Nuestros años felices

lunes, 29 de abril de 2019 · 00:00
Apertura - 7ma. fecha - Zona Sur En un clásico vibrante, Rivadavia, que revirtió dos veces el marcador, terminó derrotando por 3-2 a Colón como local y extendió así a ocho la racha de partidos sin perder ante el Rojinegro Escribe: Federico Gazzoli Fotos: César Carballo Más allá de que para esta temporada sufrió un importante recambio en su plantel, que hasta incluyó la llegada de un nuevo entrenador, Rivadavia se aferró a su actual costumbre de festejar en el clásico frente a Colón y ayer, luego de ir perdiendo en dos oportunidades, dio una gran muestra de carácter para dar vuelta la historia y terminar derrotando por 3 a 2 a Colón, equipo al cual el derby de Arroyo Cabral se le transformó en un karma del que no logra salir triunfal desde hace ocho partidos. Comenzó más incisivo la tarde el elenco de Leonardo Comba y en el primer cuarto de hora obligó a intervenir en un par de oportunidades al joven arquero Marenco, quien tuvo la responsabilidad de suplantar a Berardo (expulsado el pasado domingo) y cumplió con creces. Iban 5’ cuando el portero del Verde desvió hacia el córner un tiro libre ejecutado por Barrionuevo y a los 15’, retrocediendo sobre sus pasos, el uno cacheteó el balón para mandarlo a un nuevo saque de esquina tras un remate de Luque. Tras un buen arranque, a los 18’, la tercera sería la vencida para el Rojinegro; a la salida de una pelota parada, Alvarez mandó centro desde la izquierda, Martino rechazó de cabeza cerca del punto penal y en cercanías de la medialuna, teniendo todo el tiempo disponible para levantar la cabeza y elegir donde poner la pelota, Luque sacó un derechazo letal que se metió a media altura contra el palo izquierdo y significó el 1 a 0. El dueño de casa se sintió golpeado en su orgullo y rápidamente salió a buscar el empate. A los 26’ Gozzerino estrelló un tiro libre desde larga distancia en el travesaño y en la siguiente, a la media hora de juego, llegó la igualdad. El propio Gozzerino remató ahora en forma de centro desde la derecha, Bustos la mató de pecho en las puertas del área, giró y metió un derechazo letal que se clavó contra el parante izquierdo y se transformó en el 1 a 1. Un arranque más que emotivo del clásico cabralense, que no mermaría en emociones cuando a los 33’, luego de una interesante serie de toques en el mediocampo, Giraudo habilitó a Barrionuevo, quien se coló entre los centrales con pelota dominada y cara a cara con Marenco definió de derecha por abajo del uno para poner a Colón nuevamente en ventaja (2 a 1). Parecía ser la reivindicación del mejor arranque que la visita tuvo en la tarde, pero los de Comba volvieron a fallar 3’ más tarde, cuando Bustos entró al área y fue derribado por Alvarez, por lo que Carlos Guzmán pitó penal para el dueño de casa. Desde los doce pasos fue Gozzerino, pero en el afán de asegurar su disparo mandó la pelota por arriba del travesaño. Quizás Colón sintió que la suerte estaría de su lado como hace tanto no lo estaba en los clásicos, pero no tuvo en cuenta que Gozzerino se quedó con la sangre en el ojo por el penal desperdiciado y le dio todas las libertades para que, tras recibir la pelota a 25 metros del arco y libre de marcas, metiera un soberbio derechazo que hizo inútil una espectacular volada de Peretti, que nada pudo hacer para evitar que el esférico se le metiera contra el poste izquierdo y se transformara en el 2 a 2. Por las constantes emociones que regaló el partido hasta ese momento, el primer tiempo se pasó “volando” y antes del final pudo ponerse por tercera vez en ganador Colón, pero Javier Demarchi despejó sobre la línea un cabezazo de Luppo.   Olfato de Diablo En el inicio del complemento no fue ni por asomo lo vibrante que había sido la primera parte. Colón no podía asegurarse el dominio de la pelota y Rivadavia cuando tuvo el balón no supo qué hacer con él, haciendo que el partido pase a ser por momentos demasiado monótono. Hasta que a los 19’, cuando Colón empezó a buscar desesperado, pero sin claridad, esa victoria que tanto necesitaba para cortar la racha adversa de los últimos tiempos, se desordenó en la zona defensa y lo pagó carísimo, porque le dio toda la libertad para quebrar la paridad a un goleador de la talla de Bendazzi; tras un tiro libre que Gozzerino impulsó desde atrás de la mitad de la cancha, el Diablo amortiguó el balón con el pecho en la puerta de área y, con gran categoría, remató con la cara externa del pie derecho una pelota que entró contra el palo derecho (otra vez Peretti no llegó), para poner a Rivadavia en ventaja (3 a 2) por primera vez en la tarde. Ese gol mató anímicamente a Colón, al que comenzó a pesarle la mochila de los últimos clásicos perdidos y nunca más pudo volver a ser un equipo inquietante en la fas ofensiva, ni siquiera con los ingresos de Brusa y de “Suruno” Fernández, el único que hizo algo para intentar el empate, a los 34’, con un derechazo desde media distancia que se estrelló en el palo izquierdo. En los minutos finales, con el Rojinegro jugado en territorio contrario para conseguir un agónico empate, Rivadavia tuvo algunas contras a disposición, pero ninguna fue resuelta con acierto y así llegó el final con el 3 a 2 para los dueños de casa. Así, como viene pasando hace ya varios partidos, Arroyo Cabral volvió a teñirse de verde y, más allá de la importancia de festejar en el clásico, los de Jorge “Chacho” Peñaloza celebraron con doble satisfacción, ya que con los tres puntos cerraron la primera rueda de la etapa clasificatoria liderando la Zona Sur.