Argentina se mete en semis de la Copa y lo espera Brasil
Superó con actitud y contundencia 2 a 0 a Venezuela en un Maracaná teñido de camisetas celestes y blancas para meterse entre los cuatro mejores de Sudamérica, donde definirá el pasaje a la final nada menos que contra el país organizador. El equipo tuvo su desahogo y mantiene viva su ilusiónEscribe Federico Jelic
Especial para El Diario
El regreso de Argentina al Maracaná fue con una sonrisa, no como para curar las heridas del pasado y la final perdida a manos de Alemania en Brasil 2014, pero lo mismo disfrutó por todo lo que le venía sucediendo al equipo. Se metió en semifinales de la Copa América al derrotar 2 a 0 a la emergente Venezuela y de esta forma ahora tendrá que verse las caras con el máximo favorito y a la vez anfitrión, Brasil, el martes en Belo Horizonte.
Un desahogo, una bocanada de aire fresco, un festejo medido pero cautivante tuvieron los jugadores en ese romance que siempre contagia a la gente desde las tribunas, que fieles otra vez coparon el Maracaná y alentaron sin parar, como lo hicieron en la semana en las calles de Río de Janeiro. El banderazo fue una muestra de amor estimulante, un festejo que invita a creer aunque enfrente figure nada menos que el verdugo de las últimas definiciones.
Con más actitud que otra cosa, a puro empuje, Argentina consiguió desenredar el nudo que tanto ajustaba. De la mano de su hombre más activo y peligroso, Lautaro Martínez a los 10 minutos, desviando un remate de ergio Agüero tras un córner. Iban minutos, el elenco de Scaloni fue intenso como nunca se lo vio en toda la copa. Quizás fue el entusiasmo de jugar en el mítico Maracaná o el haberse quitado la mochila de plomo de la clasificación en la olvidable primera fase.
Una vez en ventaja, la cuestión a resolver era el tan frágil equilibrio. En ese contexto, Machis no fue una pesadilla pero sí la alarma fundamental de Venezuela por izquierda, enfrentando a un Juan Foyth que sobre la marcha se acostumbró por obligación a ser lateral derecho ante las carencias generales del equipo.
Lautaro (Martínez) siguió siendo el encendido, corriendo todas las pelotas y sin dar nada por perdido.
Fue la llama, el corazón que contagió al resto, con esas actuaciones que consagran sobre todo en un equipo que sigue ladrillo a ladrillo en formación, incluso con la competencia ya comenzada.
¿Y Lionel Messi? No estuvo ausente pero sí disperso, sin participaciones, y solo sobresaliendo con toques de primera y habilitando. Su habitual explosión no alcanzó para desnivelar ante el mar de piernas que proponían los venezolanos y tampoco con ingenio suficiente como para salir de ese laberinto.
La tesitura no se modificó en el segundo tiempo y eso que tuvo Argentina dos opciones como para anotar, de contragolpe. Gran pase de Leandro Paredes que no pudo capitalizar y con espacios Martínez y después retrocedió en el campo de juego. De hecho Armani se vistió de héroe, cada vez más parecido al que ataja en River, tapando primero un remate de Ronald Hernández y después descolgando cada centro.
Esta vez Argentina no necesitó de Messi, quizás en su partido más flojo. Fue controlado y sus habituales arrestos individuales no contienen la explosión de antes. De hecho Argentina liquida el pleito con una corajeada sin pensar de De Paul, un remate de Agüero como opción de descarte y el rebote capitalizado por Lo Celso, con sabor a revancha.
No hubo mucho más, ya el festejo desde las tribunas era inmenso, comenzando a palpitar el gran duelo del martes en Belo Horizonte. Una final anticipada en la Copa, con puntos altos como Armani, Tagliafico, Paredes y fundamentalmente con Lautaro Martínez. Messi aún no apareció en su esplendor. Con Brasil es otra historia, el combinado nacional va de punto pero en estos derbys con historia, cualquier cosa puede suceder. Y a eso se aferran los 20 mil argentinos, con ilusión intacta, a pesar de que su juego no brilla y que por delante tenga al gran monstruo.
