Semblanzas
El poder de detener el tiempo
Escribe Daniel Rodríguez De nuestra Redacción
Tal como el país se detuvo y rompió en llanto aquel 29 de junio de 1986 mientras el Diego levantaba la Copa del Mundo en el Estadio Azteca, ayer la Argentina toda quedó helada, en pausa, esperando que no sea cierto, que sea una falsa noticia.
Ante lo inevitable, las lágrimas ahora fueron otras, fueron distintas. El llanto, todavía incrédulo, fue lo que terminó diciendo todo ante la imposibilidad de manifestar en palabras aquello que hizo hervir y helar la sangre al mismo tiempo.
En honor a la memoria colectiva, y sabiendo que es el Día Más Triste de la Historia del Fútbol Mundial (así, con mayúsculas), nadie olvidará qué estaba haciendo al momento de enterarse de este nuevo capítulo en la historia del astro futbolístico. Y hablamos de un capítulo más porque no hay final, no hay obras completas en la existencia de este artista.
Como en el principio, el Diez sigue y seguirá en ascenso; elevándose desde el barro y del potrero, tal como aquellos dioses griegos de antiguas epopeyas. Maradona seguirá alimentando su mito, tal como lo hizo en vida. Se trata de alguien que dejó de existir para volverse inmortal.
Hijo del barrio, de calles sin asfalto y con tobillos llenos de tierra, Pelusa terminó tocando el cielo con las manos y también pudo tenerlo en su puño (el mismo que le metió a Peter Shilton).
Desde el Olimpo, aprovechó la visibilidad que le dio el deporte para enfrentarse al poder en búsqueda de la justicia social. Porque también habló de política o del rol del Vaticano. Siempre visceral, con esa honestidad brutal que muchos amábamos y que a otros tantos les molestaba.
Fue una leyenda repleta de humanidad, y el hecho de ser semejante a nosotros es lo que también lo llenó de contradicciones porque de carne somos y no cambiamos, pero tampoco somos los mismos todo el tiempo.
¿Para qué hablar de su juego si todos lo hemos visto de una forma u otra?, ¿para qué recordar aquel gol que hasta el día de hoy nos emociona?
¿Dónde se lo puede despedir?, ¿adónde se lo puede llorar y homenajear a quien nos dio tanta felicidad?
En cualquier parte, si el Diego está en todos lados.
