Liga Villamariense - Torneo Apertura

Apostillas de la primera final

Cuestión de pasión: tal como le adelantó a El Diario Lautaro Peretti, el joven cabralense que hace pocos días entrenó con un integrante de Los Murciélagos (la selección argentina de fútbol para ciegos), estuvo presente en el estadio alentando a su amado Colón. Siguió los 90 minutos pegado al alambrado y emocionándose con los cantos de su hinchada.

Amplia convocatoria: 800 personas, aproximadamente estuvieron en el estadio Socios Fundadores. Ni el frío ni la llovizna esporádica fueron un impedimento.

Seguridad: los uniformados fueron una postal llamativa de la primera final. Veinticinco efectivos, aproximadamente, estuvieron custodiando el perímetro del estadio que fue escenario de la primera batalla.

Bufé poderoso: los rojinegros supieron armarse bien para recibir a la gran cantidad de hinchas. Además del clásico chori, hubo empanadas y hasta un espacio con café, torta, alfajores y pochoclos.

Merchandising: como suele suceder en cada final local, en las inmediaciones a los accesos a los estadios hubo gente con banderas, gorros, gorras y bufandas con los colores típicos de cada club.

Desde afuera: arriba de una cosechadora en desuso, algún acoplado de camión o el techo de una casa... Muchos vieron el encuentro sin abonar. De la forma que sea, nadie se lo quería perder.

Prensa con problemas: ya desde un inicio el árbitro cordobés Jonathan Correa incomodó la labor periodística. Primero, impidiendo la libertad con la que siempre se manejan quienes cubren, domingo a domingo, los encuentros de la Liga, ya que no quiso que nadie estuviera dentro del campo de juego. Sumado a eso, varios reporteros gráficos fueron desplazados a espacios notoriamente dificultosos para llevar adelante su labor.

 

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