tener uno. De pequeño acompañaba a un tío que vendía carbón y se deslumbraba con ese potro, al que llamó, alguna vez en algunas entrevistas, “grandote y patón de carro”.
Algunos recuerdan que durante su boda con Claudia Villafañe, realizada en el Luna Park en 1989, uno de los regalos más extravagantes que recibió fue la mitad de una potranca nacida en la cuna de Yatasto, para muchos uno de los mejores purasangre de la historia del turf.
La potranca fue bautizada Dalma Nerea, como su primera hija, y de esta manera Diego se insertó en el mundo hípico durante más de una década. La otra mitad de esta alazana quedó en poder de su criador, Héctor Del Piano, y sólo corrió una carrera en abril de 1991. Lo hizo tan mal que fue destinada a la reproducción. Así tuvo cinco crías, todos machos a los que bautizaron: Diegol (un auto-homenaje usando uno de los tantos apodos que recibió), NOB, Nico, Guillote y Cani.
Hugo Daniel Ortiz dialogó con El Diario y contó su experiencia cuidando dos de los caballos que fueron propiedad de Maradona.
Hugo es el mayor de siete hermanos que son sinónimo de turf. “Yo soy el mayor, pero también están Jacinto y Facundo”.
“Fui Jockey hasta el 90, aproximadamente, pero producto de un accidente en junio de 1984 no pude seguir. Veníamos desde Buenos Aires y chocamos contra un camión. En el accidente murieron Rogelio Tavecchio y Nelso Calderón. Otro que venía en el auto era el exsenador José María Parola. Me tuvieron que poner un platino en la pierna y ya se hizo difícil volver a mi nivel”, relató.
Con 58 años, casado, una hija y una nieta, Hugo Ortiz recordó que “mi mamá quedó viuda muy joven y yo tuve que ayudar en la casa. Empecé muy chico a cuidar caballos, tenía 12 años, primero trabajando de peón. Luego del accidente corrí un tiempo más y desde el 91, con 30 años, me dediqué a cuidar”.
“Nuestro laburo es como el tambo, con lluvia, feriado, hay que atender los caballos. A algunos todavía los vareo, los que son más mansos. Otros, los más jodidos, lo montan otros chicos o mi hermano Jacinto. He cuidado caballos toda mi vida”.
Sobre su vínculo con el Stud La Bombonera recordó que “fue entre el 93 y el 95, más o menos. Le cuidaba dos caballos. Uno estuvo un tiempo, corrió algunas carreras y luego se lo llevaron a Buenos Aires. Era medio matungo y se llamaba San Dicier. El otro se llamaba Androide, ese era un pingo, y con el tiempo fue comprado por mi patrón Eldo Tápero, que era dueño de Amptra. A él le cuidaba sus caballos. Llegué a cuidarle unos 25 y ganamos todos los clásicos. Estos caballos los teníamos acá en el Stud El Peloncho, pero pertenecían a La Bombonera”.
La relación llegó porque “Tápero era muy amigo de Marcos Franchi, que era representante de Maradona en esos años, y de Ignacio Correas, un cuidador que estaba en el Stud La Bombonera cuidando otros caballos de Diego; ahora sigue su carrera en Estados Unidos”.
“Marcos Franchi venía seguido en esos tiempos. Hay una historia particular con Androide; al tiempo que lo compra Tápero, gana un clásico en Córdoba y lo corrió Facundo, mi hermano, que es considerado el ‘Maradona’ del turf local, porque ganó en todos lados. Aquel día, Franchi estaba en Córdoba porque Boca jugaba contra Talleres y la cancha está cerquita del hipódromo. Se hizo una escapada y el caballo ganó, pero ya no era de Diego. Ya por entonces Tápero se lo había comprado a Diego”, contó.
Ortiz relató también que “en otra oportunidad, llevamos un caballo, Yimou, que era de Tápero, a correr a Buenos Aires y perdimos por un hocico con un caballo que se llamaba Diegol, y era de Maradona. Nos ganó por muy poco”.
“A Diego nunca lo conocí. Sí a Franchi, con el que hablaba seguido. Hicimos una amistad con Correas y Franchi, traíamos y llevábamos caballos permanentemente. Eran de él, pero los cuidábamos acá. Recuerdo que a la primera potranca que le regalaron a Diego le puso el nombre de su hija mayor, Dalma Nerea, pero salió media matunga”, aseguró Ortiz.
“Yo le cuidé un tiempo los caballos en Villa María, a los otros los cuidaron Ignacio Correas y Jorge Mayansky Neer, y de eso se encargaban el suegro, Coco Villafañe, y Marcos Franchi”, destacó el cuidador.
Aproximadamente desde 2001 en adelante, Maradona no volvió a tener caballos, pero siempre volvió a los hipódromos, entre ellos el de Meydan, el último construido en Dubái, en tiempos en que vivió en aquel emirato.
Algunos de los caballos que tuvo Diego Maradona
El stud que tuvo Diego Maradona se llamaba La Bombonera y los colores que lo identificaban eran la chaqueta azul con brazaletes y gorra amarilla.
El que más alegrías le dio fue Diegol (cinco triunfos en Palermo y uno en San Isidro, en el Gran Premio Joaquín V. González, en 1997).
Tuvo otro de distinta línea sanguínea al que bautizó Midri (cuatro victorias, una en San Isidro y tres en Palermo), que solía tener la monta de Jorge Valdivieso.
Otros que formaron parte de su stud fueron:
Persuasivo Fitz (ganó tres en San Isidro y otra en Palermo, y luego lo vendió a los Emiratos Arabes), Muy Enamorada (dos triunfos) y Nico (dos victorias en La Plata).
NOB (por el recuerdo de su paso por Newell’s): nunca ganó; mientras que Guillote (en homenaje a Guillermo Cóppola) y Cani (por Claudio Paul Caniggia) nunca corrieron.
También tuvo a Genioan, Lechuzón, Punk Style, Míster Cuadro, Dalgian y Babour.
Entre todos corrieron 101 carreras, ganaron 18 veces y acumularon premios por 194.869 pesos de esa época.
En Buenos Aires los cuidadores fueron Ignacio Correas (h) y Jorge Mayansky Neer.
